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ÚLTIMAS TENDENCIAS DEL ARTE
02 05 Miradas sostenidas
Últimas tendencias del arte - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Basado en el libro:
Arte desde los setenta. Prácticas en lo político
Autor: Aznar, Yayo; López, Jesús
Creado con Notebook LM
Transcripción
¿Alguna vez se ha tenido la sensación de que el mundo nos bombardea con imágenes? Pues ahí vamos a analizar precisamente eso, cómo el arte político intenta despertarnos en mitad de todo ese ruido. Es que vivimos en una era de, bueno, de shock constante, un bombardeo sin fin de imágenes, de noticias, de experiencias. La pensadora Susan Bookmorse llegó a sugerir que quizá esto es lo único que de verdad compartimos todos en la vida moderna. Y claro, antes semejante avalancha, la pregunta es inevitable. ¿Cómo hemos aprendido a lidiar con todo esto sin perder la cabeza? Empezamos con la primera parte, la mirada anestesiada. Vamos a ver cómo hemos llegado a este punto de insensibilidad en un mundo lleno de impactos. La idea principal es esta. Para protegernos de tantos estímulos, de tantos golpes visuales, hemos desarrollado una especie de anestesia psicológica. Así lo veían pensadores como Walter Benjamin. Es un mecanismo de defensa que nos mantiene distraídos y, siendo sinceros, un poco insensibles. Y justo aquí es donde entra en juego el arte. Porque hay artistas que no buscan crear algo meramente bonito, ¿no? Su objetivo es precisamente despertarnos, sacudirnos de ese letargo. Lo que buscan es activar lo que Benjamín llamaba la mirada dialéctica, que no es una forma pasiva de mirar para nada, es un desajío. La obra te interpela, te incomoda, te obliga a pensar y a reexaminar lo que tienes delante. Pasamos a la segunda parte, la emboscada del arte. Y vamos a ver por qué los museos y las galerías son el lugar perfecto para que esto suceda. Hay que pensarlo un momento. Cuando se entra a un museo, normalmente se va con la guardia baja, con una predisposición a sentir, a experimentar. Se espera encontrar belleza, reflexión, pero casi nunca una confrontación directa. Y es justo ahí, en ese estado de relajación donde el arte puede pillarnos desprevenidos y provocar un impacto de verdad. Por supuesto, no todo el mundo está de acuerdo. El escritor Mario Vargas Josa, por ejemplo, es bastante más crítico. Para él, el arte moderno es como un carnaval donde se mezcla todo. El talento con la pillería, lo auténtico con lo falso, un lugar donde, según dice, todo vale y nada vale. Pero la fuente que estamos analizando lanza una pregunta muy interesante. ¿Y si esa misma crítica no es más que otro mecanismo de defensa? Quizá un deseo, a lo mejor inconsciente, de no salir de nuestra cómoda zona de confort? Vale, vamos a lo concreto. Tercera parte, cuatro experimentos artísticos divididos en dos comparaciones. Comparamos dos enfoques muy distintos. Por un lado, la obra Last Riot, un colage digital super estético, espectacular, casi teatral, pero se argumenta que precisamente por ser tan artificial no logra conmover de verdad. Y por otro lado tenemos Tall Ships de Gary Hill. Esto es otra cosa. Una experiencia sutil, un pasillo oscuro con proyecciones de personas como fantasmas que se acercan. Es mucho más sobrio, pero consigue inquietar de una forma mucho más profunda, mucho más real. Esta segunda comparación es fascinante. La obra de Thomas Rof es una imagen del 11s, pero es tan bonita, tan estética que casi nos hace olvidar el horror que representa aquí. La belleza en cierto modo oculta la realidad. y en el otro extremo, el neón de Fernando Sánchez Castillo, un titular ridículo, absurdo, que sin embargo, se usó en Brasil para desviar la atención de un golpe de estado. Aquí el sin sentido se utiliza para señalar una verdad oculta para que nos preguntemos qué se está escondiendo detrás de esta tontería. Bien, salimos ahora de la galería de arte, cuarta sección, imaginación contra complicidad, porque esto va mucho más allá de las paredes de un museo. Para que el arte tenga un efecto político real, necesita dos cosas. Primero, imaginación. Pero ojo, no como una fantasía para escapar de la realidad, sino como una herramienta social radical para poder imaginar otras formas de vivir en sociedad. Y segundo, la complicidad. Esa verdad incómoda de que como consumidores a menudo somos parte del problema, apoyando los mismos sistemas que criticamos. Un ejemplo clarísimo de esto fue el movimiento 15M en Madrid. Ese grito que no, que no, que no nos representan. Era una declaración brutal sobre la crisis de las ideas que nos unen como sociedad. estaban pidiendo a gritos nuevas formas de imaginar un futuro. Y volviendo al tema de la complicidad, el sociólogo Néstor García Kanlini deja caer una pregunta que es demoledora. ¿Y si nuestra complicidad como consumidores, nuestro papel en el sistema, es en realidad uno de los pilares que mantiene la estabilidad política? Da que pensar, ¿eh? Y con esto llegamos a la última parte, cambiar nuestra forma de ver, porque en el fondo de esto va todo. Aquí está la clave de todo. El arte político más potente no busca dar un sermón o un eslogan. Su meta, como diría el filósofo Shak Ransier, es mucho más ambiciosa. Busca una reconfiguración de lo sensible. O sea, para que nos entendamos, el objetivo es reprogramar nuestra percepción, no cambiar solo qué vemos, sino, y esto es lo importante, cambiar cómo vemos el mundo. No se trata de actualizar una aplicación, sino de reinstalar por completo el sistema operativo de nuestra mirada. Así que la reflexión final que nos deja todo esto es una pregunta que puede cambiarlo todo. Y si la verdadera función del arte no fuera gustar ni ser bonito, ni siquiera entenderse a la primera, sino simplemente hacernos A ver.