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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

01 Agustín de Hipona | Santo Tomás versus San Agustín

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Bienvenidos. Hoy nos embarcamos en una misión. Vamos a descifrar un código, un texto académico de esos que a primera vista parecen impenetrables, pero vais a ver que escondida en ese lenguaje tan denso hay una de las ideas más revolucionarias del pensamiento occidental. Una idea que acabó separando la fe de la razón y ayudó nada menos que a dar forma a nuestro mundo moderno. Bueno, aquí lo tenemos. Este es el código que vamos a romper. Especie vicaria, intelecto, agente. ¡Uf! Suena complicadísimo, ¿verdad? Casi como un trabalenguas. filosófico, pero de verdad un poco de paciencia porque desentrañar qué demonios significan estas palabras es justo la clave para entender un debate que lo cambió absolutamente todo. Y es que lo que está en juego aquí es enorme. Esto no es solo ojerga académica para unos pocos. No, no. Estamos ante el epicentro de un verdadero choque de ideas que acabó definiendo cómo entendemos el conocimiento, la mente humana e incluso la propia ciencia. Para meternos de lleno en el debate, lo primero es conocer a los protagonistas. A un lado del ring, San Agustín, el maestro indiscutible, la gran figura del pensamiento medieval cristiano, y al otro su brillante sucesor, Santo Tomás de Aquino. A ver, fijémonos en las fechas, es que Aquino llega casi ocho siglos después y sí, respeta a Agustín como el maestro, como una autoridad de la fe, por supuesto, pero como filósofo se atrevió a hacer algo que era casi impensable para la época, cuestionar sus doctrinas más profundas. Pero ojo, antes de llegar a la ruptura es fundamental entender la base que compartían. Aquí no se lo cargó todo ni mucho menos. De hecho, construyó su propio sistema sobre tres pilares agustinianos que eran importantísimos. El primer pilar es este. Ambos estaban totalmente de acuerdo en que existe una diferencia radical, un abismo metafísico entre el creador y lo creado. Digamos que esta es la base, el terreno de juego sobre el que ambos van a trabajar. Segundo punto en común, la idea de que el mundo de alguna forma es un reflejo de su creador. Y esto es clave porque Aquino va a esta idea y le va a dar una vuelta de tuerca para desarrollar su propia y complejísima doctrina de la participación. Y por último, la solución al problema del mal. Aquí no acepta la que es, sin duda, una idea brillante de Agustín. El mal no es una cosa en sí, no tiene entidad, sino que es la falta de algo, la ausencia del bien. ¿Vale? Con esto ya tenemos el terreno común filosófico que compartían. Y ahora sí, ahora llegamos al punto de quiebre, al conflicto central, al momento en que aquí no se separa de forma radical de su predecesor. Y todo, todo gira en torno a una única pregunta, ¿cómo conocemos las cosas? Este campo de batalla filosófico tiene un nombre, se llama noseología, o sea, la teoría del conocimiento. Y fue justo aquí donde se produjo ese choque de titanes que iba a definir los siglos que estaban por venir. Esta tabla lo resume de maravilla. Para Agustín la cosa estaba clara. Conocemos porque Dios ilumina nuestra mente como si fuera un sol que nos permite ver las verdades. Pero para aquí no. No, él propone algo revolucionario, que tenemos nuestra propia luz interior, una capacidad natural que él llama intelecto agente y que nos permite entender el mundo por nosotros mismos. Así que la madre del cordero es esta. Agustín ve la mente como un receptor pasivo que espera la luz divina. En cambio, aquí no la ve como un agente activo, una herramienta potentísima que extrae el conocimiento del mundo que nos rodea. Es un cambio de paradigma total. Claro, este desacuerdo no se quedó en una simple discusión entre académicos. tuvo unas consecuencias brutales. Un efecto dominó a largo plazo que resonó durante siglos. Vamos a ver cómo se despliega esta historia. Lejos de cerrar el debate, la muerte de Aquino lo que hizo fue avivarlo todavía más. Filósofos que vinieron después, como Dunse Escoto o Guillermo de Okam, recogieron el testigo y llevaron la discusión sobre el conocimiento a territorios completamente nuevos y fascinantes. Con el tiempo, esta diferencia de opinión se convirtió en una división. en un cisma irreconciliable dentro del pensamiento medieval. Se crearon dos bandos, por así decirlo. Los tomistas, que seguían la idea de la mente activa de Aquino, y los agustinistas, que se mantenían fieles a la iluminación divina del maestro original. Y aquí llegamos a una de las consecuencias más alucinantes. Este debate, tan abstracto tuvo un impacto muy muy real. Ayudó a separar la ciencia de la filosofía. Al decir que la mente humana tiene su propia luz para entender el mundo material, Aquino, sin saberlo, estaba abriendo la puerta para que ciencias como la física se independizaran para que pudieran confiar en la observación y la razón, sin necesitar una iluminación divina constante para cada paso. Ahora, a pesar del desafío de Aquino y de toda la evolución del pensamiento posterior, es fundamental que terminemos reforzando la figura de San Agustín, porque su influencia fue sencillamente monumental y perdurable. El balance final está claro. San Agustín fue el maestro indiscutible durante más de 1000 años. Su ingenio, su retórica y la originalidad de sus ideas lo convirtieron en una figura omnipresente. El desafío de Aquino no lo borro del mapa, pero sí que creó una nueva y potentísima corriente de pensamiento que a partir del siglo X iba a compartir el escenario intelectual, cambiando para siempre el rumbo de la filosofía en Occidente. Y todo esto nos deja con una pregunta final. ¿De verdad puede una sola idea, una idea sobre cómo conocemos definir el futuro de todo el saber? Pues la historia de Agustín Yaquino parece demostrar que sí. Una disputa sobre si la luz del conocimiento viene de fuera o de dentro de la mente humana acabó, fíjate, iluminando caminos radicalmente nuevos para la ciencia, para la filosofía y para nuestra propia comprensión de lo que significa pensar.