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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

04 Juan de Salisbury | Policraticus

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Hoy vamos a sumergirnos en las ideas de verdad que muy potentes de un pensador medieval clave, Juan de Salisbury, y lo vamos a hacer a través de la que es su obra maestra, el Policráticus, para entender qué nos decía sobre el buen gobierno. Para empezar, lanzamos una pregunta que pas acertijo, ¿qué secreto une a un cisne, a un filósofo y a un rey? Y ojo, que la respuesta no es una simple anécdota, sino que nos lleva directos al corazón de una de las alegorías políticas más fascinantes de toda la Edad Media. Bien, pues entremos de lleno en la primera parte de esta historia. Es un viaje que nos va a transportar a la antigua Grecia, pero a través de los ojos de un intelectual del siglo XI. Aquí es donde empieza todo. Juan de Salisbury no se limita a recuperar una historia clásica, no, va mucho más allá, la reinterpreta. En el Policraticus se sirve de un relato sobre los últimos momentos de Sócrates para construir un argumento potentísimo sobre la relación entre el poder y el conocimiento. A ver, imaginemos la escena. Sócrates está preparándose para morir y de repente un cisne empieza a cantar. Pero no es un canto de lamento para nada. Según Salsberry, es un presagio, una señal inequívoca de la llegada de un joven Platón que se va a convertir en su discípulo. Por lo tanto, el punto crucial, el meollo de la cuestión es que el canto del cisne viene a simbolizar la inmortalidad de la sabiduría, esa transmisión esencial del conocimiento de una generación a la siguiente. La muerte del maestro en realidad no es el final, es el comienzo. Vale, ya tenemos la historia, pero ¿qué significa realmente este canto? Porque no es solo una leyenda bonita, qué va, es todo un código sobre las virtudes que se necesitan para ser un verdadero sabio. Fijaos como Salisberry desglosa aquí el ideal socrático. Para él, ser sabio no es simplemente acumular datos, requiere una fortaleza de carácter inmensa. habla de la contención verbal, de la capacidad de guardar silencio cuando es necesario y de la resiliencia para soportar el vituperio, es decir, las críticas, los ataques y por encima de todo la responsabilidad de asegurar que ese conocimiento sobreviva a través de los discípulos. Y es aquí donde Juan de Salisbur da un giro magistral, porque conecta esta ética filosófica directamente con el arte de gobernar. Esto ya no va solo de la virtud personal, sino que entra de lleno en la estructura misma del estado. La imagen que nos propone es, bueno, es radical para su tiempo. Reyes, el poder terrenal absoluto, postrados ante una figura femenina que representa la sabiduría, la prudencia, la filosofía. La idea es clara. No es el poder el que debe mandar, sino la sabiduría la que debe guiar a ese poder. Y esto nos lleva a la cumbre de todo su argumento, que queda perfectamente encapsulado en esta cita. La felicidad de una nación, su bienestar, no depende ni de la fuerza militar ni de la riqueza. Depende de una condición, que quienes gobiernen sean filósofos o que como mínimo se esfuercen denudadamente por alcanzar la sabiduría. Para él, la convicción entre buen gobierno y conocimiento es sencillamente inquebrantable. Claro, lo interesante es que esta idea no era una reliquia del pasado que Salsbury desempolvó, no, no. Estaba muy viva y resonaba con una fuerza tremenda en los debates intelectuales de su propia época. Todo este edificio conceptual se sostiene sobre un pilar fundamental, la máxima socrática por excelencia, conócete a ti mismo. La idea de que toda sabiduría verdadera y por tanto toda capacidad para gobernar bien empieza con un profundo y honesto examen interior. Y esta máxima, como decíamos, no era solo teoría antigua. Como vemos aquí, resuena directamente en la ética de Pedro Abelardo, un famoso contemporáneo de Salzbury. La ética de Abelardo, que estaba muy influida por el ejercicio dialéctico, se centra en la intención y el autoconocimiento. Esto demuestra que estas ideas socráticas estaban en el centro del pensamiento más avanzado de aquel tiempo. Todo esto nos deja con una reflexión final que la verdad trasciende los siglos. Si Juan de Salisbury está en lo cierto y la felicidad de una sociedad depende de que sea guiada por la sabiduría, la pregunta inevitable para nuestro tiempo es, ¿en el mundo actual, ¿quiénes son esos filósofos que deberían gobernar? M.