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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Introducción a la Historia de la Edad Media | Emilio Mitre
01 03 Los destinos del Imperio romano en Oriente La era de Justiniano
Los destinos del Imperio romano en Oriente: la Era de Justiniano.
De la fundación de Constantinopla a Justiniano.
JustinianO y la política de reorganización interna.
La política exterior. La reunificación mediterránea.
La irrupción lombarda en Italia: invasión tardía y primera fisura de la unidad bizantina en el Mediterráneo.
Primera parte. La transición al Medievo (siglos V al VIII): La génesis de la civilización occidental.
HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL – Grado de Filosofía – 2º año UNED.
Basado en el libro de Emilio Mitre: Introducción a la Historia de la Edad Media Europea.
Transcripción
Hay pocas épocas en la historia, de verdad, tan fascinantes y a la vez tan contradictorias como la de Justiniano. Vamos a meternos de lleno en un tiempo de un esplendor que que era casi cegador, pero también, y esto es lo interesante, de fracasos monumentales. ¡Uf! Es una pregunta potente, ¿verdad? Va en contra de mucho de lo que suel por sentado, pero es que para el protagonista de nuestra historia esto no era una simple pregunta para debatir. No, no era literalmente un plan de acción. Y es que para este emperador, para Agustiniano, la misión estaba clarísima. Su ambición era nada más y nada menos que restaurar la gloria perdida de Roma en pleno siglo VI. Ojo, una misión que no solo iba a definir su reinado, sino que iba a cambiar el destino de todo el Mediterráneo. ¿Vale? El imperio que sobrevivió. Para entender de verdad la escala de esta ambición, tenemos que echar un vistazo al mundo que Justinia nos encontró, el que heredó, un mundo que había cambiado para siempre tras la famosa caída de Roma en el 476. Y aquí el contraste es es brutal, vamos. Por un lado, Occidente, que se estaba desmoronando, hecho pedazos, ocupado por pueblos germánicos, y por otro el Imperio Romano de Oriente, lo que hoy conocemos como Bizancio, que oye, no es que solo sobreviviera, es que estaba prosperando, tenía sus fronteras seguras, sus líneas de suministro funcionando. En fin, una base ser sólida desde la que empezara a soñar con la reconquista. El sueño de Justiniano, un imperio, una ley, una fe. Y claro, este sueño tenía un arquitecto con nombre y apellidos, el emperador Justiniano. Su visión, todo su proyecto imperial se apoyaba básicamente en dos pilares. Y aquí está la clave para entenderlo todo. Eh, por un lado, el romanismo, o sea, la idea de restaurar el viejo imperio a nivel político, volver a las fronteras de antes. Y, por otro, el cristianismo, que era mucho más que una religión, era el pegamento, el aglutinante social y cultural que debía unirlo todo. Absolutamente todo lo que hizo Justiniano, desde sus leyes hasta la última de sus guerras, partía de estas dos ideas, pilares de gloria eterna. Y bueno, esta visión tan potente se tradujo en logros que es increíble han llegado hasta nuestros días. Vamos a empezar por la parte más brillante de su legado, por esos pilares de gloria. A ver, si hay que hablar de un legado duradero, este es el número uno, el corpus juris civilis. Esto fue una obra colosal. Imaginad recopilar y organizar siglos y siglos de derecho romano. Pero cuidado, no era solo mirar al pasado y ya. fue una adaptación a su tiempo al mundo bizantino que acabó convirtiéndose en la base, la mismísima base de muchísimos sistemas legales que tenemos hoy en Europa. Y lo que hace que esta obra sea tan genial es cómo está montada su estructura. Fijaos, primero el código, ahí metieron todas las leyes de los emperadores desde el siglo segundo, luego el digesto, que era como la enciclopedia de la sabiduría de los grandes juristas romanos. Las institutas eran básicamente el libro de texto para los que estudiaban derecho. Y por último las Noveley, las nuevas leyes que iba sacando el propio Justiniano. Todo junto, ¿qué creaba? Pues un sistema legal completísimo y coherente. La sede de una civilización que descollaba entre todas, quizá la única que en realidad conoció Europa entre fines del siglo V y principios del X. Esta cita del historiador Charles Diel lo clava de verdad. Bizancia no era un simple Roma 2.0, no, era una civilización brillante por sí misma, un auténtico faro cultural. justo cuando Europa empezaba a meterse en la Edad Media. Y claro, esa brillantez no se quedó solo en los libros de leyes, se construyó en piedra. Y el símbolo máximo de todo esto es, sin duda, Santa Sofía de Constantinopla. Es que esto fue una auténtica proeza de ingeniería y de arte. Con esa cúpula que decían parecía flotar en el aire, dejó a todo el mundo con la boca abierta. Y ojo que durante casi 1000 años fue el centro, el epicentro de toda la cristiandad oriental. Grietas en los cimientos. Claro, todo esto suena increíble, pero esta fachada de gloria y esplendor escondía problemas muy muy serios. La ambición de Justiniano tenía un coste y ese coste empezó a crear unas grietas que amenazaban con tirar abajo todo el edificio. 532 después de Cristo, este año es un punto de inflexión, la revuelta de Nica. Un levantamiento popular masivo en la mismísima Constantinopla que casi le cuesta a Justiniano el trono y la vida. Fue, vamos, una bofetada de realidad, una llamada de atención brutal que dejó al descubierto todo el descontento que estaba hirviendo por debajo en la capital. Y aquí llegamos a la gran contradicción, al problema que no tenía solución. Justiniano, por un lado, quería reformar la administración, quería acabar con la corrupción. Suena bien, ¿no? Pero por otro lado, todos sus proyectos, las conquistas, las construcciones, la defensa, necesitaban una cantidad de dinero bestial. ¿Y cuál fue el resultado? pues que tuvo que mirar para otro lado mientras sus recaudadores de impuestos exprimían a la gente porque necesitaba esa pasta para financiar su sueño. Pero el lío no era solo de dinero, la diversión también era religiosa y aquí el choque era en casa, entre el emperador y su esposa, la inteligentísima emperatriz Teodora. Tenían visiones totalmente opuestas. Justiniano quería la unidad con Roma a toda costa y para eso perseguía a los que no pensaban como él en Oriente. Pero Teodora, que era mucho más práctica, sabía que para tener un imperio oriental fuerte necesitaba esas provincias disidentes como Egipto y Siria. No podía permitirse el lujo de enfrentarse a ellas. Eran literalmente dos estrategias que chocaban de frente. El precio de la conquista. Vamos ahora con la joya de la corona de su proyecto romanista, la reconquista de Occidente. Un éxito militar. Sí, pero que y aquí viene la paradoja, se convirtió en una de las causas principales de su fracaso a largo plazo. Es que si lo miras sobre el papel, la campaña fue un exitazo. El norte de África cayó en un suspiro en una sola batalla. Italia, bueno, costó más décadas de guerra brutal, pero también se recuperó. Incluso llegaron a poner un pie en la costa de Hispania. Parecía que el sueño de un Mediterráneo romano volvía a ser una realidad. Pero, ¿a qué precio? Porque esta es la pregunta del millón. Todas esas victorias militares tuvieron unas consecuencias, bueno, devastadoras en otros sitios. El precio fue simplemente altísimo. Vamos a enumerarlo. Uno, el tesoro imperial se quedó tiritando completamente vacío. Dos, las fronteras del este contra los persas se quedaron sin tropas, dejando Siria supervulnerable. Tres, lo mismo en el norte. La frontera del Danubio quedó abierta de par en parlavos y unos. Y para rematar la ironía final, al cargarse a los ostrogodos en Italia, dejaron un hueco de poder que tardaron cero coma en llenar los lombardos. Un enemigo nuevo y muy peligroso. La sombra de un emperador. Entonces, llegados a este punto, ¿qué hacemos con Justiniano? ¿Cómo lo juzgamos? Su legado es una mezcla inseparable de las dos cosas, de grandeza y de fracaso, de una visión increíble y de una ceguera casi total para otras cosas. Este balance final creo que lo deja todo bastante claro. Es un juego de espejos. Por cada logro espectacular hay un fracaso de la misma magnitud. Por un lado, el Corpus Yuris Civilis, una base para el derecho occidental, pero por otroas reformas internas que fracasaron por los costes. Tenemos la maravilla de Santa Sofía, pero también una división religiosa que enfrentó a provincias clave. Y sí, la reconquista el gran sueño cumplido, pero fue una victoria pírrica, de esas que te dejan en la bancarrota y totalmente expuesto. Así que terminamos con esta pregunta que sigue en el aire. ¿Fue Justiniano el último de los grandes romanos? Un visionario que intentó, contra todo pronóstico, revivir un mundo que ya no existía. O fue más bien un líder cuya ambición simplemente fue demasiado grande y acabó sembrando los problemas que explotarían más tarde. La respuesta como su propio reinado probablemente no sea ni blanca ni negra y por eso, claro, sigue generando un debate fascinante.