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HISTORIA GENERAL DE LA CIENCIA II
03 | La Ley de Amontons: El aire bajo la lupa de la Academia
🎬 💨 La Ley de Amontons: El aire bajo la lupa de la Academia
✍️ Autor: Manuel Sellés García
📝 Resumen:
Este trabajo analiza las investigaciones sobre la física del aire en la Academia de Ciencias de París entre 1699 y 1710, centrándose en la figura de Guillaume Amontons. Amontons, buscando originalmente validar una máquina térmica impulsada por aire caliente, descubrió que el aumento de la presión de una masa de aire a volumen constante es directamente proporcional a su densidad ante un mismo incremento de temperatura. Este hallazgo, que anticipó en un siglo las leyes de Gay-Lussac, se produjo en un contexto de crisis científica donde las mediciones en montañas y climas tropicales contradecían la ley de Boyle-Mariotte. El autor detalla cómo factores como la humedad extrema y las anomalías en los barómetros —como el famoso caso del barómetro del canciller— llevaron a los académicos a dudar de la homogeneidad de la atmósfera y de la universalidad de sus propias leyes. Finalmente, el texto reflexiona sobre cómo el escepticismo baconiano y las limitaciones del mecanicismo de la época impidieron que estos descubrimientos se sistematizaran, prefiriendo la acumulación de datos observacionales antes que la formulación de un modelo físico-matemático predictivo.
🤖 Contenido realizado con NotebookLM -
Lista de reproducción de la asignatura:
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Transcripción
Vamos a meternos de lleno en una historia que es fascinante porque empieza con un hueco, un hueco enorme, larguísimo en la historia de la ciencia. Si repasamos la historia de la física, sobre todo la de las leyes de los gases, la cosa empieza con la ley de Boile allá por 1661. Pero lo curioso es que de repente, pum, damos un salto de casi 150 años hasta la siguiente gran idea, la de Gilusac, ya a principios del 1800. Y claro, este salto tan bestia nos deja con una pregunta sobre la mesa, un auténtico misterio. ¿Qué pasó en todo ese tiempo? ¿Cómo es que se tardó un siglo y medio en encontrar la pieza que faltaba, la que conectaba la temperatura con el aire? Bueno, pues la respuesta, o al menos una parte importante, la tiene un inventor francés que andaba por París justo cuando empezaba el siglo XVII. Se llamaba Guillomons. Y lo interesante es que su historia no arranca con un tratado teórico superdenso, no. Empieza con una idea mucho más terrenal, muy práctica, que hoy casi nos sonaría a steampunk. Resulta que en 1699 se le ocurrió una idea. El molino de fuego. Básicamente era una máquina pensada para usar la fuerza del aire al calentarse y expandirse y así pues sustituir el trabajo de personas y animales. Claro, para que su idea del molino de fuego no se quedara solo en papel, Amontons tenía que demostrar que esa fuerza era real y potente. Y para eso diseñó un experimento que es, la verdad genialidad por lo simple y lo importante que fue. Este es el montaje que ideo. Uso tres tubos de vidrio con forma de U, como se ve, y en la parte de abajo de cada uno, en esa especie de bulvo, atrapó una cantidad de aire diferente. El método era sencillísimo, pero muy ingenioso. Usó Mercurio para atrapar el aire en esos bulvos, luego los metió en un cacharro con agua y se puso a calentarla. Lo único que tenía que hacer era observar que pasaba con el mercurio a medida que el agua se calentaba más y más. Y aquí viene lo increíble. Lo que vio fue alucinante. Daba igual que en cada tubo hubiese una cantidad de aire distinta. La presión en los tres aumentaba exactamente al mismo ritmo a medida que subía la temperatura. Era una relación perfecta. O sea, que lo que tenemos aquí, el punto clave de todo esto, es que Amontons con este experimento tan sencillo, acababa de dar con una ley fundamental de la física. Y ojo, que lo hizo un siglo, un siglo entero, antes de que Gay Lusac llegara a la misma conclusión. Pero curiosamente hoy a esta ley se la sigue llamando muchas veces la segunda ley de Gilusac. El nombre de Amon Tons como que se perdió. Y esto nos devuelve al gran enigma del que hablábamos al principio. Si el descubrimiento era tan evidente, tan claro, ¿por qué se perdió? ¿Cómo es que desapareció de los libros de ciencia durante 100 años? Pues parece que no hay una única razón, sino un cúmulo de cosas. Por un lado, Amontons no era una superestrella como Robert Boyle. Además, su trabajo se publicó en Francia, donde estaban más centrados en otras cosas. Y para colmo, su descubrimiento, que era muy directo, quedó como sepultado bajo un montón de debates superclejos que había en esa época sobre cómo se comportaba el aire. De hecho, si hoy podemos contar esta historia es gracias al trabajo de hormiguita de historiadores modernos que se han puesto a rebuscar en archivos, en publicaciones antiguas como esta para poder reconstruir el puzzle completo. Y es que el trabajo de Amontons no era una simple curiosidad teórica, eh, para nada. era superrelevante para solucionar algunos de los problemas científicos más gordos del siglo XVII. Por ejemplo, era clave para dos cosas fundamentales. Una, conseguir fabricar termómetros que fueran fiables y que todos midieran lo mismo. Y dos, para mejorar las observaciones astronómicas y los mapas, porque su ley ayudaba a corregir como la atmósfera distorsiona lo que vemos. Pero fijaos qué curioso. Esto es la idea que tenían del aire en aquella época. Para ellos no eran partículas moviéndose, no. Se lo imaginaban como una especie de muelles diminutos, como resortes en espiral, que cuando el calor los agitaba se estiraban y se empujaban unos a otros. Y claro, la comunidad científica estaba enfrascada en debates interminables sobre esto. ¿Hasta dónde se puede comprimir el aire? La ley de Boil funciona siempre, incluso en condiciones extremas. Todo este ruido de fondo, todas estas discusiones tan complejas hicieron que el descubrimiento de Amontons, que era mucho más simple y directo, pasara totalmente desapercibido. Vamos, que toda esta historia nos sirve para ver una panorámica mucho más realista de cómo avanza la ciencia en realidad, porque el caso de Guilloma Mont es el ejemplo perfecto de que el progreso científico no es una línea recta que va siempre para adelante. Más bien parece un camino lleno de curvas, con atajos que se olvidan durante un tiempo y que mucho después alguien vuelve a descubrir. Pensadlo. La historia de este hombre salió a la luz gracias a un viejo artículo académico y eso te deja pensando, ¿cuántas otras ideas geniales? ¿Cuántos otros descubrimientos estarán por ahí esperando en algún rincón olvidado a que alguien los redescubra?