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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I
00 Filosofía Medieval Introducción general de la asignatura
Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Creado con Notebook LM
Transcripción
Hola y bienvenidos a ver, vamos a quitarnos de la cabeza esa idea de la edad oscura. Hoy nos vamos de viaje a la filosofía medieval para descubrir una de las misiones intelectuales más alucinantes de la historia. Como los pensadores de la época intentaron nada más y nada menos que construir un sistema de conocimiento total, una síntesis que lo abarcara codo. Y aquí estaba el gran reto, la pregunta del millón que lo movió todo durante siglos. ¿Cómo es posible juntar en una misma coctelera la lógica de los filósofos griegos con las verdades de la fe cristiana? Bueno, pues el intento de responder a esto dio forma todo el pensamiento occidental que vino después. Para entender esta búsqueda, este va a ser nuestro mapa. Primero veremos esa tensión inicial entre el legado pagano y la fe cristiana. Después usaremos una imagen alucinante como guía y a partir de ahí nos meteremos de lleno en los tres grandes pilares del conocimiento medieval. el lenguaje, la naturaleza y el comportamiento. Y terminaremos viendo cómo todo esto se unía en una idea preciosa, un gran espejo del mundo. Venga, vamos al lío. La Edad Media hereda dos corrientes de pensamiento, que son, en apariencia, como el agua y el aceite. Por un lado, la razón pura y dura de Platón y Aristóteles, y, por otro, las verdades reveladas de la fe cristiana. La gran tarea de toda una era fue precisamente hacer que convivieran. Así que nada de una época de estancamiento. Eh, fue un tiempo de una actividad intelectual febril, de una síntesis supercreativa. La filosofía se aplicó a todo, a la fe, por supuesto, pero también a la naturaleza, a la ética, a la política. El objetivo era monumental, entender el universo de una manera completamente coherente. Y para visualizar esta gran síntesis, tenemos una guía perfecta, casi un mapa conceptual de todo el pensamiento medieval. Se trata de una imagen de un manuscrito del siglo XI. Mirad, en el centro de todo está la filosofía, pero no de cualquier manera. Está coronada como una reina prudente, Prudence Filosia. Y ojo al libro que sostiene, porque la declaración de intenciones es brutal. Gobierno a los pueblos y por mí también reinan los reyes. O sea, que esto no es un saber abstracto para eruditos, no es un poder que ordena el mundo real. Y si nos fijamos bien en la corona de la reina, ahí está la clave de todo. No es una corona normal, tiene tres caras y cada una representa un pilar del saber. Mores, que es la ética, el comportamiento. Rerum, el estudio de las cosas, de la naturaleza. Y voces, la lógica, el estudio del lenguaje. Y aquí lo tenemos más claro imposible. Todo el conocimiento medieval se organizaba alrededor de estos tres gigantes. El lenguaje para poder razonar bien, la naturaleza para descifrar la creación y el comportamiento para vivir una vida buena. Pues venga, vamos a explorar cada uno de ellos. Empezamos con las voces, con el lenguaje. Para los pensadores medievales, el lenguaje era muchísimo más que una forma de hablar. Era la herramienta fundamental para poder pensar, para estructurar el conocimiento y, en última instancia, para llegar a la verdad. Aquí Agustín de Ipona es una figura absolutamente clave. Para él entendemos el mundo a través de signos. Como vemos, un signo es cualquier cosa que nos hace pensar en otra. Una huella en la arena nos lleva a pensar en el animal que pasó por ahí, el humo en que hay fuego. Entender cómo funcionaban los signos era, por tanto, esencial para interpretar tanto el libro de la naturaleza como las Sagradas Escrituras. Y para entender las dos grandes artes del lenguaje, Isidoro de Sevilla nos dejó una metáfora visual que es una genialidad. La dialéctica nos dice, es como un puño cerrado, precisa, rigurosa. Busca la verdad con una lógica de hierro. La retórica, en cambio, es una mano abierta, expansiva, persuasiva, busca convencer y enseñar. Ambas eran cruciales. Bueno, dejamos el lenguaje y pasamos a Rerum, al estudio de las cosas, de la naturaleza. Este segundo pilar no iba solo de hacer listas de plantas o animales, que va, era algo mucho más profundo. Se trataba de entender el orden del cosmos, la estructura misma de la realidad creada por Dios. Boecio, que bebió directamente de Aristóteles, nos da un esquema supercaro para organizar todo esto. Dividió la ciencia especulativa en tres niveles. Abajo del todo, la ciencia natural, que estudia las formas que están pegadas a la materia, lo que se mueve y cambia. un escalón por encima, la matemática, que estudia formas abstractas ya separadas de la materia y en la cima, la teología que estudia la forma pura, sin materia ni movimiento, la propia sustancia divina. Y si eso parecía ambicioso, Juan Escoto Eriugena va todavía más allá. Para él naturaleza lo es absolutamente todo y lo organiza en un ciclo perfecto, casi como un flujo divino. Empieza con Dios, lo que crea y no es creado. Esto da lugar a las ideas primordiales, lo que es creado y crea. De ahí surge nuestro mundo físico, lo que es creado, pero ya no crea. Y al final todo regresa a Dios, que es el final de todo. Un círculo cósmico perfecto y cerrado. Y llegamos al tercer pilar, a Morales, el comportamiento. Porque la filosofía no era solo para entender el universo, era para vivir bien en él. La ética y la política eran, por tanto, fundamentales. Esta cita es de una potencia increíble. Nos muestra la filosofía en acción. Boecio escribe esto en la cárcel esperando a ser ejecutado y en una visión se le aparece la propia filosofía para echarle la bronca y recordarle algo. Oye, que te dimos armas racionales que si no las hubieras tirado, te habrían mantenido invicto. La filosofía no era teoría, era una terapia, una guía para el alma en los peores momentos. Y esto lo demuestra. La filosofía tenía una aplicación directa, era una guía práctica para la vida. Servía para escribir los espejos de príncipes que eran manuales sobre cómo ser un buen rey y para cualquier persona era el camino para llevar una vida virtuosa, una vida irreprochable. Muy bien, hemos visto los tres pilares por separado: lenguaje, naturaleza, comportamiento. Pero, ¿cómo narices se une todo esto? Bueno, pues la respuesta final es una maravilla y nos la da Buenaventura con una idea fascinante, el alma humana como punto de encuentro de todo. Buenaventura nos da la clave de bóveda. El alma humana dice, es un microcosmos. Como leemos aquí, el alma quiere discribir todo el mundo en sí misma. Es como un espejo que tiene el potencial de reflejar toda la creación. Nuestras facultades, la memoria, el intelecto, la voluntad, están diseñadas para conocer y abarcar el universo entero. Y aquí es donde de repente todo encaja. Buenaventura dice que nuestra alma es iluminada por tres rayos de la verdad divina. Un rayo es la verdad de las cosas, o sea, la naturaleza. Otro, la verdad de los signos, el lenguaje. Y el tercero, la verdad de las costumbres, el comportamiento. Los tres pilares de la filosofía no son inventos humanos, son reflejos de la luz divina que nos permiten entenderlo todo. Y con esto cerramos el círculo. La filosofía medieval fue ese intento colosal y usar la razón. Recordemos el puño cerrado de la dialéctica, la mano abierta de la retórica para construir un sistema de conocimiento donde todo, absolutamente todo, desde la lógica de una frase hasta el movimiento de las estrellas, encontrará su lugar perfecto en un gran orden divino. Y esto nos deja con una pregunta final. Claro, en nuestra época, con tanta información fragmentada, con tanto caos, ¿qué podemos aprender de ese impulso medieval por encontrar una síntesis, por conectar los puntos y buscar una visión? del conocimiento y de la vida. Es una pregunta que quizá hoy es más relevante que nunca.