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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Introducción a la Historia de la Edad Media | Emilio Mitre

01.02 Las migraciones germánicas y la constitución de los primeros Estados bárbaros en la Europa...

01.02 Las migraciones germánicas y la constitución de los primeros Estados bárbaros en la Europa occidental. Primera parte. La transición al Medievo (siglos V al VIII): La génesis de la civilización occidental. Las migraciones germánicas y la constitución de los primeros Estados bárbaros en la Europa occidental. Los germanos y sus primeros contactos con Roma. Las «grandes invasiones» del siglo V. Las grandes entidades políticas germánicas. HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL – Grado de Filosofía – 2º año UNED. Basado en el libro de Emilio Mitre: Introducción a la Historia de la Edad Media Europea.

Transcripción

La caída del Imperio Romano de Occidente es, sin duda, uno de los grandes dramas de la historia, ¿verdad? Un punto de inflexión total que marca el fin de una era y el comienzo de la Edad Media. Pero, ¿cómo ocurrió todo esto? Pues vamos a sumergirnos en las migraciones germánicas para entender cómo nacieron los reinos que forjaron la Europa que conocemos hoy. Cuando pensamos en esta época, seguro que a todos nos viene a la cabeza esta imagen. Es casi una escena de película, Hordas de guerreros, los bárbaros, arrasando con todo, echando abajo siglos de civilización clásica a las puertas de la mismísima Roma. Bueno, pues aquí es donde la historia se pone mucho, mucho más interesante. La realidad fue menos una destrucción pura y dura y más una transformación profundísima y sí, a menudo muy violenta. No es la historia de un final y ya está, sino del nacimiento de algo completamente nuevo a partir de las cenizas de lo antiguo. Para entender el colapso del siglo Vto, tenemos que rebobinar un poco. La relación entre Roma y los pueblos germánicos no fue algo que surgiera de la noche a la mañana. No, no. Era una historia que llevaba siglos escribiéndose en las fronteras del imperio. Es que no eran para nada unos desconocidos. A lo largo de esa enorme frontera que eran los ríos Rin y Danubio, lo que los romanos llamaban el limes, el contacto era constante. Comerciaban, sí, pero también luchaban y se influían unos a otros. Eran dos mundos que se conocían muy, pero que muy bien y eran mundos, la verdad, radicalmente distintos. Por un lado, la sociedad germánica se basaba en el clan, en el parentesco, la sipe. El poder de verdad estaba en la asamblea de hombres libres, el zing, y por otro lado, Roma, un estado burocrático gigantesco, superclejo, con un poder totalmente centralizado en la figura del emperador. Y aquí llegamos a un punto que es absolutamente crucial para entender todo lo que vino después. Aunque las fronteras físicas seguían ahí, las culturales y sobre todo las militares se estaban difuminando. El ejército romano para poder mantener sus legiones dependía cada vez más de soldados germánicos. Y ojo, que estos bárbaros no solo luchaban por Roma, es que ascendían. Llegaban a ser generales, incluso a tener un poder inmenso en la corte imperial. Y con este panorama llegamos al siglo Vto. Toda esa presión que se había ido acumulando en las fronteras, sumada a la debilidad interna de Roma, pues desató una tormenta perfecta. Una tormenta que iba a redibujar el mapa de Europa para siempre. Es que los acontecimientos se precipitan. Imaginaos la escena. Nocheevieja del año 406. El rin se congela y por ahí cruzan miles y miles de personas desbordando por completo las defensas. Poco después, en el 410, ocurre lo impensable. La propia Roma es saquerada por primera vez en 800 años. El shock fue brutal en todo el mundo conocido. Para muchos, aquello era literalmente el fin del mundo. Esta cita del obispo Idacio, que lo vivió en primera persona en España, nos da una idea del coste humano de todo aquello. Te pone los pelos de punta. No fue solo un cambio en el mapa. Para la gente de a pie fue una auténtica catástrofe, guerra, hambre, enfermedades, el colapso total de su mundo. Pero como suele ocurrir de todo ese caos, de toda esa destrucción, poco a poco empezó a surgir un nuevo orden. Sobre las ruinas de las provincias romanas se empezaron a levantar los nuevos reinos germánicos. Ahora bien, lo interesante es que no todos estos reinos tuvieron al mismo éxito, ni mucho menos. Algunos, como el de los vándalos en el norte de África o el de los ostrogodos en Italia, pues duraron relativamente poco, pero otros, como los francos en la Galia o los anglosajones en Britannia, consiguieron echar a raíces y perdurar. Y si nos fijamos en los francos, ¿por qué triunfaron ellos? Pues por una jugada maestra de su rey, Clodobeo, su conversión religiosa. Veréis, la mayoría de reyes germánicos eran arrianos, una versión del cristianismo que la Iglesia de Roma consideraba una herejía. Clodobeo, en cambio, se convirtió directamente al catolicismo. ¿Y qué consiguió con esto? Pues un aliado potentísimo. La Iglesia y toda la élite galorromana le dieron una legitimidad que los demás no tenían. Y esto nos lleva a la parte final y para mí la más fascinante de toda esta historia, porque estos nuevos reyes no querían borrar Roma del mapa, ni mucho menos. buscaban todo lo contrario. Lejos de esa imagen de destructores ignorantes, muchos de estos líderes germánicos sentían una admiración profundísima por Roma. No querían acabar con su cultura, querían ser parte de ella, buscaban ser sus herederos, adaptar todo ese prestigio a su propio poder. Y tenemos ejemplos por todas partes. En Italia, Tedorico el Ostrogodo, trató con un respeto reverencial al Senado romano. En la Hispania bisigoda, Leo Vigildo empezó a vestirse como los emperadores bizantinos y a usar sus títulos. Todos acuñaban monedas que imitaban a las romanas e intentaban como podían mantener en pie el complicado sistema de impuestos. En resumen, querían gobernar como romanos y esta imitación llegó hasta la administración del día a día. Por ejemplo, mantuvieron las provincias romanas, pero ahora al mando de un duque, un dux. En las ciudades, un conde. El comes civitatis se hizo cargo de las funciones que antes tenían los magistrados romanos. Básicamente estaban metiendo vino nuevo en odres viejos, adaptando la increíble maquinaria administrativa de Roma a su nueva realidad. Así que para terminar volvamos a la pregunta del principio. Destructores o herederos. Pues la historia es mucho más compleja y fascinante que un simple sí o no. Fue una simbiosis a menudo brutal, no nos engañemos, pero una simbiosis al fin y al cabo, una fusión entre las tradiciones germánicas y el inmenso legado de Roma. Y justo de esa fusión, de ahí nació la Europa medieval.