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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Introducción a la Historia de la Edad Media | Emilio Mitre

02 06 El nuevo asalto contra la Europa cristiana

El nuevo asalto contra la Europa cristiana. Los pueblos de las estepas. Los sarracenos. Los eslavos. Los normandos y su expansión. La trayectoria política del Occidente ante las invasiones. Segunda parte | La Alta Edad Media (siglos VIII al XI) | Los asaltos contra la Europa cristiana.

Transcripción

Tras la muerte de Carlo Magno en el 814 y durante casi 200 años, Europa se vio envuelta en un caos tremendo. Aquel gran imperio que había construido se empezó a desmoronar por dentro, mientras que por fuera nuevos y feroces pueblos golpeaban sus fronteras. Fue, sin duda, una época de fuego, de miedo, de colapso, pero también, y esto es lo importante, de una transformación profundísima. Esa es la gran pregunta, ¿verdad? Y los siglos noveno y dé nos dan una respuesta que es a la vez brutal y fascinante. Hoy nos vamos a meter de lleno en la historia de cómo la cristiandad occidental fue puesta a prueba, asediada por todos los frentes posibles y como de todas esas cenizas acabó surgiendo una Europa completamente nueva. Bien, ¿cuál es nuestro plan de viaje? Empezaremos viendo cómo se fragmenta el imperio. Después nos enfrentaremos a los asaltos que llegaron desde el este, el sur y el norte. Veremos la respuesta que surgió de todo este caos, la respuesta feudal, y acabaremos echando un vistazo al nuevo rostro de Europa que se forjó en todo este proceso. A ver, el gran sueño de Carlomani de un imperio unido, pues se vino abajo con su muerte. Sus herederos se repartieron el territorio, se pelearon entre ellos y, claro, debilitaron el poder central hasta casi desaparecer. Esta fragmentación interna, esta incapacidad de actuar juntos fue la invitación perfecta para las amenazas exteriores. Europa era un gigante, sí, pero un gigante enfermo y muy muy vulnerable. Pero ojo, aquí hay un matiz crucial y lo resume a la perfección el historiador Luden Muset. Aunque la época fue terrible, absolutamente destructiva, las estructuras fundamentales de Europa no desaparecieron del todo. Fueron sacudidas, puestas a prueba hasta el límite y remodeladas, pero sobrevivieron. Se perdió mucha riqueza, se perdió la seguridad, pero no la esencia de la civilización. Y la primera gran amenaza vino galopando literalmente desde las enormes estepas de Urasia. Eran jinetes nómadas, herederos de una larga tradición de guerreros como los unos o los ávaros. Se les conocía como los magiares y su llegada, bueno, su llegada sembró el pánico por todo el continente. Es que el alcance de sus ataques era inmenso. Los magiares no buscaban conquistar y quedarse, ¿no? Su negocio era el saqueo y su caballería ligera era increíblemente rápida y letal. Desde su base en Panonia, lo que hoy es Hungría, lanzaban racias que llegaban a sitios tan lejanos como Orleans en Francia, los mismísimos Pirineos o Bremen en el norte de Germania. durante décadas fueron el auténtico azote de Europa central. Pero como suele pasar, toda marea tiene su fin y ese fin llegó en el año 955. Un nuevo poder fuerte en Germania, liderado por ON primero, les plantó cara en la batalla de Ausburgo. Y la victoria germana fue aplastante total. no solo detuvo las incustiones magiares para siempre, sino que también consolidó el poder de la dinastía otoniana, que sería la base del futuro sacro imperio. Los magiares, por su parte, se asentaron y con el tiempo se convirtieron al cristianismo, formando lo que sería el reino de Hunglía. Pero la cosa no acaba ahí. Mientras los magiares aterrorizaban el corazón del continente por tierra, dos nuevas amenazas surgían desde el mar, completando un cerco casi perfecto. Desde el Mediterráneo y desde el Atlántico, Europa estaba siendo golpeada sin descanso. Por el sur llegaron los aracenos. Es importante entender que esta segunda oleada musulmana no fue como la gran expansión inicial. Aquí el objetivo principal no era la conquista de grandes territorios, era el botín. eran piratas corsarios que veían en las costas de la cristiandad una fuente de riqueza fácil. Establecieron bases muy estratégicas, por ejemplo, en Sicilia o en el sur de Italia, pero una de las más peligrosas fue la de Fraxinetum, en la costa de la actual Francia. Desde allí no solo saqueaban la costa, es que se adentraban en el interior y llegaron a amenazar el comercio que pasaba por los Alpes. Vamos, que estaban asfixiando una de las arterias económicas de Europa. Y por el norte, por el norte llegaron los invasores más famosos, ¿no? Los normandos, o como todo el mundo los conoce, los vikingos. Su nombre se convirtió en sinónimo de terror y de caos. Durante más de un siglo, sus ataques rápidos e impredecibles definieron la vida y, sobre todo, la muerte para millones de europeos. Su alcance es que es alucinante, de verdad. Empezaron con saqueos brutales como el del monasterio del indis farne, pero su actividad fue evolucionando muy rápido. Pasaron del saqueo a la colonización de tierras como Islandia, a la creación de estados como el Dúcado de Normandía y, finalmente, a una exploración que los llevó nada menos que a Norteamérica. siglos antes que Colón. Y ojo, porque no eran un grupo único. Los noruegos se centraron en la ruta del oeste explorando el Atlántico. Los daneses lanzaron invasiones a gran escala sobre Inglaterra y Francia, llegando a crear el Danelao, una zona enorme de Inglaterra bajo su control. Y los suecos, por su parte, tomaron la ruta del este. Se adentraron en los ríos de la actual Rusia, donde se les conoció como varegos, y formaron el núcleo del primer estado ruso, la Rus de Kiev. Su impacto fue de verdad global. Ante este asalto total por tierra y mar, la vieja estructura del imperio Carolingio se demostró completamente inútil. Entonces, ¿cómo respondió la sociedad europea a esta amenaza existencial? Pues la respuesta no vino de los reyes, vino desde abajo. Nació de la pura necesidad y cambió Europa para siempre. Aquí está el quid de la cuestión. Un rey que vivía muy lejos era demasiado lento para detener a unos vikingos que estaban remontando el río Sena. La defensa tenía que ser inmediata, local, rapidísima y esa protección, la protección real y efectiva, la ofrecían los condes y los duques locales. Al estar sobre el terreno se ganaron la lealtad de la gente, una lealtad que los reyes ya no podían reclamar. El poder se fue con quien ofrecía seguridad. Y a ese sistema es a lo que llamamos feudalismo. No fue una teoría política de un sabio, no. Fue una solución práctica y desesperada a la inseguridad que había por todas partes. El poder se atomizó. La autoridad ya no estaba en un emperador lejano, sino en el señor local, cuyo castillo era el único refugio seguro en kilómetros a la redonda. Y en ningún sitio fue este colapso del poder central más bestia que en Italia. Al desaparecer la autoridad imperial, la península se sumió en una anarquía total y la institución, que se suponía que era el faro moral de la cristiandad, el papado, se hundió en su etapa más oscura. Este periodo se conoce como la edad de hierro del pontificado. Y hay un ejemplo que lo resume todo de una forma espeluznante, el llamado sínodo del cadáver. Sí, sí, como suena. Fue un evento real en el que el Papa Esteban VI hizo desenterrar el cuerpo de su predecesor, el Papa Formoso, lo vistió con sus ropas, lo sentó en un trono y lo sometió a juicio. Una imagen que captura la perfección, la degradación política y moral de la época. Bueno, y entonces, ¿cuál fue el resultado final de todo este caos? Después de dos siglos de fuego y de furia, Europa ya no volvió a ser la misma, porque las invasiones no solo destruyeron, también forjaron algo completamente nuevo. El punto crucial es este. La cristiandad occidental sobrevivió y, de hecho, se reafirmó. El centro de gravedad de Europa se movió definitivamente hacia el noroeste, hacia los reinos de Francia y Grmania. El feudalismo se convirtió en el sistema dominante y quizás lo más importante, los invasores no se quedaron fuera, sino que fueron absorbidos por el sistema. En lugar de ser una amenaza eterna, los magiares, polacos, croatas y normandos se asentaron, se convirtieron al cristianismo y crearon sus propios reinos. Hungría, Polonia, Croacia, el ducado de Normandía. De repente se formó un anillo de nuevos estados que expandieron las fronteras de la cristiandad y que además servirían como una barrera frente a futuras amenazas. Y el caso de los Normandos es la culminación perfecta de todo este proceso. Al vikingo Rolón le dieron tierras para que dejara de saquear Francia y con ellas fundó el ducado de Normandía. Poco más de un siglo después, su descendiente, Guillermo el Conquistador, zarpó de esas mismas tierras para conquistar Inglaterra y fundar una dinastía que cambiaría la historia del mundo. El ciclo de invasor a constructor de naciones se había completado. Así que para terminar nos queda esta pregunta en el aire. ¿Fue este periodo de caos, este nuevo asalto? simplemente una época de destrucción o fue en realidad el crisol donde a través del fuego y la presión se forjaron las estructuras políticas, sociales y militares de una Europa feudal que con el tiempo llegaría a dominar el escenario mundial. Una transformación violenta, desde luego, pero absolutamente fundamental.