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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Introducción a la Historia de la Edad Media | Emilio Mitre
03 04 La evolución política de las monarquías feudales
La evolución política de las monarquías feudales.
Los intentos de enderezamiento de la monarquía francesa bajo los primeros Capeto.
Inglaterra bajo la dinastía normanda | Guillermo el Conquistador y sus sucesores.
La dinastía Plantagenet y el Imperio angevino.
El gran choque Capetos Plantagenet.
Los reinos ibéricos.
La monarquía normanda de Sicilia.
Tercera parte | La plenitud del Medievo (siglos XI al XIV) | La expansión del Occidente europeo.
Transcripción
A ver cómo es posible que un rey, que al principio era casi una figura decorativa, termine siendo el que construye toda una nación. Pues de eso va el análisis de hoy, de esa transformación alucinante de las monarquías feudales. Es un viaje desde un poder que estaba totalmente desperdigado hasta poner las primeras piedras de lo que hoy llamamos estados. Vale, para empezar vamos a poner las cartas sobre la mesa. Entendamos las reglas del juego. Estamos en los siglos X y 12. Y un rey en esa época no era un gobernante absoluto para nada. Imaginemos una pirámide. Él estaba en la punta, sí, pero su poder real, bueno, ese dependía por completo de la lealtad de sus vasallos. Y ojo, que esos vasallos, los grandes nobles, muchas veces tenían más tierras, más dinero y más poder que el propio rey. Y aquí, claro, viene la gran pregunta, ¿cómo se le da la vuelta a la tortilla? O sea, ¿cómo un rey que está en una posición tan tan débil consigue poco a poco acaparar todo el poder y crear un reino unificado a partir de lo que era básicamente un puzzle de feudos? Esta va a ser nuestra hoja de ruta. Primero vamos a ver bien cómo era esa estructura de poder al principio. Después nos meteremos de lleno en los dos caminos totalmente opuestos que siguieron Francia e Inglaterra. Veremos como esos dos caminos acabaron chocando. Y vaya si chocaron. Y para terminar echaremos un vistazo al nuevo mapa de poder que salió de todo aquello. Entonces, para que quede claro, siglos X y X. Los reyes están arriba del todo en teoría, pero en la práctica el control real no lo tienen. Su autoridad es bueno, más simbólica que otra cosa. Son como el rey en una partida de ajedrez. Sí, pero la partida la juegan los grandes señores, los nobles poderosos. Venga, empezamos por Francia. La cosa aquí para la dinastía de los Capeto pintaba bastante mal. Su posición era de una debilidad increíble. El dominio real, o sea, las tierras que controlaban ellos directamente, era una franja de tierra. minúscula alrededor de París y poco más. Estaban literalmente rodeados por duques y condes muchísimo más fuertes que ellos. Así que su única opción era jugar con paciencia, mucha paciencia y mucha astucia. El avance no fue a base de grandes batallas y conquistas, que va, todo lo contrario. Luis VI, que contó con la ayuda de una mente brillante como la de la Bath Suger, se dedicó a un trabajo de hormiguita, fortalecer lo poco que tenía. puso en orden su dominio, se buscó aliados en las ciudades para hacerle contrapeso a la nobleza y esto es clave. Empezó a mover la idea de Francia, un sentimiento de unidad para que la gente se uniera contra los enemigos de fuera. Pero cuando parecía que las cosas iban por buen camino, la monarquía francesa mete la pata pero hasta el fondo. Luis VI, el hijo de Luis VI, anula su matrimonio con Leonor de Aquitania. Y esto no es un cotillo de la época, ¿no? No, fue un desastre geopolítico en toda regla. ¿Por qué? Porque al anular el matrimonio, el rey de Francia perdía de golpe toda su influencia sobre Aquitania, que era un territorio gigantesco. Este error, bueno, este error va a ser el origen de un conflicto de proporciones épicas. Vale, dejamos Francia por un momento y cruzamos el canal de la Mancha porque la historia en Inglaterra es el día y la noche. Mientras los franceses iban pasito a pasito, en Inglaterra la construcción del estado fue boom, rápida, impuesta desde arriba, casi como si fuera un proyecto de ingeniería de verdad. Y el pistoletazo de salida es esta fecha. 1066. Batalla de Hastings. Guillermo, el dupe de Normandía, cruza el canal, vence al rey anglosajón y se queda con la corona de Inglaterra. Y ojo, que no vino a pedir permiso ni a negociar. Vino a un reino y a montarlo de nuevo, pero a su manera. La genialidad de Guillermo el Conquistador fue su pragmatismo. Fue un tipo muy listo. No lo destruyó todo para empezar de cero. Al contrario, fue como si hiciera un mix con lo mejor de cada casa. Por un lado, impuso el modelo feudal normando, donde todos los nobles le debían lealtad a él directamente. Así se evitaba el problema que tenían en Francia con esos condes y duques superperosos. y por otro lado mantuvo la administración anglosajona que ya funcionaba de maravilla, y la puso a su servicio. Y sobre esa base, los reyes que le siguieron crearon unas herramientas de gobierno que para la época eran de ciencia ficción. Por ejemplo, el juramento de Salzbury, que era una forma de hackear la pirámide feudal. Todos los vasallos juraban lealtad al rey por encima de su señor directo, toma ya. Luego el Doms Day book, que era, para que nos entendamos, como la primera gran base de datos de un país, un censo de todo y de todos. y el excheck que vino a ser como el primer ministerio de Hacienda. Con todo esto, Inglaterra se convirtió de lejos en el estado mejor organizado de toda Europa. Y aquí es donde las dos historias, la de la Francia paciente y la de la Inglaterra eficiente, van a chocar y van a chocar con la fuerza de un tren de mercancías. Recordamos aquel divorcio real en Francia, pues ahora vamos a ver sus consecuencias, que fueron literalmente explosivas. Resulta que el Leonor de Aquitania, ya soltera, se casa con Enrique Plantagenet, que era conde de Anju. Pasan solo dos años y este mismo Enrite hereda el trono de Inglaterra. De repente tenemos a un solo hombre que es rey de Inglaterra, duque de Normandía, conde de Anju y gracias a su mujer, duque de Aquitania. Una locura. El desequilibrio de poder era sencillamente brutal. El trocito de tierra del rey de Francia era ridículo comparado con todos los territorios que su propio vasallo, el rey Inglaterra, controlaba dentro de la propia Francia. A esta monstruosidad se la conoce como el imperio angevino, porque el núcleo de poder de Enrique estaba en Anjuk. Y para el rey francés esto no era un problema, era una amenaza de extinción. Estaba claro que esto iba a estallar, era inevitable. Y lo que vino después no fue una guerra feudal más de esas de cuatro contra cuatro, no, no fue un conflicto masivo a gran escala. Los historiadores lo llaman la gran guerra de Occidente, una lucha, vida o muerte entre dos dinastías, los Capeto y los Plantayenet por el futuro de Francia. Y aquí es donde aparece el nuevo rey francés Felipe Augusto, un personaje fascinante. No era un gran guerrero tipo Ricardo Corazón de León, era algo mucho más peligroso, un político increíblemente astuto. Se dio cuenta de que la mayor fortaleza del imperio angevino era también su talón de aquiles, que era un montón de territorios pegados con la saliva de la lealtad a una familia. Y esa familia, los hijos de Enrique y Leonor, se llevaban a matar. Y claro, Felipe Augusto se dedicó a echar leña a ese fuego, pero con una maestría increíble. Así que después de décadas de intrigas, de pequeñas batallas, de traiciones familiares, todo iba a decidirse en un solo año, en una única y gigantesca batalla que iba a cambiar el mapa de Europa para siempre. Hablamos de la batalla de Bubines. La situación para Felipe Augusto era crítica. Su ejército estaba en clara inferioridad numérica y enfrente, pues, tenía una supercoalición internacional, el rey Juan de Inglaterra, el mismísimo emperador alemán y un montón de nobles franceses rebeldes, todos a una con un solo objetivo, borrar del mapa a la monarquía francesa. Y contra todo pronóstico, el resultado fue una victoria francesa, pero no una victoria cualquiera, una victoria aplastante. La coalición quedó destrozada. Felipe Augusto aprovechó y confiscó Normandía, Anju, casi todas las posesiones de los plantajenet en el norte. De un día para otro, el dominio del rey de Francia se triplicó. Pasó de ser un peón en el tablero a convertirse en la reina en la principal potencia de Europa occidental. Pero ojo que esta victoria en bubines no fue un caso único. En realidad formaba parte de una tendencia mucho más grande que se estaba viendo por toda Europa. Las monarquías estaban haciendo más fuertes, los reinos se estaban consolidando. Y es que esto no pasaba solo en Francia y Inglaterra. Mientras ellos estaban a la gresca, por toda Europa estaban pasando cosas parecidas. En la península ibérica, por ejemplo, los reinos cristianos iban ganando terreno y poder. En el sur de Italia, los normandos habían montado en Sicilia un estado super centralizado y avanzado. Estaba claro, la época de los reyes débiles se estaba acabando en todo el continente. Y esta cita lo clava, lo resume a la perfección. Bubines no fue solo una batalla más, fue el punto de inflexión, el momento que confirmó un cambio radical en el equilibrio de fuerzas. toda esa estrategia paciente de los reyes franceses, esa construcción lenta pero segura, había dado por fin sus frutos y de qué manera. Así que para terminar nos queda una reflexión en el aire. Hemos visto dos modelos muy diferentes, el inglés nacido de la conquista y de una administración sereficaz y el francés cocinado a fuego lento, con una estrategia política que duró generaciones. Los dos funcionaron, pero de formas totalmente opuestas. Y nos deja con la pregunta, ¿qué es más decisivo para construir un estado que perdure? la herencia, la conquista o la estrategia.