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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

00_Buenaventura, la Trinidad y las Nueve Ciencias

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

A ver, imaginemos por un momento un mundo donde la magia no es cosa de cuentos, sino una ciencia. Y una ciencia seria es estudiada con el mismo rigor que las mismísimas matemáticas. Pues bien, hoy nos vamos de viaje directos al siglo XI para meternos en la cabeza de un filósofo que veía el universo de una forma, bueno, de una forma que nos va a volar la cabeza. Venga, vamos a empezar con una pregunta que de entrada choca con todo lo que damos por sentado. ¿Podría la magia ser una ciencia? A ver, sé lo que muchos estarán pensando, pero antes de descartarlo de plano, pensemos una cosa. Para algunas de las mentes más brillantes de la historia, esta pregunta no era ninguna tontería para nada. Y aquí, aquí es donde empieza lo bueno. Para un tipo llamado Buenaventura, que lo ojo era uno de los filósofos más importantes de la Edad Media, la respuesta era un sí, pero un sí rotundo. Y no es que lo dijera y ya está, no, no, él construyó todo un sistema de conocimiento solo para demostrarlo, casi nada. Así que vamos a meternos a Detectives y a resolver este enigma. Nuestro protagonista, Buenaventura, que además de filósofo era un seguidor brillante de San Francisco de Asís, hizo algo que hoy nos parece impensable. Cogió y metió la magia así, tal cual en su clasificación oficial de las ciencias. Y claro, la pregunta del millón es, "¿Pero, ¿cómo? ¿Cómo es posible?" Vale, primera pista para resolver este misterio y es un concepto que de verdad lo cambia todo. Para Buenaventura, cualquier idea, cualquier descubrimiento, da igual si es el más simple o el más complejo, no nace en nuestra mente, no. Proviene de una única y poderosísima fuente divina. A ver, para que nos hagamos una idea, nuestra mente no es como una bombilla que se enciende sola. Qué va. Según Buenaventura, es más bien un espejo, un espejo que refleja una luz divina inmensa. O sea, que cada idea que se nos ocurre, cada cosa que aprendemos es en realidad solo un destello de esa luz superior. Pero ojo que esta luz divina no es un caos, no es un foco que alumbra a lo loco, para nada. Se manifiesta de una forma superorganizada en tres grandes áreas de la filosofía. Por un lado, el lenguaje que usamos. Por otro, la naturaleza que nos rodea y, finalmente, nuestra propia conducta. Pensemos en ellos como tres rayos de luz perfectamente definidos, que salen todos del mismo sitio. Y aquí viene la segunda pista, que es, bueno, es que es la clave de todo el asunto, el número tres. Esto no es casualidad, ¿eh? Para Buenaventura, el tres es como el código secreto del universo. Es el patrón que lo organiza absolutamente todo. Todo, desde las estrellas en el cielo hasta el último de nuestros pensamientos. Y aquí es donde se ve su genialidad para conectar ideas. Fijaos, cogió ese patrón de principio, medio y fin de los filósofos griegos de la antigüedad y se dio cuenta de que encajaba como un guante con la visión cristiana del alma, esa que San Agustín había dividido en tres partes: memoria, intelecto y voluntad. Alucinante. Para él todo, tanto el universo como nosotros mismos, seguía este ritmo de tres. Vale, con estas dos pistas sobre la mesa, llegamos por fin a la pieza central del puzzle. Y es una metáfora que es increíblemente poderosa, el alma humana. Para él no es solo lo que somos, es un espejo mágico, un speculum, lo llamaba él, que es capaz de reflejar el universo entero en su interior. Y es que el propio Buenaventura lo dijo bien claro. Para él, la única forma de entender el cosmos era mirar dentro de nuestra propia alma. Dicho de otro modo, el pequeño universo que llevamos dentro contiene el mapa para descifrar el gran universo que hay ahí fuera. Tremendo. Pero mucho cuidado porque este espejo no refleja solo lo que vemos con los ojos, ¿eh? El alma también refleja conceptos abstractos, conceptos que están, digamos, ocultos. A ver, no podemos ver el movimiento o la cantidad, pero entendemos el mundo gracias a ellos. No podemos tocar una idea universal, pero es justo esa idea la que nos permite entender un objeto concreto. Son como ideas que iluminan nuestro conocimiento desde dentro, desde el propio espejo. Muy bien, ya tenemos todas las piezas sobre la mesa. A ver, repasemos. La luz divina como fuente de todo, el patrón del tres como el diseño del universo y el alma como un espejo que lo refleja todo, lo visible y lo oculto. Ahora sí, por fin podemos resolver el misterio. ¿Por qué demonios? La magia era una ciencia para este hombre, pues resulta que el sistema de Buenaventura organiza todo el conocimiento humano en un número, un número muy específico y s simbólico, el nueve. nueve ciencias, ni una más ni una menos. Nueve ciencias en total para explicarlo absolutamente todo. Y aquí llega la gran revelación en su lista de nueve ciencias al lado de la física o la ética que pone Buenaventura, pues sí, la geomancia y la neigromancia. Pero ojo, no como las entendemos hoy en día, no como artes oscuras. Para él eran las ciencias, las ciencias encargadas de estudiar esas fuerzas ocultas que el alma refleja. La ciencia que estudiaba las proporciones universales, las influencias de los astros, las propiedades invisibles de las cosas, eran literalmente la ciencia de lo oculto. Y ese ese es el punto clave de todo esto. La magia como ciencia no era una idea loca ni mucho menos. era la conclusión totalmente ilógica de un sistema de pensamiento que era en sí mismo perfectamente coherente. Pensemos, si partes de la base de que todo el conocimiento viene de Dios, que el universo se organiza en grupos de tres y que el alma es un espejo que lo refleja todo, entonces, claro, por supuesto que tiene que existir una ciencia para estudiar lo que ese espejo refleja en sus rincones más ocultos. Y todo esto nos deja con una pregunta final que a mí me parece fascinante. ¿Vale? Hoy no llamamos magia a la ciencia de lo oculto, pero ¿cuáles son nuestras ideas ocultas modernas? Pensemos en conceptos abstractos como la gravedad, la conciencia o incluso los algoritmos. ¿No son en el fondo esas fuerzas invisibles que hoy usamos para dar forma y entender nuestro universo? Ahí lo dejo.