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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Introducción a la Historia de la Edad Media | Emilio Mitre

02 05 Iglesia y cultura en la Europa carolingia

Iglesia y cultura en la Europa carolingia. La expansión de la Cristiandad. El Renacimiento carolingio. Los intentos de emancipación pontificia y reforma monacal. Segunda parte | La Alta Edad Media (siglos VIII al XI) | Los asaltos contra la Europa cristiana.

Transcripción

Vamos a adentrarnos hoy en un proyecto verdaderamente colosal, el intento de levantar un imperio cristiano unificado sobre las mismísimas ruinas de Roma. Veremos cuál fue su ambicioso plan cultural, qué fuerzas lo movían y, sobre todo, el sorprendente legado que Acabó naciendo de sus cenizas. Mirad, esta cita de Marcel Packout es que lo clava. resume a la perfección la naturaleza de este imperio de Carlo Magno. Pensemos un momento en ello. Tenía el nombre, el prestigio de Roma, una estructura, unas instituciones puramente germánicas y por encima de todo un motor cristiano que lo movía absolutamente todo, un híbrido fascinante. Y ojo que ese motor cristiano tenían nombre y apellidos, dilatio cristianitatis. Esto no era solo una idea bonita, un concepto espiritual, no, no era la ideología central que unían la conquista militar con la misión religiosa. Y esto es clave para entenderlo todo. El imperio y la cristiandad occidental se convirtieron en la práctica en la misma cosa. Expandir el reino era literalmente expandir la fe. Muy bien, tenemos la ideología. Pero, ¿cómo se lleva todo esto a la práctica? Pues vamos a ver que para expandir la fe se usaron dos métodos que no podían ser más distintos entre sí. Uno se basaba en la persuasión y el otro, bueno, el otro se basaba en la fuerza bruta. Primero tenemos el método de la paciencia, de la persuasión y su mejor ejemplo es San Bonifacio. Su trabajo fue el modelo a seguir de la expansión misionera. No fue cosa de un día, eh, hablamos de décadas dedicadas a construir poco a poco la infraestructura de la Iglesia en tierras paganas, fundando diócesis, creando monasterios, un trabajo de hormiguita estructural y a muy largo plazo. Pero claro, este método paciente choca de frente con la otra cara de la moneda, la otra cara de la expansión carolíia, una cara bastante más oscura y creo que esto lo ilustra de una forma brutal. El caso de los sajones fue todo lo contrario a la misión de Bonifacio. Aquí la conversión se consiguió a base de campañas militares, de bautismos en masa totalmente forzosos y de actos que hoy llamaríamos sin duda, terrorismo de estado, como esta masacre de Verden. Dos caminos muy distintos para un único objetivo, un imperio, una fe. Bien, ya tenemos un imperio enorme forjado a fe y a espada. Ahora, la gran pregunta es, ¿cómo se administra todo esto? Y esa pregunta nos lleva directos al gran proyecto cultural Carolingio, al que a menudo se le llama simplemente el renacimiento. La palabra renacimiento suena muy grande, ¿verdad? Suena a arte, a filosofía, a un florecimiento increíble, pero fue de verdad un renacimiento en ese sentido. Si rascamos un poco la superficie, la realidad que encontramos es bastante más compleja y, sobre todo, mucho más práctica. Si lo analizamos, vemos varias cosas. Primero, de original tenía más bien poco. Se apoyó mucho en trabajos que ya se habían hecho en otros sitios como Sevilla. Segundo, su objetivo era totalmente utilitario. Se necesitaban administradores y clérigos que supieran leer y escribir para que el chiringuito imperial funcionara. Y por eso mismo era superelitista. La cultura era una herramienta de gobierno, no un proyecto para educar a la gente. Y la figura que mejor representa este enfoque tan pragmático es el hombre que estuvo detrás de todo, al cuino de York. Pero cuidado, no nos imaginemos a un genio creativo, a un Leonardo da Vinci de la época. Al cuino era por encima de todo un organizador brillante, un gestor cultural extraordinario, justo lo que Carlo Magno necesitaba para estandarizar los textos y formar a la gente necesaria para que la maquinaria del imperio echara anda. Pero claro, un imperio construido de forma tan personalista, tan en torno a una figura como la de Carlo Magno, tenía una debilidad fundamental, era frágil. Y cuando él desaparece, todo empieza a romperse y es justo en ese colapso, en esas grietas donde va a surgir una oportunidad inesperada para un poder completamente nuevo. A partir del año 840, ese gran edificio que había construido Carlo Magno empieza a resquebrajarse por todas partes. Por un lado, las luchas internas entre sus herederos son feroces y, por otro, las invasiones de húngaros y vikingos son devastadoras. La autoridad central se desvanece y deja un vacío de poder gigantesco en Europa. Y en medio de todo este caos, la Iglesia hace una jugada maestra. Aparecen las llamadas falsas decretales. ¿Qué eran? Pues básicamente una colección de documentos falsificados, pero con un objetivo clarísimo, levantar un muro legal para proteger a la Iglesia de la intromisión de los reyes y de los nobles, una especie de blindaje jurídico. ¿Y qué decían estos documentos? Pues afirmaban cosas que en ese momento eran una auténtica bomba. por ejemplo, que solo el Papa podía convocar concilios o que ningún rey o noble podía quitar de su puesto a un obispo y que las propiedades de la iglesia eran intocables. En esencia, estaban diseñando una iglesia autónoma, una superpotencia espiritual y legal con el Papa al mando de todo. Y esto no se quedó en papel mojado, ¿eh? El Papa Nicolás Io fue el primero que cogió esta teoría y la usó como un arma. Se enfrentó sin complejos a reyes como Lotario Segundo y fue capaz de doblegar incluso a Inmar de Re, que era uno de los arzobispos más poderosos de toda Europa. El mensaje era claro. Un nuevo poder, el del papado, estaba naciendo con una fuerza arrolladora. Todo esto nos lleva a la última parte de la historia y quizá la más sorprendente, porque de las cenizas de ese orden carolíngio que se desmoronaba, iba a surgir una iglesia reformada y mucho más poderosa de lo que había sido nunca. El panorama a finales del siglo noveno era desolador, no hay otra palabra. Las invasiones continuas, el poder cada vez mayor de los señores feudales, todo había provocado el colapso de la vida monástica y del orden en la iglesia. Daba la sensación de que se estaba acabando una era. Pero entonces, en mitad de toda esa oscuridad, una fecha, una sola fecha lo va a cambiar todo. 910. un punto de inflexión clave en la historia de Europa. En el año 910 en La Borgoña se funda la abadía de Cloney y desde este monasterio va a empezar un movimiento de regeneración que cambiará para siempre el rostro de la cristiandad occidental. ¿Y por qué fue Cloney tan tan revolucionaria? Pues por una idea genial, su independencia. Al ser fundada se la puso directamente bajo la protección del Papa. Esto la liberaba por completo del control de los reyes y los obispos locales, y esa libertad le permitió empezar una reforma espiritual profundísima, basada en volver a la regla benedictina más estricta, un movimiento que se extendió como la pólvora por toda Europa y que puso los cimientos de la futura supremacía del papado. Y con esto llegamos a una pregunta final casi inevitable. El gran proyecto político de Carlo Magno, su imperio fracasó, se desintegró, pero de esas mismas ruinas emergió una iglesia más fuerte, más centralizada y más poderosa que nunca. Así que si lo pensamos bien, ¿quién fue el verdadero heredero de Carlo Magno? Quizá no fue un emperador, sino un papado que estaba listo para dominar el milenio que venía.