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ÚLTIMAS TENDENCIAS DEL ARTE
01.05.00 La muerte del autor: el apropiacionismo
Últimas tendencias del arte - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Basado en el libro:
Arte desde los setenta. Prácticas en lo político
Autor: Aznar, Yayo; López, Jesús
Creado con Notebook LM
Transcripción
Hoy vamos a meternos de lleno en un rompecabezas fascinante del mundo del arte. Uno de esos que le da la vuelta todo a lo que damos por sentado sobre la originalidad, la creatividad y hasta la propiedad. Venga, vamos a ello. A ver, todo arranca con una pregunta que parece simple, pero ojo, que tiene miga. ¿Cómo es posible que una simple copia se considere una obra de arte? Para responder vamos a tener que reunir unas cuantas pistas, casi como si fuéramos detectives de las ideas. Aquí está el meollo del asunto. A la izquierda, una foto super icónica de Walker Evens de la época de la Gran Depresión. A la derecha una obra de 1981 de la artista Sherry Levine. Pero claro, aquí viene lo bueno. La obra de Levine es literalmente una foto de la foto de Evans. No es una imitación, no es una refotografía. Y uno se pregunta, ¿qué demonios significa esto? Pues vamos a intentar descubrirlo. Nuestra primera pista nos lleva directos a Francia a los años 60 con una idea que lo puso todo patas arriba. Y es que para entender un arte que copia, primero tenemos que entender algo muy radical, la idea de que el autor desaparece. Y todo empieza con esta frase que es potentísima del pensador Roland Bart. Es nuestro punto de partida. Lo que él venía a decir es que cuando leemos algo no estamos recibiendo un mensaje puro y directo de una sola persona. Para Bart la escritura es un espacio mucho más complejo y en cierto modo anónimo. A ver, para que se entienda, Barts lo que hizo fue una novela de Balzac y básicamente la desmontó pieza por pieza. Se preguntaba, "Cuando leo esto, ¿de dónde viene esta voz? ¿Es el propio Balzac? ¿Es una idea de la época? ¿Es el personaje?" y su conclusión fue que es una mezcla de todo, imposible separarlo. Y así llegamos a esta idea tan revolucionaria. Ojo, la muerte del autor no es que el autor se muera de verdad, claro, lo que quiere decir es que el autor pierde el control total sobre el significado de su obra en el momento en que la publica. El texto de repente se convierte en algo independiente y su sentido se construye cada vez que alguien lo lee. Así que el punto crucial es este. Para Barts, un autor no es un genio que crea de la nada. Es más bien una especie de DJ. No inventa la música, pero la mezcla, la combina. coge trozos de aquí, de allá y crea algo nuevo a partir de cosas que ya existen en la cultura, en ese gran diccionario común del que todos bebemos. En el fondo, nada es completamente nuevo. Pero claro, la cosa no se queda ahí. Faltaba otra pieza en el puzzle y esa pieza la puso otro pensador, Michelle Foucault, que llevó esta idea un paso más allá. Él no se preguntó quién habla, sino algo mucho más interesante. ¿Para qué nos sirve la figura del autor? Fíjate qué cambio. El enfoque es radicalmente distinto. Mientras Bartes se preguntaba por la identidad, por el quién habla, a Fouco le interesaba el poder. ¿Cómo funciona todo este tinglado? ¿Quién controla lo que se puede decir y lo que no? Es un cambio de perspectiva brutal. Para Foucault, el nombre de un autor no es solo una firma en un libro, es un sello de autoridad. pone orden, clasifica las ideas y en cierto modo limita lo que se puede pensar o decir. La función autor, como él la llamaba, es una herramienta de poder social, ni más ni menos. Vale, ya tenemos las herramientas teóricas. Ahora, con todo esto en la cabeza, volvamos al mundo del arte. ¿Cómo se traduce todo este rollo sobre textos y poder al mundo visual, al de las imágenes? Pues la respuesta está en una práctica artística muy muy concreta. Y aquí lo tenemos, el apropiacionismo. Y la parte que nos interesa, la más cañera, por así decirlo, no va de copiar por copiar, no. Se trata de usar la copia como si fuera un bistouri, como un arma para hacer preguntas muy incómodas sobre las imágenes que consumimos todos los días. O sea, ¿cuál es el objetivo de todo esto? Pues está bastante claro. El objetivo no es la imagen en sí, sino todo lo que la rodea. ¿Por qué esta imagen es famosa y otra no? ¿Qué historia nos está contando de verdad? ¿Y a quién beneficia que esa historia se cuente así? El arte de repente se convierte en una herramienta para analizarse a sí mismo. Perfecto. Ahora sí, con Barces, con Foucault, con la idea del apropiacionismo en la mano. Ahora ya podemos volver a esa foto del principio y por fin entender qué está pasando realmente ahí. Volvemos a mirar las dos imágenes, pero ahora, claro, las miramos con otros ojos, ¿verdad? La pregunta ya no es esto es original. La pregunta ahora es, ¿qué significa esta copia? Y la respuesta es mucho más potente. Es que lo que hace Levin es una crítica a varios niveles. Es como una bomba de relojería. Primero, pum, se carga el mito de la originalidad, pero luego va más allá. Señala como Evans, el autor original, se apropió de la imagen de esos granjeros, convirtiendo su sufrimiento, su realidad, en un objeto de arte que vale un dineral. Y aquí, aquí es donde está la jugada maestra, la genialidad de todo esto. El sujeto original, la vida de estas personas. se ha esfumado por completo. La foto ya no va sobre los granjeros, va sobre ser un Walker Evans. Y al refotografiarla, Levin añade otra capa de ironía, convirtiéndola también en un Sherry Levin. Lo que hace es exponer de una forma brutal cómo el nombre del autor y el mercado del arte se comen por completo el contenido. Y a lo mejor, llegado a este punto uno piensa, "Vale, muy interesante, pero esto es una paranoia de crípicos de arte, ¿no?" Pues no, para nada. Estas ideas tienen una importancia enorme en nuestra vida, sobre todo hoy en día. La gran lección de todo esto, el quédate con esto de toda esta historia, es que ninguna imagen es inocente. Ninguna. Cada foto, cada noticia, cada meme que vemos ha sido creado, seleccionado y distribuido dentro de un sistema. Aprender a preguntarse quién habla desde aquí y quién se beneficia de esto es una habilidad de supervivencia. Así que al final de lo que se trata no es tanto de mirar lo que hay dentro de la foto, sino de mirar todo el marco que la rodea, qué buceo, qué periódico, qué cuenta de Instagram nos la está enseñando, qué historia nos han contado sobre ella. Ahí, en ese contexto es donde reside el verdadero poder. Y con esa pregunta en el aire lo dejamos aquí, porque al final el apropiacionismo y la muerte del autor no son solo teorías para entender el arte, son una invitación a mirar el mundo con unos ojos un poco más críticos, a cuestionar lo que parece obvio y a entender las redes de poder que se esconden a simple vista detrás de cada imagen.