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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

03 Isidoro de Sevilla | Las artes liberales y su relación con la filosofía

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Durante 1000 años, ¿cómo se estructuró todo el conocimiento? Pensemos en ello. Un único edificio intelectual que albergó todo el pensamiento occidental y como todo edificio tuvo un arquitecto. Y ese arquitecto fue precisamente Isidoro de Sevilla. Fue él quien fijó esa estructura clásica del saber que la Edad Media no solo heredaría, sino que usaría como su pilar fundamental. Para entender de verdad su impacto, tenemos que sumergirnos en su sistema, ver cómo lo construyó pieza por pieza. Claro, todo gran edificio necesita unos cimientos sólidos, ¿verdad? Para Isidoro, el cimiento de todo el saber se basa en una distinción, una distinción fundamental que separaba los tipos de conocimiento desde la misma raíz. Y aquí la tenemos. La distinción es clarísima. Por un lado, las artes liberales que estaban pensadas para la persona libre para ejercitar la mente y por el otro las artes serviles que estaban vinculadas al trabajo manual, a las tareas más físicas. Isidoro lo deja muy claro. Solo las primeras, las liberales, son el verdadero camino hacia el pensamiento superior. Así que empecemos a subir por esta estructura. El primer nivel es el tribium, el conjunto de las artes del lenguaje. Pero ojo, esto no era un simple estudio sobre cómo comunicarse, era literalmente la caja de herramientas indispensable para poder pensar y razonar con rigor. El Trivium, como su propio nombre indica, se compone de tres tres disciplinas fundamentales que formaban el instrumento intelectual básico para cualquier pensador de la época. La primera de ellas, la gramática. Y para Isidoro, esto era muchísimo más que unas cuantas reglas de ortografía. eh era el arte de hablar correctamente y sobre todo de entender bien los textos. La lógica detrás es impecable. Si no tienes un lenguaje claro, es imposible tener un pensamiento claro. Es la base, el cimiento de todo lo demás. Vale, una vez que dominamos la corrección, pasamos a la retórica. El arte de hablar con eficacia ante un público. Ya no se trata solo de hacerlo bien, sino de ser efectivo. Y claro, esta es una disciplina con una aplicación práctica enorme. Servía para enseñar, para persuadir, para defender causas en la vida pública. Era fundamental. Y llegamos al corazón racional del tribium, la dialéctica. Esta es la disciplina que enseña a definir e investigar y lo más importante, a distinguir lo verdadero de lo falso. Y siidoro insiste mucho en que la dialéctica se ocupa del lectos, es decir, de la expresión pura del pensamiento, algo que va más allá del simple sonido de las palabras. Así que, como vemos, el tribium forma una progresión perfecta. Primero, con la gramática aprendemos a hablar con corrección, después con la retórica a pensar y expresarnos con eficacia. Y finalmente, la dialéctica culmina el proceso enseñándonos a razonar con precisión, saber hablar, saber pensar y saber razonar. Juntas estas tres artes forman el instrumento intelectual completo. Muy bien, una vez dominado el lenguaje, estamos listos para ascender al segundo nivel de las artes liberales. Ahora pasamos de la palabra al número. Demos la bienvenida al cuadrivium, las artes que nos desvelan el orden matemático del cosmos. Y de nuevo, el nombre nos da una pista. El Cuadrivium agrupa cuatro disciplinas matemáticas, cuatro ciencias que según la tradición clásica, eran la llave para comprender la estructura misma de la realidad. Veamos cuáles son estas cuatro artes. Primero, la aritmética, que es el estudio del número en sí mismo, en su estado puro. Luego, la geometría, que analiza las magnitudes en el espacio. En tercer lugar, la música, pero atención, entendida no como tocar un instrumento, sino como la ciencia de la proporción y la armonía del sonido. Y finalmente, la astronomía, el estudio del movimiento de los astros y de las leyes del cosmos. Y esto es importantísimo entenderlo. Para Isidoro y toda la tradición antigua, las matemáticas no eran una asignatura más, eran un auténtico entrenamiento del alma. ¿Cuál era su función? Pues educar la mente para que pudiera percibir el orden, la estabilidad del mundo y así preparar el espíritu para las cuestiones más elevadas. Y así, con la mente ya entrenada en el lenguaje y en el número, por fin llegamos a la cumbre de la pirámide, al propósito final de toda esta formación, la filosofía. Y aquí en esta tabla vemos la estructura completa, la imagen global, las artes liberales, el tribium y el quadribium son la base, los instrumentos. La filosofía es la cumbre, la práctica en sí misma, que se divide en sus tres grandes ramas, la natural o física, la moral o ética y la racional o lógica. La idea es muy clara. La base instrumental es absolutamente indispensable para poder alcanzar la cumbre filosófica. El mensaje que nos deja Isidoro es rotundo. No se puede, simplemente no se puede practicar la filosofía sin haber dominado antes los instrumentos que te dan las artes liberales. Sería bueno como intentar construir una catedral sin tener ni una sola herramienta. Por lo tanto, lo que Isidoro nos lega es una simbiosis perfecta, una que duraría siglos, una relación inseparable entre la preparación intelectual rigurosa y la búsqueda de la sabiduría. De hecho, hay una cita que resume a la perfección toda esta arquitectura del pensamiento. Dice así: "Sin las artes la filosofía es ciega. Sin la filosofía las artes son estériles. Es potentísimo." ¿Qué quiere decir? Pues que la filosofía necesita las herramientas de las artes para poder ver e interpretar el mundo y a su vez las artes necesitan el propósito de la filosofía para no ser un mero ejercicio vacío, estéril. En definitiva, los roles quedan muy claros y además son complementarios. Las artes liberales tienen un carácter preparatorio. Su función es disciplinar la mente, darle forma. La filosofía, en cambio, es formativa. Su objetivo es orientar la vida entera hacia la verdad y la rectitud. Y todo esto, claro, nos deja con una pregunta final, una reflexión. Si Isidora de Sevilla fue capaz de construir la arquitectura del saber para su tiempo y esa estructura duró 1000 años, ¿cuál es la estructura del nuestro? O quizás la pregunta es, ¿tenemos alguna