← Volver al buscador
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I
00 Debate sobre el tema
Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Creado con Notebook LM
Transcripción
Vale, vamos a meternos hoy con la filosofía medieval y a ver, sé que de entrada puede sonar a un tema denso, un poco polvoriento. Sí, totalmente lleno de debates teológicos que nos parecen de otro planeta. Pero las fuentes que tenemos delante, que son una colección de textos e imágenes alucinantes, nos cuentan otra cosa. Cuentan la historia de un mundo de ideas en plena ebullición. Exacto. Con debates sorprendentes que además cruzaban fronteras y culturas. Es que lo más fascinante de todo esto no son tanto las ideas por separado, sino el proyecto que había detrás. Fue un intento, un intento monumental, casi sobrehumano, diría yo, ¿sí? De construir un sistema de conocimiento que lo abarcase absolutamente todo. Querían un andamiaje que conectara la naturaleza de Dios con la lógica del lenguaje y la ética del buen gobierno con la órbita de las estrellas. O sea, no dejaban nada fuera. Nada. Pues esa es un poco nuestra misión en este análisis, destilarnos debates centrales de este periodo que es larguísimo y complejo. Vamos a ver el viaje que hicieron sus ideas. Un buen punto de partida sería ver cómo se imaginaban ellos el conocimiento. Sí. ¿Qué era la filosofía para una persona de la Edad Media? Porque desde luego no era una asignatura más. Para nada. Las representaciones visuales que nos han llegado son eh increíblemente elocuentes. No necesitaban un manual para explicarlo. Fíjate, hay una imagen de un manuscrito de Munich que es una pasada. Vemos a una figura, la reina filosofía, en un trono coronada y a sus pies tiene a dos reyes, Nabucodonosor y Antíoco. Y la corona es muy curiosa porque tiene tres rostros. Representan los tres pilares del saber. La lógica para el lenguaje, la física para la naturaleza y la ética para el comportamiento es toda una declaración de intenciones. Claro. Y no es solo una alegoría bonita. En el libro que sostiene esta reina filosofía dice: "Gobierno los pueblos y por mí los reyes gobiernan. Esto es fundamental." O sea, que no era un pasatiempo para eruditos. en absoluto. Era la filosofía práctica, la base para el buen gobierno. Los reyes a sus pies no están humillados, ¿eh? No, no simbolizan el poder político sometido a la sabiduría. La imagen funcionaba como un espejo para príncipes. Un recordatorio de que un buen gobernante debía ser antes que nada un filósofo. Exacto. Vaya. O sea, que la idea de que la política necesita una base ética y racional no es nada moderna. Viene de aquí, sí. Y otra imagen muy parecida del Ortus Deliciarum, el jardín de las delicias, la filosofía otra vez en el centro con Sócrates y Platón a sus pies, pero esta vez está rodeada por las siete artes liberales. Ahí está la clave, porque ahí no solo nos dicen qué es la sabiduría, sino que nos dan el mapa para llegar a ella. Es una hoja de ruta pedagógica. Totalmente. Es una jerarquía del saber. La base, el camino son esas siete artes y se dividían en dos grupos, el tribium y el quadrivium, ¿no? Eso es primero el trivium, las artes del lenguaje, gramática para estructurar el pensamiento, retórica para expresarlo y dialéctica para argumentar las herramientas de la razón. Justo. Y una vez dominabas eso, pasabas al cuadrivium, las artes matemáticas, aritmética, geometría, música y astronomía, que servían para entender el orden del universo, el orden y la armonía. Síado. Argumentos precisos, lógicos, al grano. Y la retórica es una mano abierta, un discurso elocuente, persuasivo, que se despliega para convencer. Es una analogía visual potentísima, pero bueno, también es una pequeña simplificación. Ojo, claro, en la práctica sabían que un buen retórico necesitaba ese puño lógico para no soltar solo palabrería y el dialéctico necesitaba abrir la mano para que se le entendiera. Eran dos caras de la misma moneda. Entiendo la estructura. Primero aprendes a pensar y hablar y luego lo aplicas para entender el mundo. Pero vale, hemos visto que era el conocimiento para ellos. La siguiente pregunta es, ¿cómo lo adquirimos? ¿Cómo funciona la mente? Eso. Y aquí las fuentes nos llevan directos a Agustín de Ipona. Agustín propone una teoría fascinante para explicar esto, la de las tres visiones. A ver, la primera es la más básica, la visión corporal. Es sencillamente lo que percibimos con los sentidos. Veo este libro, escucho tu voz. El contacto directo. Vale, fácil. Luego está la segunda, la visión espiritual. Y aquí la palabra espiritual nos puede confundir. Sí. No se refiere a algo místico, es lo que hoy llamaríamos imaginación o memoria, la capacidad de la mente de ver cosas que no están presentes. Exacto. Cierro los ojos y puedo ver la cara de un amigo. Esa imagen mental es la visión espiritual. Y la tercera, la más elevada para él y la más importante, la visión intelectual. Esta es la que nos permite comprender el significado, las verdades abstractas. Eso es la justicia, el amor, un concepto matemático. No puedes ver la justicia con los ojos ni imaginarla con una forma concreta. Solo la entiendes con el intelecto. Y para explicarlo, Agustín usa un ejemplo bíblico que es perfecto. La historia del rey Baltasar. Es ideal. Sí. El rey está en su palacio y de repente ve con sus ojos una mano escribiendo en la pared. Esa es la visión corporal. Luego la imagen de la mano y de esas letras raras se le queda grabada en la mente, en su imaginación. Visión espiritual, pero está aterrorizado. No tiene ni idea de lo que significa. Le falta el último paso, le falta la visión intelectual y entonces llega el profeta Daniel. Él ya no necesita ver la mano. Le basta con que le describan los signos. Su mente va más allá de la imagen y capta el significado. Es una profecía. Daniel tiene esa visión intelectual que conecta los signos con la verdad. Para Agustín, el conocimiento completo es eso, una sinfonía de las tres visiones trabajando juntas. Entiendo la teoría de Agustín, pero se siente muy centrada en la teología cristiana, ¿no? En interpretar señales divinas. Esto era un debate solo interno del cristianismo que va para nada. Y esa es una de las grandes ideas equivocadas sobre la Edad Media. Si nos vamos a la alándaluz, a la península ibérica, nos encontramos un debate filosófico de un nivel altísimo sobre el alma racional. Sí, todo inspirado por el redescubrimiento del tratado de Anima de Aristóteles. Y aquí es donde aparecen dos gigantes, Avisena y Aerrués. Claro. Intentan resolver un problema complicadísimo. A ver, si cada uno tenemos una mente individual, ¿cómo es posible que todos podamos entender las mismas verdades universales? Como que 2 + 2 son cuatro. Ese es el meollo. Avisena, que tenía una fuerte influencia platónica, propone una solución muy poética. Dice que existe un intelecto agente universal único, separado de nosotros. Sí, lo describe como un sol cósmico que ilumina nuestras mentes individuales, que son como espejos. Esa luz nos permite conocer. Espera, es como si hubiese una especie de mm de nube de conocimiento universal, un internet filosófico. Esa analogía de la nube es perfecta y nuestras mentes se conectan para descargar el entendimiento. Justo eso. Pues Aber Roes, en cambio, al que llamaban el comentador por su devoción a Aristóteles, rechaza esa idea. Ofrece una visión mucho más terrenal, mucho más biológica, si quieres. Él diría que no necesitamos conectarnos a ninguna nube porque el hardware ya lo tenemos instalado de serie. Nuestro cerebro, nuestros sentidos, nuestra fisiología, lo que él llama intelecto material. Pero espera, si la verdad nos ilumina desde fuera, como dice Avicena, ¿qué papel juega nuestro propio esfuerzo? Somos solo receptores pasivos. Esa es exactamente la crítica que se le puede hacer y es el punto fuerte de Aberroes. Para él no somos pasivos, tenemos el potencial, el hardware y mediante la experiencia y la lógica, que serían el software, podemos nosotros mismos abstraer los conceptos universales. Es una visión mucho más inmanente. Sí. Y este debate no fue una simple discusión de especialistas. marcó a toda la filosofía posterior, sobre todo a Tomás de Aquino, que intentó buscar una síntesis. Y esta discusión sobre si el conocimiento viene de fuera o de dentro nos lleva de cabeza a uno de los debates más famosos y más abstractos a primera vista, el de los universales. Vaya tema. A ver si podemos plantearlo de forma sencilla. Cuando usamos una palabra general como ser humano, caballo o justicia, ¿a qué nos referimos exactamente? Esa es la pregunta del millón. Le estuvo ocupado siglos y básicamente había dos grandes equipos. Por un lado, los realistas, ¿vale? Para ellos, cuando decimos ser humano, nos referimos a una esencia de la humanidad que es real, que existe fuera de nuestras mentes, como las formas de Platón. Muy parecido. Los individuas, tú, yo, nuestro vecino, somos meras copias de esa esencia universal y verdadera. ¿Entendido? Esa es una postura. Y en la otra esquina del ring, mm, los nominalistas con su gran campeón, Guillermo de Okam. ¿Y qué decía Okam? Pues Okam le da la vuelta a la tortilla. Para él lo único que existe realmente son los individuos singulares, esta persona concreta, aquel caballo específico. No hay una esencia de humanidad flotando por ahí. Nada. Entonces, ¿qué son palabras como humanidad? Para Okam son solo nombres. Nómina, de ahí. Nominalismo. Exacto. Son etiquetas, conceptos que nuestra mente crea para agrupar a individuos que se parecen. Son herramientas, pero no realidades. Y aquí es donde entra en juego su famosa navaja de OCAM, ¿no? La idea de que la explicación más simple suele ser la correcta. Precisamente el principio de la navaja dice que no hay que multiplicar las entidades sin necesidad. Y él lo aplica aquí. Claro, si podemos explicar el mundo hablando solo de individuos y de los conceptos que creamos sobre ellos, para que necesitamos inventarnos unas esencias misteriosas y etéreas. Es una solución mucho más económica, desde luego, y elegante. Para él, el conocimiento empieza en la intuición directa de las cosas singulares que podemos ver y tocar. Y esto es un cambio de paradigma total. Es pasar de buscar la verdad en un plano ideal a buscarla aquí en el mundo que podemos experimentar. Las implicaciones son enormes, gigantescas, porque si lo único real son los individuos, entonces el conocimiento debe empezar por el estudio de esos individuos. Claro. Observar casos particulares. Eso es. Y esto tiene consecuencias políticas, religiosas. Si lo que cuenta es el individuo, la experiencia de fe de una persona concreta es tan importante como la doctrina universal. Es el gerden del individualismo y el empirismo. Este giro hacia lo concreto, hacia la experiencia, se hace cada vez más fuerte a medida que avanza la Edad Media. Y aquí hay una figura que las fuentes destacan que me parece fascinante. Roger Bacon. Bacon es un personaje increíblemente avanzado para su tiempo y su defensa de lo que él llamaba la ciencia experimental representa un cambio de mentalidad radical. Él dice que la lógica, el razonamiento, el puño cerrado son importantes, pero no suficientes. No son suficientes para alcanzar la certeza. El conocimiento para ser completo y seguro, necesita ser verificado por la experiencia. Un momento. Entonces, cuando Bacon habla de ciencia experimental, ¿no está elevando el conocimiento de, no sé, un herrero, o un arquitecto, gente que prueba cosas con sus manos al mismo nivel que el de un teólogo? Totalmente. Y eso era radicalísimo. Rompía con toda la jerarquía del saber que vimos al principio. Claro. Y la analogía que usa, que mencionan las fuentes, es la del fuego. Es perfecta. A ver, te puedo demostrar con los mejores argumentos del mundo que el fuego quema. Puedo construir un silogismo impecable, citar a los clásicos. Y me lo creeré, claro. Pero no tendrás certeza absoluta. El conocimiento no estará completo en tu mente. Mm. Hasta que no ponga la mano cerca y sienta el calor. Exacto. Hasta que veas cómo consume un trozo de madera. La experiencia es el sello final. Y esto conecta directamente con algo que también vemos en las fuentes. Las representaciones de las artes mecánicas. Sí. En los capiteles de algunos monasterios. Como en Santa María la Real de Nieva, no vemos solo a santos, sino a herreros, arquitectos, agricultores, gente que trabajaba con la materia. Esa es la conexión clave que establece Bacon. Los artesanos no teorizaban y ya está. Aplicaban principios para conseguir un fin, uniendo teoría y práctica. Si una técnica para forjar no funcionaba, probaban otra. Claro, eso es experimentar. Bacon vio en ese método, en la prueba y el errar, en la verificación empírica, un camino hacia un conocimiento mucho más sólido sobre el mundo natural. Es una de las semillas del método científico moderno, sin duda, de las más claras. El recorrido es alucinante si lo piensas. Empezamos con una visión del conocimiento como una estructura jerárquica casi divina con la filosofía en un trono, dictando el saber desde arriba. Luego hemos visto cómo se enzarzaban en debates intensísimos. sobre cómo funciona nuestra mente. Debatas que cruzaban fronteras entre el mundo cristiano, islámico y judío. Y hemos terminado con un énfasis radical en la experiencia individual. Desde la intuición de Okam hasta la ciencia experimental de Bacon, el foco se desplaza. El viaje intelectual de la Edad Media es en gran medida un viaje desde lo universal y abstracto hacia lo particular y concreto. Un viaje que nos acerca paso a paso a nuestra forma moderna de entender el mundo. Totalmente. Para terminar, hay un detalle en las fuentes que se me ha quedado grabado. El título de la obra más famosa de Maimónides, la guía de perplejos. Él la escribió para orientar a quienes en su época se sentían divididos, perplejos. entre las verdades de la fe y las de la razón. ¡Uf! Una tensión que definió gran parte del pensamiento de la época, sin duda. Pero me pregunto si no nos describe también a nosotros en nuestra era, bombardeados por un exceso de información, con visiones del mundo que chocan, con la sensación de que es imposible abarcarlo todo, ¿no estamos todos en cierto modo perplejos? Es una buena pregunta. El intento medieval de estructurar sistemáticamente todo el conocimiento desde el alma hasta la agricultura, nos plantea una cuestión final. ¿Fue ese esfuerzo un modelo admirable en la búsqueda de sentido o es más bien una advertencia sobre la tentación de creer que podemos encerrar un mundo tan complejo en un único y perfecto sistema? M.