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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA II

01 | Los Dobles Humanos│ ESTRUCTURA DE LA VIDA HUMANA

A modo de ubicación en la temática de Antropología Filosófica II 2º año UNED Basado en el libro: Antropología filosófica II. Vida humana, persona y cultura Autor: San Martín Sala, Javier Creado con NotebookLM - Lista de reproducción ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA II https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGJFDlT5QONRwY0W_TT2H6Q

Transcripción

¿Alguna vez nos hemos parado a pensar si existen como dos versiones de uno mismo? Una la que el mundo ve, la que está ahí fuera, y otra la que solo conocemos por dentro. Pues bien, hoy vamos a meternos de lleno con una idea filosófica que va justo de eso, del concepto de los dobles humanos, una perspectiva dual que, ojo, podría ser la clave para entender quiénes somos realmente. Y todo empieza con una pregunta que, la verdad es bastante potente. ¿Basta con la biología o la ciencia para explicar del todo lo que significa ser humano? La antropología filosófica dice que no, que rotundamente no, que nos quedamos muy cortos y solo nos miramos, por así decirlo, desde fuera. Claro, es que para ir más allá de la simple biología hace falta otra mirada. Necesitamos una antropología que no nos trate como si fuéramos un objeto más en el mundo, sino que se atreva a explorar la experiencia misma de ser. Y aquí es donde entra un concepto fundamental, una antropología desde dentro. Y cuidado que no estamos hablando de cómo una cultura se ve a sí misma, ¿no? Hablamos de algo mucho más profundo, más íntimo. Es ese acceso único, directo y privilegiado que cada persona tiene a su propia vida, a su propia experiencia. Es, digamos, el testimonio en primera persona de lo que es ser humano. Los primeros que se pusieron a explorar esta dualidad de forma sistemática fueron Edmund Huseret y nuestro José Ortega y Gasette. Y para ellos, ojo, este doble humano no es una división sin más, no, no es la fuente de un conflicto, de una tensión constante que está en el mismísimo corazón de nuestro ser. Huser lo plantea de una manera muy clara. Por un lado está nuestro yo del día a día, el sujeto fáctico mundano, o sea, el cuerpo, el ser que se puede medir, pesar, estudiar, el que está sujeto a las leyes de la física y de la sociedad. Pero luego, por otro lado, está algo mucho más abstracto, la subjetividad trascendental. ¿Y qué es esto? pues es la fuente de nuestra razón, una especie de núcleo que está más allá del mundo físico y que es inmune a los baibenes de la historia. Para Huser, el yo mundano es una especie de manifestación, una autoobjetivación del yo trascendental y claro, de ahí surge un choque inevitable. Ortega y Gaset, que sigue esta línea, utiliza una estructura muy parecida, pero con sus propias palabras. Claro, él habla de la vida radical, que es esa experiencia primaria fundamental en la que todo sucede. Y luego están las realidades radicadas, que son pues las cosas que nos encontramos en esa vida, incluido nuestro propio cuerpo, visto como un animal más. De hecho, su famosísima frase "Yo soy yo y mi circunstancia", ya apunta a esta tensión, a esta dualidad entre un yo que actúa y un yo que, bueno, que está en el mundo. Y esto nos lleva a un problema que Ortega señala muy bien. Tenemos la manía de vernos a nosotros mismos como si fuéramos un objeto más. Nos aplicamos las mismas categorías que usamos para los demás y en el proceso se nos olvida eso que somos en el fondo, esa vida radical. Es como si nos escondiéramos de nosotros mismos. Así que quedémonos con esto, que es lo fundamental tanto en Huser como en Ortega. La relación entre nuestros dos yoes, entre estos dos dobles, es una tensión dialéctica. No es una convivencia tranquila y pacífica que va, es un conflicto permanente que según ellos define la existencia humana. Pero entonces llega Julián Marías, que fue discípulo de Ortega, y le da una vuelta de tuerca a todo esto. Propone algo que es, bueno, radicalmente diferente. Coge esa idea de la tensión y simplemente la desmonda. La idea central de Marías es simple, pero es una bomba. Elimina la tensión. Para él, la relación entre nuestros dos lados no es un conflicto, al contrario, es una transición completamente fluida. Él lo ve más bien como una relación de lo general a lo particular, como de género a especie. Por un lado está la estructura analítica, que es el concepto abstracto de la vida con sus condiciones necesarias, ¿no? Como tener un cuerpo, vivir en el tiempo. Y por otro está la estructura empírica, que es como todo eso se concreta en una biografía, el envejecimiento de una persona, su altura, su peso, eso es el hombre. Y la consecuencia de este planteamiento es tremenda. Marías dice que la antropología filosófica solo se tiene que ocupar del hombre, o sea, de la estructura empírica. Y la vida radical, la parte más profunda, la más fundamental, eso dice, es un tema para la metafísica, vamos, que recorta el campo de estudio de una manera drástica. En esta tabla se ve el contraste perfectamente. Mientras Huser y Ortega ven una tensión en la raíz misma del ser, Marías la disuelve, la convierte en una simple relación lógica y deja la parte más interesante para muchos fuera del alcance de la antropología. Pero claro, la historia no termina aquí. Y ahora entra en escena el último pensador de este recorrido, Javier San Martín, que lanza una crítica muy potente a Marías y propone una síntesis que la verdad es brillante porque recupera lo mejor de las visiones anteriores. La objeción de San Martín es directa y va al grano. Si la antropología renuncia a estudiar la vida radical, o sea, la experiencia fundamental de ser, entonces se está quedando sin su objeto de estudio más importante. se convierte, por así decirlo, en una ciencia menor. Por eso él propone justo lo contrario que Marías, una fórmula inversa. Para San Martín, esa estructura analítica, esas condiciones como la temporalidad o la corporeidad, no son una simple abstracción, no son un género, son el corazón mismo del ser humano, son aquellos y lo cual sencillamente no seríamos lo que somos. Muy bien. Si esta vida radical es tan importante, tan central, la pregunta es obvia. ¿Dónde la podemos ver en acción? ¿Dónde se hace concreta? ¿Dónde se puede estudiar? Y la respuesta es tan sencilla como poderosa en la cultura. La cultura es el gran escenario donde todas esas estructuras abstractas de la vida humana se despliegan, se hacen realidad y se vuelven visibles. Y San Martín nos da ejemplos muy tangibles de dónde pasa esto. En el trabajo, en el amor, en las relaciones de poder, en cómo nos enfrentamos a la muerte, incluso en el juego. Todos estos son escenarios donde nuestra vida radical se está manifestando y así de repente la antropología filosófica se convierte en una filosofía de la cultura. Bueno, hemos hecho un viaje intelectual fascinante, ¿verdad? desde un conflicto puramente interno hasta una gran manifestación cultural. ¿Y qué nos dice todo esto sobre quiénes somos en realidad? Hemos visto como la idea del doble humano ha ido evolucionando. Empieza como una tensión interna, casi un desgarro en Huserly Ortega. Después se simplifica hasta casi desaparecer con Marías y finalmente encuentra una solución, una realización en la propuesta de San Martín que la ve manifestarse en el Gran Teatro del Mundo, en la cultura. Y con esto llegamos a la pregunta final, una que nos devuelve la reflexión a cada uno. ¿Qué es lo que nos define de verdad? ¿Son los hechos concretos de una biografía, ¿esa estructura empírica que se puede narrar? ¿O es más bien esa estructura analítica que está por debajo, esa vida radical que es la condición misma que nos permite tener una biografía? La filosofía nos deja el mapa, pero la respuesta, la respuesta la tiene que encontrar cada uno.