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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Introducción a la Historia de la Edad Media | Emilio Mitre
02 07 La Europa del Año 1000 | Los primeros intentos de recuperación
La Europa del Año 1000 | Los primeros intentos de recuperación.
La restauración imperial otónida.
Al margen de la influencia política del Sacro Imperio.
Segunda parte | La Alta Edad Media (siglos VIII al XI) | Los asaltos contra la Europa cristiana.
Transcripción
el año 1000. Solo con decir la fecha ya nos vienen a la cabeza que pues seguramente imágenes de terror, de apocalipsis, de una Europa oscura, ¿verdad? Pero y si no fue exactamente así. Vamos a ver qué nos cuentan las fuentes de la época sobre un continente que sí estaba sumido en el caos, pero que al mismo tiempo, ojo, ya estaba dando sus primeros decididos pasos para salir adelante. Vale, empecemos por el principio, por esa idea tan extendida, el mito del año 1000. La imagen que casi todo el mundo tiene es la de una cristianat paralizada por el terror, ¿no? Pensando que con ese número tan redondo el 1000 llegaba el fin del mundo. Es una imagen muy potente, la verdad, casi de película, pero claro, la pregunta es, ¿cuánto de esto es real? Entonces, la gran cuestión es, ¿era Europa de verdad esa especie de plaza sitiada que se suele pintar una sociedad completamente bloqueada por el pánico al fin del mundo? A ver, seamos sinceros, motivos para tener miedo, un miedo muy muy real. Lo sabía. Vaya, si lo sabía. Es que las pruebas de que aquello era un caos constante son bueno, son abrumadoras. El acufo de los Normandos, por ejemplo, era continuo y brutal. Fijaos, en el 924 saquean Borgoia. En el 970 Santiago de Compostela sufre un castigo tremendo. E incluso ya entrado el siglo X tenemos a Olaf de Noruega con sus incursiones devastadoras por Francia. O sea, que sí, ese ambiente de asedio, de no estar seguro en ningún sitio, eso era muy real. Pero, y aquí viene el gran pero, como siempre pasa en la historia, la realidad es mucho más complicada. A pesar de todo ese caos, el año 1000 no fue ni de lejos el peor momento para la cristiandad. De hecho, es que esa idea del miedo al fin del mundo no es algo exclusivo de esta fecha, para nada. Era algo que estaba ahí siempre presente en la mentalidad de la gente de la Edad Media. Y aquí es donde la cosa se pone de verdad interesante, porque justo en medio de todo ese desorden aparente estaban surgiendo ya síntomas, síntomas muy claros de recuperación. una especie de renacimiento cultural y espiritual que un cronista de la época describió de una forma que es sencillamente perfecta. Hablo de Raúl Claver y mirad qué palabras tan potentes. Parecía como si el mundo, queriendo sacudirse de sus sucios arapos, fuera a vestirse con el blanco manto de las iglesias. Qué maravilla es que esta frase lo resume todo. Le escribe de forma brillante el nacimiento del románico, que fue ni más ni menos que la primera gran expresión artística de toda Europa. Y estaba naciendo ahí en ese momento, con una fuerza increíble. Pero bueno, esta recuperación no fue solo cultural. que va, vamos a meternos ahora en el terreno de la política porque ahí también se estaban moviendo cosas muy importantes y nos vamos a centrar en el intento más grande, más ambicioso de la época, la idea de restaurar un imperio en Germania de la mano de la dinastía otónida. El protagonista de todo esto es Otón Io y su ascenso al poder fue, la verdad muy metódico, muy eficaz. Mirad la secuencia. En el 951 se corona rey de los lombardos. En el 955 consigue dos victorias clave contra magiares y eslavos que les sirven para asegurar las fronteras. Y el gran momento, el punto culminante, llega en el 962. Viaja a Roma y el Papa lo corona emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. ¿A qué suena familiar? Claro, es que es un eco clarísimo de lo que hizo Carlo Magno casi 200 años antes. Ojo que aunque sonara Carlo Magno, este nuevo imperio tenía susperos. Sus limitaciones eran bastante claras. Para empezar, el territorio era mucho más pequeño que el de Carlo Magno. Además, el emperador Otónida no era un líder absoluto. Era más bien un primus interpares, o sea, el primero entre iguales, que tenía que lidiar con otros duques muy poderosos. Y por si fuera poco, su título de emperador tenía competencia. Ahí estaban el emperador de Bizancio y los reyes anglosajones con sus títulos rimbombantes. No estaba solo en el tablero, pero el sueño alcanzó su punto más alto con Otón Tercero. Este hombre tenía una visión grandiosa, de verdad. quería un imperio renovado que mezclara lo mejor de dos mundos, la eficacia de Carlo Magno y la dignidad del Imperio Bizantino. Y para esta tarea tuvo un socio de lujo, el Papa Silvestre II, que era un personaje fascinante, un sabio en toda regla. Y juntos los dos soñaron con un imperio cristiano universal con capital, donde si no, en la mismísima Roma. Y de repente todo se viene abajo. Todo este proyecto tan ambicioso se derrumba en un año. Una fecha clave, el día 02, es casi una tragedia griega. Ese mismo año mueren los dos, el joven emperador y el sabio papa. El golpe fue tremendo y con ellos, claro, el sueño de ese imperio universal se esfunó así de rápido, lo que nos demuestra lo frágiles que eran estos primeros intentos de reconstruir algo grande. Pero cuidado, porque la historia de Europa en el año 1000 no se acaba con el Imperio Germánico, ni mucho menos. Mientras todo esto pasaba, en otras partes del continente estaban ocurriendo cambios importantísimos, transformaciones que iban a marcar de verdad el futuro. Vámonos a Francia, por ejemplo. Allí el cambio fue total. En el 987 se muere Luis V, que era el último rey de la dinastía Carolingia. Y aquí la nobleza hace una jugada maestra. Con el apoyo de la Iglesia que fue clave, deciden que la corona ya no se hereda, sino que se elige y eligen a Hugo Capeto. Y ojo con ese apoyo de la Iglesia, porque eso le dio a la nueva dinastía una legitimidad divina por encima de otros nobles que eran igual de fuertes. Se forjó una alianza entre la corona y la iglesia que iba a definir Francia durante siglos. Así sin más nacía la dinastía de los Capeto y mientras tanto el resto del mapa no estaba quieto. El panorama era superdinámico, muy competitivo. Si miramos al norte tenemos a Canuto el Grande montando un imperio danés en el Mar del Norte. Fue algo que duró poco, pero era inmenso y le plantaba cara al Imperio Germánico. Y si miramos al sur, a la península ibérica, la situación era brutal. El califato de Córdoba, con el temible alzor al mando, tenía los reinos cristianos contra las cuerdas, con unas racias, unas incursiones que llegaron a sitios como Barcelona o la mismísima Santiago de Compostela. Pero aquí de nuevo el año 1002 lo cambia todo. Justo ese año muere al Manzor y con él se derrumba el califato de Córdoba. Se rumbe en mil pedazos, en pequeños reinos, las famosas taifas. Y esto es un giro de guion total, porque los reinos cristianos que hasta ese momento habían estado a la defensiva pagando tributos, de repente ven la oportunidad, ven la ocasión de pasar al ataque, de tomar la iniciativa. Entonces, si juntamos todas estas piezas del puzzle, ¿qué tenemos? Pues no tenemos una foto en blanco y negro de oscuridad y terror, para nada. Lo que tenemos es más bien un amanecer, pero un amanecer lleno de contrastes. Un continente que estaba en plena ebulición. Las viejas estructuras se caían a trozos, sí, pero al mismo tiempo estaban naciendo tras nuevas con una fuerza tremenda. El resumen es que el panorama es un auténtico mosaico. A ver, repasemos. En el Sacro Imperio, un intento de volver a ser grandes, muy ambicioso, pero también muy frágil. En Francia nace una nueva dinastía con un poder que al principio es más simbólico que otra cosa, pero que está poniendo los cimientos del futuro. Inglaterra es un herbidero de alianzas que cambian constantemente entre escandinavos y normandos. Y en la península ibérica el hundimiento de un poder colosal le abre la puerta de par en par al avance de otro. Y todo esto nos lleva a la gran pregunta final. ¿El año 1000 fue el final de un mundo viejo y en decadencia o fue más bien el verdadero principio? Caótico, sí, pero el principio de la Europa medieval que luego conoceríamos. Fue un amanecer lleno de contrastes, un momento en el que entre los escomplos de lo que se estaba cayendo ya se estaban levantando ladrillo a ladrillo los cimientos del futuro. No.