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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN
03 | Antropología filosófica vs Filosofía antropológica | Cuál es más adecuada
Antropología filosófica vs Filosofía antropológica | Cuál es más adecuada Distingue entre la "Filosofía antropológica" (una filosofía primera construida sobre una base ontológica propia) y la "Antropología filosófica" (un saber que parte de los datos científicos para criticarlos). San Martín apuesta por esta última, redefiniéndola como la interpretación filosófica de los resultados de las ciencias humanas.
Transcripción
Y si os dijera que el simple hecho de cambiar el orden de dos palabras puede transformar por completo un campo de estudio, pues de eso va la cosa. Hoy vamos a meternos en una disputa que, aunque parezca pequeña, tiene unas implicaciones gigantescas en la filosofía. La batalla por el nombre correcto para el estudio del ser humano. A ver, ¿de verdad importa tanto un nombre? En nuestro día a día, pues a lo mejor no le damos tanta importancia, pero ojo, en el mundo de la filosofía, un nombre lo es casi todo. Puede ser la diferencia entre dar validez y claridad a una disciplina o, por el contrario, condenarla a la confusión y a que nadie la tome en serio. Y aquí estamos en el meollo del asunto. Tenemos dos términos que a simple vista parecen decir lo mismo, pero nada más lejos de la realidad. La pequeña diferencia entre ellos es la raíz de un debate enorme que provoca rechazo tanto en la comunidad científica como entre los propios filósofos. Por un lado tenemos antropología filosófica y por el otro filosofía antropológica. Como vamos a ver, el primer nombre nos lleva a un terreno un poco pantanoso, lleno de ambigüedades, mientras que el segundo, según muchos defienden, es el que da el clavo, el que define de forma precisa y adecuada a lo que se quiere estudiar. ¿Vale? Vamos a meternos de lleno en el problema. ¿Por qué se dice que llamar a esta disciplina a antropología filosófica es tan problemático? ¿Dónde está el riesgo? Pues los riesgos no son pocos, la verdad. Para empezar, se corre el peligro de que se confunda con una ciencia humana más, como podría ser la antropología cultural. Y claro, esto nos lleva directos al segundo problema, que la comunidad científica la rechace de plano por no usar sus métodos, por no ser ciencia de verdad. Además, se arriesga que la vean como, bueno, como un batiburrillo de conocimientos, sin mucho orden ni concierto, o peor todavía, como el cajón desastre, donde va a parar todo aquello que las ciencias no saben o no quieren estudiar. Pero bueno, frente a toda esta confusión surge una solución que busca poner las cosas en su sitio, reafirmar la verdadera identidad de este campo de estudio. Vamos a ver como un simple cambio de palabras en realidad lo aclara todo. Al llamarla filosofía antropológica, le damos la vuelta a la tortilla y de repente todo encaja. Se deja clarísimo, sin ninguna duda, que estamos hablando de filosofía. El adjetivo antropológica simplemente nos dice cuál es su objeto de estudio, el ser humano. Y con esto se asegura su identidad y se la coloca firmemente en su sitio. Y esto es fundamental porque no estamos hablando de una rama secundaria de la filosofía, una más del montón. La propuesta es que debe funcionar como una filosofía primera, o sea, como la base, el cimiento sobre el que se construye todo lo demás en filosofía, casi nada. Ahora bien, es importante entender que este debate sobre el nombre no ha salido de la nada, no es una moda. En realidad es el reflejo de un cambio de mentalidad brutal en la historia del pensamiento. Un cambio que se conoce como el giro antropológico. Este giro tiene sus raíces en gigantes como Emmanuel Kant. Fue él quien empezó a sugerir que todas las grandes preguntas de la filosofía, qué puedo saber, qué debo hacer, qué me cabe esperar, al final todas acaban en una única pregunta. ¿Qué es el ser humano? Y un tiempo después, Ludwick Feuerback lo llevó todavía más lejos. Esta frase es una auténtica bomba. Lo que Feuerback nos está diciendo aquí es que da igual de qué hablemos del ser, de la moral, de la política, al final del camino toda investigación filosófica es, en el fondo, una investigación sobre lo que significa ser humano. Y la consecuencia de esto es tremenda. El ser humano deja de ser un tema más entre tantos para convertirse en el objeto central, el sol, alrededor del cual gira toda la filosofía. Todo acaba volviendo a él. Y aquí llegamos al corazón de la idea. La manera que tenemos de interpretar el mundo y la manera que tenemos de interpretarnos a nosotros mismos están unidas, son inseparables, son, por así decirlo, las dos caras de la misma moneda. No se puede entender una sin entender la otra. Muy bien, después de todo este recorrido por nombres, riesgos y giros históricos, ¿con qué nos quedamos? ¿Qué es lo que nos enseña de verdad este debate sobre la propia filosofía? Pues al final toda esta discusión sobre un simple nombre nos devuelve a una de las ideas más potentes y hermosas sobre la filosofía, que más allá de las teorías complejas y los debates abstractos, su misión principal es ser una herramienta, una especie de brújula con la que intentamos dar sentido a nuestra propia existencia. Y esto nos deja con una última pregunta para reflexionar. Si como hemos visto, para entender la realidad que nos rodea, primero tenemos que entendernos como seres humanos, la cuestión es inevitable. ¿Por dónde empezamos? ¿Cuál es esa primera pregunta sobre uno mismo que nos abre la puerta a todo lo demás? Ahí queda eso.