← Volver al buscador
ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN
01 | Qué es la Antropología Filosófica | Objeto, método y funciones
Qué es la Antropología Filosófica | Objeto, método y funciones Define la disciplina como un saber de segundo grado y crítico que reflexiona sobre los datos de las ciencias positivas. Su objeto es el ser humano desde una perspectiva ontológica (el ser del hombre) y no meramente óntica. Su método es la reflexión trascendental y fenomenológica para integrar los conocimientos científicos sin reducirse a ellos.
Transcripción
A ver, ¿qué significa ser humano? Esta es, con toda probabilidad, la pregunta del millón, la más antigua, la más profunda. Y no es solo una curiosidad de filósofos, eh, es el eterno rompecabezas que de una forma u otra intentamos resolver cada día. Y claro, para enfrentarse a un misterio de este calibre hacen falta pistas, un montón de pistas. Pistas que vienen de nuestra biología, de millones de años de evolución, vistas de nuestra historia con todas sus luces y sus sombras. Y por supuesto, necesitamos las herramientas para unir todas esas piezas y esas nos las da la filosofía. Bueno, pues la disciplina que se pone el monodetective para esta investigación es precisamente la antropología filosófica. Nuestro plan de ataque para entenderla va a ser este. Primero veremos cuál es su objeto de estudio, después su método, luego sus funciones o su tarea principal y para terminar su gran conclusión. ¿Listos? Vamos allá. Empezamos por el objeto, quiénes somos. Y ojo, ese subtítulo, un blanco en constante movimiento, porque da en el clavo. El primer gran desafío es que el objeto de estudio somos nosotros mismos y no somos una foto fija ni mucho menos. Somos el resultado de un pasado biológico larguísimo y de una historia en la que no hemos parado de reinventarnos. Si echamos un vistazo superrápido a nuestra senda biológica, vemos algo alucinante. Lo más interesante de esta cronología no son solo las fechas, sino el orden. Fijaos. Primero aprendimos a caminar erguidos hace 6 millones de años y las primeras herramientas llegaron mucho después. Nuestro cerebro no empezó a crecer de forma significativa hasta bastante más tarde. O sea, que el cuerpo se nos adelantó, preparó el terreño para que millones de años después pudieran hacer la cultura. Y aquí está el giro de guion. Porque nuestra evolución no es solo una cuestión de huesos y genes que va en paralelo. Ha habido otra evolución potentísima, la de la idea que tenemos sobre nosotros mismos. El concepto de humanidad ha cambiado radicalmente a lo largo de la historia. Por ejemplo, si nos vamos a la antigüedad, tenemos tres pilares que todavía hoy nos sostienen. Para los griegos, éramos el animal racional, un ser definido por la palabra y la vida en comunidad en la polis. Para el pensamiento hebreo, la clave era otra. éramos un ser histórico definido por su relación personalísima con Dios. Y luego el cristianismo, que hizo una especie de fusión, nos presentó como un individuo separado de la naturaleza con un destino de salvación. Estas tres visiones, de alguna manera, siguen peleando dentro de nosotros. Y en medio de todo esto llega una fecha, un año que lo pone todo patas arriba y que obliga a Occidente a mirarse al espejo y a ver las grietas en su propia definición de ser humano. El encuentro con los pueblos de América fue un auténtico corto circuito mental para Europa. [resoplido] Eran humanos, tenían alma. Suena terrible, pero ese fue el debate. Figuras como Bartolomé de las Casas o Francisco de Vitoria se enzarzaron en discusiones brutales. Pero de ese conflicto tan duro surgió la tarea más importante de la antropología, la de entender que para saber quiénes somos primero tenemos que entender al otro. ¿Vale? Pasamos a la segunda parte, el método. Si nuestro objeto de estudio es tan complejo, tan escurridizo, ¿cómo lo estudiamos? Bueno, pues si el ser humano es como un texto vivo que se interpreta a sí mismo, necesitamos un método para leerlo. Y ese método es la hermenéutica, que no nos asuste el nombre. La hermenéutica en el fondo, es el arte de interpretar. Es lo que hacemos cuando nos enfrentamos a algo que no es sbido a primera vista, un poema, una costumbre de otra cultura, una ley. No se trata solo de traducir palabras, sino de captar todo un universo de significado que hay detrás. Este proceso se conoce como círculo hermenéutico, que suena muy técnico, pero es bastante intuitivo. Fijaos. Uno, siempre partimos de lo que ya sabemos, de nuestros prejuicios. Dos, nos encontramos con algo o alguien diferente. Tres, y esta es la clave, en lugar de imponer nuestra visión, abrimos un diálogo. Dejamos que esa otra visión nos cuestione. Y cuatro, el resultado es una fusión de horizontes. Nuestra comprensión se expande, se hace más rica. No se trata de que uno gane, sino de crecer juntos. Muy bien, ya tenemos el objeto y el método. Pero, ¿para qué sirve todo esto? ¿Cuál es la misión de la antropología filosófica? Pues podemos decir que tiene tres grandes funciones. La primera es la función ontológica. Ontos en griego significa ser. Así que esta es la tarea más básica, intentar responder a la gran pregunta de qué somos. consiste en todo lo que sabemos, desde la ciencia, la historia, el arte y tratar de construir con todo ello una imagen coherente, integral de lo que es un ser humano. La segunda función es la crítica y esta es seguramente la más incómoda, pero también la más necesaria. Consiste en girar el espejo hacia nosotros mismos y cuestionar esas ideas que damos por sentadas. ¿Son realmente universales o son un producto de nuestra cultura? ¿Qué prejuicios esconden? Es la tarea de la sospecha, de no dar nada por hecho. Y esta frase absolutamente brillante de Ortega y Gaset nos abre la puerta la tercera y última función. Si no tenemos una naturaleza fija, si lo que tenemos es historia, eso significa que no estamos predeterminados, que nuestro futuro no está escrito en piedra y de ahí nace la función utópica. Pero ojo, no entendamos utopía como un sueño imposible. Es la tarea de pensar en nuestras posibilidades. Si no estamos atados a una esencia fija, ¿en qué podemos convertirnos? La antropología filosófica no solo mira el pasado, sino que se atreve a imaginar futuros posibles para la humanidad. Es su lado más creativo. Y así llegamos al final. Pero la conclusión de este viaje no es una definición de diccionario cerrada y lista, es algo mucho más interesante. Es una invitación a seguir pensando. Esta frase de Edgar Morén es un poco un trabalenguas, pero es magistral. resume la paradoja que somos. Por un lado, nuestra biología, nuestra naturaleza, nos ha hecho capaces de crear cultura, pero por otro, esa misma cultura que creamos ha ido modelando nuestra biología. Es un bucle inseparable. Somos ese nudo entre naturaleza y cultura, un animal que, por definición nunca está terminado del todo. Lo que nos deja con esta última pregunta. Si ser humano no es algo que se es, sino algo que se está haciendo a cada momento, un proyecto siempre abierto, la responsabilidad de decidir cómo será ese próximo capítulo, en última instancia es nuestra.