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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

05 ALFARABI Y AVICENA

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

En plena edad de oro del Islam hubo dos pensadores, dos gigantes, que se atrevieron a hacer algo impensable, construir un puente entre dos mundos que parecían totalmente opuestos. Por un lado, la razón pura de los filósofos griegos. Por otro, la revelación del Corán. Hoy vamos a conocer a los arquitectos de ese puente, Alfarabi y Abicena. Y fijaos, empezamos con esta cita del propio Alfarabi, porque es toda una declaración de intenciones. Marca perfectamente el tono de una era entera. definida por la herencia intelectual, por la asimilación de un tesoro de conocimiento que estaba literalmente a punto de transformar el mundo. Para entender bien su impacto, este va a ser nuestro recorrido. Primero nos sumergiremos en el contexto, en ese mundo islámico donde floreció la filosofía. Después nos centraremos en Alfarabi, el llamado Maestro Segundo. A continuación conoceremos a Abicena, el prodigio que vino a perfeccionarlo todo, y terminaremos, claro, viendo el increíble legado que nos dejaron ambos. Venga, pues vamos al principio de todo. Todo esto empieza en un entorno cultural único, un lugar donde el conocimiento no es que fuera valorado, es que se consideraba un camino directo hacia la verdad con mayúsculas. Y de ahí nace la falsafa, que es simplemente la palabra árabe para filosofía. Pero ojo, esto fue muchísimo más que traducir unos cuantos libros. Fue un intento audaz, valiente, de investigar absolutamente todo, el cosmos, la ética, la política, usando la razón como la herramienta principal para luego integrarla con la ley revelada del Islam. Y aquí, en este caldo de cultivo intelectual es donde entra nuestro primer protagonista, Alfarabi. Un hombre tan respetado que se le llegó a conocer como el maestro segundo. El primero, el mismísimo Aristóteles, casi nada. Alfarabi era un verdadero polímata, un sabio en toda regla. Venía de lo que hoy es Kazagistán y se formó en el gran centro del saber, Bagdad, estudiando con intelectuales cristianos, lo que ya nos da una idea de la increíble apertura cultural de la época. Y a pesar de tener el favor de la corte de Alepo, dicen que vivió siempre de forma muy austera, dedicado en cuerpo y alma al estudio. Bueno, pues el núcleo, el corazón de todo su proyecto intelectual fue precisamente abordar la gran pregunta de su tiempo, ¿cómo narices hacemos para armonizar la filosofía griega con la religión islámica? Su respuesta fue tan audaz que sentó las bases para siglos y siglos de debate. Y este esquema lo explica la perfección. Para el farabi no es que haya dos verdades, hay una sola, pero se puede llegar a ella por dos vías distintas. Por un lado está la filosofía, el camino de la razón pura de la ciencia, que es universal, pero que, seamos sinceros, solo está al alcance de una élite intelectual. Y por otro lado está la religión, que utiliza la imaginación, los símbolos, las metáforas para hacer que esas mismas verdades sean accesibles para todo el mundo. No son enemigas, se entiende. Son dos idiomas distintos para contar la misma historia. Para explicar el universo, Alfarabi desarrolló una metafísica que es fascinante. En la cúspide de todo, en lo más alto, sitúa al ser necesario. ¿Y qué es esto? Pues es la causa de todo lo demás, aquello que existe por sí mismo, cuya propia naturaleza es existir. Es, para que nos hagamos una idea, el Dios de la revelación, aquel en el que su esencia y su existencia son una y la misma cosa, no puede no existir. Y si Dios es el ser necesario, ¿qué es todo lo demás? Desde las estrellas hasta una simple mota de polvo, todo lo demás es un ser posible. Es decir, podría existir o podría no existir. Nuestra existencia no es algo que nos venga de serie, por así decirlo, sino que nos es dada por el ser necesario. Es una forma superelegante y lógica de explicar la dependencia total de la creación con respecto a su creador. Pero Alfarabi no era solo un metafísico abstracto. Eh, esta anécdota es genial porque nos muestra su otra cara. era un maestro de la música hasta el punto de ser capaz de manipular las emociones de toda una corte con su laud de una manera casi mágica. Esto nos recuerda que para él el conocimiento lo abarcaba todo, desde la lógica más fría hasta el arte más emocionante. Y con esto damos un salto a la siguiente generación, a la figura que recogió el testigo de Alfarra y llevó su sistema filosófico a la máxima perfección. Hablamos, por supuesto, de Abicena, el famosísimo príncipe de los médicos. La vida de Abicena, de Evin Sa, es que es de película de verdad, un niño prodigio de los que hacen historia. Con 10 años ya se sabía el Corán de memoria y a los 18 ya consideraba que había aprendido todo lo que había que saber de todas las ciencias. Su vida fue un no parar, médico, filósofo, poeta, consejero de Emires, una auténtica pasada. Pero lo más fascinante de Abicena es que no partió de cero. Él reconoció la genialidad de Alfarabi y dijo, "Vale, voy a esto y lo voy a pulir, a sistematizar." Llevó la distinción entre ser necesario y posible, un paso más allá, y explicó la creación no como un evento único en el tiempo, sino como una emanación continua, como un flujo eterno de intelecto que brota de Dios de forma necesaria, igual que la luz brota del sol. Y al igual que Alfarabi, su brillantez no era solo teórica. Esta historia famosa nos muestra su increíble agudeza como médico. Un diagnóstico que hoy llamaríamos ficosomático, ¿verdad? Tomarle el pulso a un paciente mientras se dicen nombres hasta que el pulso se acelera al oír el de su amada es que es de una inteligencia brutal. demuestra que entendía perfectamente la conexión entre la mente y el cuerpo. Para que nos hagamos una idea de la magnitud de su influencia, solo hay que mirar este dato. Más de 35 es el número de ediciones que se hicieron de su canon de medicina en Europa en solo 30 años, justo después de inventarse la imprenta. Es una auténtica barbaridad. Su libro fue el manual de medicina por excelencia durante 600 años. Y aquí se ve por qué tuvo tantísimo éxito. Esta definición sacada de su propio canon es un modelo de claridad, de precisión y de pragmatismo. Es la voz de un científico que tiene un objetivo clarísimo, mantener la salud y si se pierde restaurarla directo y al grano. Y llegamos así al final, al momento de evaluar el legado. ¿Qué nos queda de estos dos pensadores? ¿Cuál fue su impacto real y duradero? El punto clave es este. Su gran gran logro fue construir un sistema filosófico coherente a partir de fuentes superdversas. Consiguieron que Aristóteles, el neoplatónico Plotino y el Corán, no solo no se pelearan, sino que dialogaran entre sí. crearon una síntesis que ofrecía una explicación del mundo y de nuestro lugar en él, que era a la vez racional y completa. Su legado es, por tanto, inmenso. No es solo que fundaran la gran tradición filosófica del mundo islámico, es que su pensamiento cruzó todas las fronteras e influyó de una forma decisiva en la escolástica cristiana europea en gente como Tomás de Quino. Y por supuesto, su impacto en la medicina fue sencillamente revolucionario y duró siglos. Y al final todo el esfuerzo intelectual de Alfarabi y Abicena nos devuelve una pregunta que la verdad sigue resonando hoy con la misma fuerza. La cuestión de si la razón y la fe son caminos compatibles, si la filosofía puede iluminar la revelación o si, por el contrario, están condenadas a no entenderse. Ellos respondieron con un sí rotundo y muy elaborado, dejándonos un legado que todavía hoy nos invita a seguir pensando.