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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN

02 | Dificultades generales de la antropología filosófica

Dificultades generales de la antropología filosófica Aborda los problemas intrínsecos de la disciplina: el círculo epistemológico (el sujeto que estudia es el mismo objeto estudiado), la falta de consenso sobre el método, el historicismo (la naturaleza humana cambia con la historia) y la competencia con las ciencias positivas que fragmentan el saber sobre el hombre.

Transcripción

Hoy vamos a meternos de lleno en una difícina académica que es la verdad fascinante, pero que vive una crisis de identidad tremenda, la antropología filosófica. Vamos a ver cuáles son esos desafíos tan enormes a los que se enfrenta. A ver, ¿nos podemos imaginar que todo un campo de estudio sea, bueno, pues eso, criticado y apartado por casi todo el mundo? Pues aunque suene a exageración, este parece ser el drama que vive la antropología filosófica. Y es que, como decimos, es una rama del saber que está luchando y mucho por encontrar su sitio en el mundo académico actual. Una disciplina que está, como veremos enseguida, atrapada entre la espada y la pared. Su problema es que es un caso único, no es que tenga un solo crítico, no, es que le llueven los palos desde dos frentes muy potentes y que además son opuestos entre sí. Por un lado, la ciencia y por otro la propia filosofía. Este doble ataque es muy claro. Fijaos, por un lado están los científicos que la descartan diciendo que es demasiado especulativa. Su argumento es simple. Si quieres estudiar al ser humano, tienes que usar el método científico. Y por otro lado, que esto es lo más llamativo, muchos filósofos la miran con bastante recelo, la acusan de ser básicamente un refrito de la historia de la filosofía o peor todavía, una especie de teología con un disfraz moderno. Pero bueno, que no todos los ataques vienen de fuera, ¿eh? La propia disciplina sufre una confusión interna enorme, una falta de definición que la debilita desde sus propios cimientos. El lío, la verdad, es considerable. Para empezar, parece que Nadia se pone de acuerdo sobre qué significa exactamente la palabra filosófica en su nombre. Luego está otro tema y es que a menudo sus defensores parecen ignorar por completo los avances de las ciencias humanas, lo que hace que sus ideas suenen un poco anticuadas. Y ya para rematar, el debate de fondo. ¿Esto es solo una filosofía sobre el ser humano o aspira a ser algo mucho más grande a convertirse en la base de toda la filosofía? Casi nada. De todos sus problemas, quizás el más gordo, el obstáculo más difícil de saltar es el dominio aplastante de la ciencia como el único modelo de conocimiento que parece válido hoy en día. Para entender esta presión, pensemos un momento en la física. Nació como una parte de la filosofía, ¿verdad? como un saber especulativo sobre la naturaleza, pero tuvo que adoptar el método científico para llegar a ser la ciencia que es hoy. El mensaje que se le manda a la antropología filosófica es bastante claro. O sigues este mismo camino o te vas a quedar atrás. Así que claro, el punto crucial es que al resistirse a convertirse en una ciencia empírica, a menudo se le cuelga la etiqueta de precientífica, que vamos, es una forma un poco fina de decir que está estancada en una etapa ya superada del conocimiento. Y esa es una acusación muy muy difícil de rebatir. Y con esto llegamos al último problema que es una auténtica paradoja. Su campo de estudio es tan pero tan inmenso que corre el riesgo de no significar absolutamente nada concreto. Aquí está el dilema. A ver si se entiende bien. Si partimos de la base de que toda experiencia que podemos analizar es por definición humana, entonces un análisis filosófico de la experiencia humana es, en el fondo, toda la filosofía. ¿Cómo delimitas un campo de estudio si tu objeto de estudio lo abarca literalmente todo? Y ojo que esta crítica no la hace cualquiera. El mismísimo Martin Heidegger ya la rechazó precisamente por esto. Su argumento era demoledor. La disciplina es tan amplia, tan general, que al final se diluye, se pierde en la indeterminación. Es incapaz de ofrecer un contenido que sea específico y definido. Así que después de todo este recorrido, la pregunta es inevitable. Con este panorama, rechazo por fuera, confusión por dentro, un alcance casi infinito, parece que la disciplina está sentenciada. Pero, ¿y si le damos la vuelta a la tortilla? En un mundo que busca respuestas cada vez más y más especializadas. Y si esa falta de límites, esa negativa a dejarse encasillar, no fuera su mayor debilidad, sino precisamente su mayor fortaleza, quizás es la única que nos permita hacernos las preguntas más grandes sobre lo que somos. Ahí queda la reflexión.