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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Introducción a la Historia de la Edad Media | Emilio Mitre

03 02 La contraofensiva occidental en el Mediterráneo | Las Cruzadas

La contraofensiva occidental en el Mediterráneo | Las Cruzadas. Las Cruzadas y su significado. El Reino latino de Jerusalén. Las expediciones del siglo XIII y el deterioro del ideal cruzadista. Tercera parte | La plenitud del Medievo (siglos XI al XIV) | La expansión del Occidente europeo.

Transcripción

A ver, situémonos en el siglo X. El Mediterráneo está a punto de vivir un vuelco total. Durante siglos la iniciativa la había llevado el Islam, ¿verdad? Pues bien, de repente algo cambia. Los cristianos de Occidente pasan al ataque y ojo, no hablamos de una batallita aislada, no, no estamos ante una contraofensiva en toda regla, a una escala brutal que va a cambiar el mapa y la historia para siempre. Claro. Y aquí es donde llegamos a la gran pregunta, la que se han hecho los historiadores una y otra vez. Las cruzadas fueron solo una cuestión de fe ciega, de fanatismo religioso puro y duro, o había algo más, quizá intereses económicos, políticos. Venga, vamos a intentar desentrañar este lío. Bien, primera sección. Para entender de verdad qué fueron las cruzadas a Tierra Santa, es super importante que demos un paso atrás y miremos el mapa completo, porque y esto es clave, no surgieron de la nada, no fue un evento aislado, en realidad fueron solo la punta del iceberg de una ofensiva cristiana gigantesca que estaba ocurriendo a la vez en tres sitios clava del Mediterráneo. Fijaos en las fechas, es que es increíble. Parece casi coordinado, a que sí, es como una marea que sube por todas partes a la vez. Por un lado, tienes a los Normandos en Sicilia asegurando el centro del Mediterráneo. ¡Pum! Palermo. Luego, en la península ibérica, los reinos cristianos toman una plaza importantísima, Toledo, y casi a la vez se pone en marcha la primera cruzada hacia Jerusalén. Esto, creedme, no es casualidad. Es el retrato perfecto de un occidente cristiano en plena expansión y con una actitud muy muy agresiva. ¿Vale? Sección dos. Ahora que tenemos el contexto, esa foto general, vamos a meterle el visturí a las cruzadas en sí. Porque a ver, durante siglos la visión ha sido de blanco o negro. O eran lo más noble y heroico de la Edad Media, o eran una barbaridad, el fanatismo en su máxima expresión. Pero como casi siempre pasa en la historia, la realidad tiene muchos más grises. Hoy en día, para entenderlas bien, los historiadores usan como tres lentes distintas, tres maneras de mirarlas que juntas nos dan una imagen mucho más nítida. Vamos a verlas como un motor económico, como una misión de ayuda que fue un desastre total y como algo que tiene que ver con la mentalidad de la gente de la época. Empecemos por la primera teoría, la económica, la pasta. Vamos. Esta visión dice que más allá de la fe, aquí había un interés material muy fuerte. La idea era reabrir las rutas comerciales del Mediterráneo para los mercaderes europeos y de paso se considera que fue como el primer experimento de Europa de colonizar territorios lejanos de ultramar. Pero ojo, aquí hay un matiz importante. Hay una cita muy buena de RS López que dice algo así como que antes de la iliada de los caballeros se produjo la odisea de los mercaderes. ¿Qué quiere decir? Pues que el comercio ya se estaba moviendo. Ciudades como Pisa ya estaban metiendo la cabeza en el Mediterráneo. Así que más que la causa, las cruzadas fueron como echarle gasolina al fuego, un acelerador brutal de algo que ya estaba pasando. Vale, vamos con la segunda teoría. Esta se enfoca en lo que en teoría quería el Papa al principio. La idea original sobre el papel era simple, echarle un cable al Imperio Bizantino que lo estaba pasando fatal con los turcos. Y de paso los papás pensaron, "Oye, a lo mejor con esto arreglamos el cisma, el mal rollo que hay entre la iglesia de Roma y la de Constantinopla, una oportunidad de oro." Pero, ¿qué pasó? Pues que la cosa salió rematadamente mal. Un desastre. Los bizantinos esperaban unos cuantos mercenarios profesionales y que les llega, unas hordas enormes, indisciplinadas, un caos. La descripción de la princesa Ana Comneno es brutal. Los llamó una plaga de langosta. No salvadores, langostas. Fue un choque cultural tremendo, los brutos de Occidente contra los refinados bizantinos. El resultado, en vez de unirse, acabaron odiándose todavía más. Y llegamos a la tercera lente, que es fascinante porque se mete en la cabeza de la gente de la época. Fijaos en un detalle. Ellos casi nunca decían cruzada. Hablaban del pasagium, es decir, el pasaje, el viaje. Esto es superrevelador porque lo conecta directamente con la idea de peregrinación, un viaje para limpiar los pecados. O sea, sí, era una guerra que ellos veían como justa, pero para el que iba era también un camino espiritual para salvar su alma. Bueno, sección 3, dejemos la teoría y vamos a la práctica. ¿Qué pasó sobre el terreno? Porque con todos los problemas que hemos visto, las peleas entre ellos, el choque con los bizantinos, parece un milagro, pero la primera cruzada consiguió algo que parecía imposible. lograron clavar una bandera, establecer una cabeza de puente occidental en pleno corazón del mundo islámico. Y el resultado de esa primera gran aventura fue, bueno, no uno ni dos, fueron cuatro, crearon cuatro estados nuevos, cuatro reinos cristianos pequeñitos que se conocen como los estados latinos o francos arrancados literalmente de territorio enemigo. Ahí los tenemos, el reino de Jerusalén, el principado de Antioquía y los condados de Edrípoli. Fue en el fondo un experimento como si cogieran el sistema feudal europeo y lo plantaran en Siria, una feudalidad de exportación. Y claro, para defender eso, que era superfágil, tuvieron que inventarse algo nuevo, las órdenes militares, la mezcla perfecta entre monje y caballero. Y sí, aquí nacen los famosos templarios y los hospitalarios. Pasamos a la cuarta parte. Porque, como os podéis imaginar, este éxito no iba a durar para siempre. Ese primer impulso, esa mezcla de fe y ambición se fue desgastando, se fue corrompiendo, de hecho, y la amenaza venía por dos lados, de fuera con los enemigos y lo que es peor, de dentro por sus propias peleas. El punto de inflexión tiene un nombre, Saladino. Fue un antes y un después. A ver, los reinos cruzados habían aguantado en parte porque sus enemigos estaban divididos, cada uno a lo suyo. Pero llega Saladino y une a Siria y Egipto. De repente, los cruzados se ven atrapados en una tenaza mortal. La batalla de Jatín en 1187 fue una masacre para ellos y la caída de Jerusalén justo después, eso ya fue el principio del fin, un punto de no retorno. Y es que el ideal original se fue, bueno, la palabra que usa la fuente es bastardeando. Se pervirtió por completo. El caso más heavy es el de la cuarta cruzada. Iban a Tierra Santa, no se desviaron y acabaron saqueando Constantinopla, una ciudad cristiana. Luego ya las siguientes cruzadas se dirigían a Egipto u a Tún más por estrategia que por fe. Y el remate fue cuando los papas empezaron a convocar cruzadas contra sus propios enemigos políticos en Europa. La herramienta se había convertido en un arma para cualquier cosa. Y por dentro la cosa no iba mejor. Estaban completamente divididos. Era una lucha mortal entre dos formas de ver la vida. Por un lado estaban los pulins, los francos que ya habían nacido allí. Esta gente hablaba los idiomas de la zona, conocía el percal y sabía que para sobrevivir había que ser prácticos. Por el otro tenías a los peregrinos cruzados, los recién llegados de Europa. Venían con un fanatismo a tope, con la idea de la guerra santa a muerte y, claro, chocaban de frente con la compleja realidad de Oriente. Así que al final no fue una gran batalla, fue más bien un derrumbe lento, progresivo. Después de perder Jerusalén se quedaron aferrados a la costa. La caída de San Juan de Acre en 1291 fue ya la puntilla, el golpe de gracia. Lo que pasó después fue casi un trámite. Las últimas fortalezas se evacuaron sin ni siquiera pelear. Se acabó. La gran aventura en Oriente, al menos en Tierra Firme, había llegado a su fin. Y esto nos deja con una última reflexión, ¿no? Después de 200 años de conflicto, de todo, ¿qué es lo que queda de verdad? ¿Los impresionantes castillos que todavía se ven por allí o las cicatrices, el rencor que quizá también perduran? Qué huella ha dejado este encuentro brutal y fascinante tanto en nosotros en Occidente como en Oriente Medio. Es una pregunta que la verdad sigue muy pero que muy viva hoy en día.