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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Introducción a la Historia de la Edad Media | Emilio Mitre
03 10 Los confines de la Cristiandad
Los confines de la Cristiandad.
Las monarquías escandinavas.
Los eslavos balcánicos.
Los Estados de la Europa central.
Los principados rusos.
Bizancio frente a los occidentales.
Tercera parte | La plenitud del Medievo (siglos XI al XIV) | La expansión del Occidente europeo.
Transcripción
Hoy vamos a meternos de lleno en una época fascinante entre los siglos X y XI, cuando el mapa de Europa, bueno, se rehizo por completo. Vamos a descubrir cómo se forjaron las fronteras de la cristiandad. Y esa es la gran pregunta, ¿verdad? ¿Cómo se dibujaron esas fronteras que hoy nos parecen tan fijas? Para entenderlo, tenemos que viajar a un tiempo donde todo era mucho más líquido, más inestable. Para que nos hagamos una idea, a principios del siglo X, el corazón de la cristiandad occidental, digamos que había sobrevivido. Sobrevivido a oleadas y oleadas de incursiones, nórdicos por el norte, magiares y eslavos por el este. La situación era estable, sí, pero con las fronteras al rojo vivo. Y aquí viene lo interesante. La solución no fue construir un muro gigante, no. Fue algo mucho más sutil y a la larga más efectivo. Fue un proceso de asimilación. El cristianismo, tanto el de Roma como el de Bizancio, empezó a absorber a estos pueblos, los convirtió, los asentó y de repente los que antes eran la amenaza se convirtieron en un cinturón protector, el escuro de la cristiandad. Este proceso, esta creación del escudo se puede ver en cuatro pasos muy claros. Primero, claro, las migraciones y los ataques. Luego, la clave de todo, la cristianización. A partir de ahí, la creación de estados organizados y el resultado final, una nueva frontera para Europa, mucho más sólida. Así que en los próximos minutos vamos a hacer un viaje por estas fronteras. Empezaremos viendo cómo se forjó este escudo. Luego nos iremos a los Reinos del Norte, veremos el nacimiento de Europa Central, nos asomaremos a esa fascinante zona entre Roma y Bizancio y para terminar veremos la gran amenaza que casi lo destruye todo. Venga, pues emperamos por el norte. Nos vamos a Escandinavia, la cuna de los vikingos, para ver una transformación que es de película. El cambio fue radical. Los reyes de Dinamarca, Noruega, Suecia, todos se van convirtiendo entre el siglo X y el X. Ojo que el paganismo aguantó lo suyo, sobre todo en Suecia, pero el cambio ya era imparable. Se crean nuevas diócesis como Lundo o UPSALA y con la religión llega todo lo demás. Modelos de monarquía más avanzados, el sistema feudal y sobre todo nuevos lazos económicos, en gran parte gracias a las ciudades alemanas. Vamos, que Escandinavia se conectó a Europa y lo curioso es que una vez dentro del club, cada reino tiró por su lado. Dinamarca, con figuras potentísimas como Canuto el Grande, se lanzó a crear un imperio en el Mar del Norte. Noruega, por su parte, se centró más en sus colonias como Islandia o Groenlandia y Suecia, tras chocar con Novgorot en el este, se enfocó en expandirse hacia Finlandia y en organizar a su propia nobleza. Dejamos el frío norte y bajamos al corazón del continente porque justo en la frontera oriental del Sacro Imperio Romano Germánico están naciendo tres estados que van a ser clave. Hablamos de Polonia, que con la conversión del duque Miesco en el 966 se aseguró no ser absorbida por sus vecinos alemanes. Luego esta bohemia que se cristianiza un poco antes y acaba convirtiéndose en un reino fundamental dentro del propio Sacro Imperio y por supuesto Hungreia. Con este van primero a la cabeza se crea una monarquía cristiana potentísima que además se expande hacia el sur. Pero claro, importar el modelo occidental tenía su letra pequeña. Fue, como se suele decir, un arma de doble filo, porque al adoptar instituciones como el feudalismo, el poder de los reyes se veía, bueno, limitado. Los nobles ganaban poder. Y esto lo vemos clarísimo en Polonia, con su sistema de señoreado o en Hungría con la famosa bula de oro, que básicamente obligaba al rey a respetar los privilegios de la nobleza. Y ahora nos vamos a la zona más compleja, una auténtica encrucijada, el mundo eslavo. Un territorio inmenso atrapado en un tira y afloja cultural y religioso entre los dos grandes polos de la cristiandad, Roma y Constantinopla. Y esta división es fundamental para entender la Europa de hoy, de verdad. Por un lado, la esfera de influencia de Roma, la liturgia en latín, las leyes feudales, la autoridad del Papa, que es la que se impone en Croacia o Bosnia. Y por el otro la esfera de Bizancio, la liturgia en griego, las tradiciones legales del imperio, la autoridad del patriarca, que es la que triunfa en Bulgaria, Serbia y sobre todo en Rusia. Así que vemos como los Balcanes y la Rus de Kiev van tomando forma. Croacia y Bosnia caen bajo la influencia húngara y por tanto latina. Bulgaria, tras liberarse del dominio bizantino, resurge como un imperio. Serbia también se hace fuerte con la dinastía Nemánida y la Rus de Kiev, bautizada en el 988, vive su edad de oro bajo Yaroslave el Sabio, bebiendo directamente de la cultura y la religión de Bizancio. Pero esta edad de oro tuvo un final abrupto. Cuando Yaroslave el sabio muere en 1054, todo se desmorona. La Rus de Kiev se fragmenta en un caos de más de 60 principados pequeños que no paraban de luchar entre sí. Y justo cuando aparecía que este nuevo mapa de Europa, este escudo, estaba más o menos consolidado, llega la prueba de fuego. Y no una, sino dos crisis brutales y además simultáneas, una que vino de fuera y otra que nació desde dentro. La amenaza exterior fue la tormenta mongola. Su avance fue sencillamente aterrador. En 1223 aniquilan a una coalición de príncipes eslavos. A partir de 1237 empieza la invasión en serio. En 1240 cae la Gran Kiev. Y en 1241 ya están derrotando a los ejércitos polacos y húngaros. En menos de 20 años la parte oriental del escudo había saltado por los aires. Pero es que mientras todo esto pasaba en el este en el corazón del mundo cristiano, estaba ocurriendo algo impensable, algo que sacudió los cimientos de la propia cristiandad. En el año 1204, los caballeros de la cuarta cruzada, que se suponía que iban a luchar en Tierra Santa, desviaron su camino y en lugar de eso, atacaron y saquearon la mayor ciudad cristiana del mundo, Constantinopla. Una traición increíble que fracturó el imperio bizantino durante más de medio siglo. Las consecuencias fueron catastróficas. El imperio bizantino se rompe en pedazos. Los principados rusos quedan sometidos a los mongoles a la llamada horda de oro. Los reinos de Europa central, aunque sobreviven, quedan debilitadísimos y el sueño de una cristiandad unida, pues se hizo añicos. Y esto nos lleva a la pregunta final, ¿fueron estas nuevas fronteras un escudo protector para Europa o fueron más bien el origen de sus futuras divisiones? Pues como casi siempre en historia la respuesta es compleja. Fue las dos cosas. Este periodo no solo redibujó el mapa, sino que también trazó fallas culturales y políticas muy profundas, fronteras invisibles que de alguna manera siguen explicando muchas de las tensiones del mundo actual.