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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I
05 El averroísmo latino y su condena eclesiástica
Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Creado con Notebook LM
Transcripción
A ver, pensemos por un momento en una idea, una idea tan potente que fue capaz de hacer temblar los cimientos de la Europa medieval. Pues de eso vamos a hablar hoy, del aberroísmo latino, una corriente filosófica que literalmente fue sentada en el banquillo, acusada de ser una amenaza directa para la fe. ¿Puede una filosofía ser peligrosa? Suena un poco fuerte, ¿verdad? Bueno, pues en el París del siglo XI la respuesta de la Iglesia y de la universidad fue un sí, pero un sí rotundo. Allí, una nueva forma de leer Aristóteles se consideró tan subversiva, tan revolucionaria, que simplemente tenía que ser silenciada. Venga, vamos a meternos de lleno en la raíz de todo este conflicto. Todo empieza cuando las obras de Aristóteles, que habían estado un poco perdidas, se redescubren y llegan a las universidades de Europa. Y claro, esto provocó lo que podríamos llamar un choque de trenes inevitable entre la lógica pura de la filosofía y las verdades intocables de la fe. Bueno, lo primero es lo primero. ¿Qué es exactamente esto del aberroísmo latino? Ojo, no pensemos en una escuela formal con su carnet y todo. Para nada. Era más bien una forma rompedora, una forma nueva de leer Aristóteles y la guía para leerlo eran los comentarios de Aberroes, un filósofo absolutamente brillante de Alá andaluz. Y claro, en este drama intelectual, como en una buena película, tenemos a los protagonistas muy bien definidos. Por un lado, la superestrella, Aristóteles, conocido simplemente como el filósofo. Luego está Berroes, que sería como el director de la nueva versión, el comentador. En medio de la polémica, defendiendo estas ideas, tenemos a maestros como Sigerio de Brabante. Y el escenario de toda esta batalla de ideas, pues no podía ser otro que las recién nacidas y efervescentes universidades europeas. Muy bien, pero a ver, vamos al grano. ¿Cuáles eran exactamente estas ideas que montaron tanto lío? ¿Qué es lo que decían los aberroístas que resultaba tan problemático para la doctrina cristiana de la época? Pues mirad, todo el conflicto se puede concentrar básicamente en tres ideas, tres tesis filosóficas que chocaban, pero de frente con algunos de los dogmas importantes del cristianismo. Vamos a verlas una por una. Aquí las tenemos. Estas son las tres ideas, digamos, explosivas. La primera, que el mundo es eterno, que no tiene un principio. Esto, claro, se cargaba de un plumazo la idea de la creación del Génesis. La segunda, que toda la humanidad comparte un único intelecto inmortal. ¿Y eso, ¿qué significa? Pues que el alma individual no era inmortal. Y por último, la que fue la auténtica bomba, la famosa teoría de la doble verdad. Y aquí está el meollo de la cuestión, la idea más difícil de tragar para la época. La doctrina de la doble verdad venía a decir a grandes rasgos que algo podía ser verdad según la filosofía y la razón, y a la vez su contrario, podía ser verdad según la fe. Por ejemplo, para la filosofía el mundo es eterno, demostrado con lógica, pero para la fe Dios lo creó de la nada. Según esta idea, ambas cosas podían ser verdaderas en su propio campo. Claro, para la Iglesia esto era un escándalo, era simplemente inaceptable. Y claro, ante un desafío intelectual así de este calibre, ¿alguien pensaba que la Iglesia, la institución más poderosa de la época, se iba a quedar de brazos cruzados? Ni de broma. Su reacción fue, como era de esperar, rápida y muy contundente. Ojo que esto no fue cosa de un día, la cosa fue a más. Fue una escalada en toda regla durante todo el siglo XI. Empezó ya en 1210 con las primeras prohibiciones llegaron a quemar libros de Aristóteles en París. Luego, en 1270, llegó la primera condena formal por parte del obispo Esteban Tempier. Y el momento culminante, la traca final, fue en 127 con la que se conoce como la gran condena. Ahí ya se pusieron serios y prohibieron una lista de 219 tesis. 219. Y es super importante entender lo que esto significaba. Que nadie se piense que era un simple debate académico o un tú opinas esto y yo lo otro. Qué va, aquí las consecuencias eran gravísimas. Defender estas ideas estaba prohibido, pero bajo pena de excomunión. Y la excomunión en esa época era básicamente la muerte social. Te expulsaban de la comunidad, te dejaban completamente fuera de todo. Vale, condenas, prohibiciones, excomuniones. Pero la gran pregunta es, ¿realmente funcionó? ¿Consiguieron estas condenas borrar por completo las ideas aberroístas? Y sobre todo, ¿cuál fue el legado real de todo este choque para el futuro del pensamiento en Occidente? Mirad, esta frase creo que lo resume de una forma genial. Visto con la perspectiva que nos da el tiempo, el aberroísmo fue una especie de laboratorio límite. ¿Qué quiere decir esto? Pues que puso a prueba hasta dónde podía llegar la relación entre la fe y la razón. Llevó la independencia de la filosofía hasta el extremo y eso obligó a la teología a ponerse las pilas. y a definir mucho mejor sus propios argumentos. O sea, que al final este conflicto no fue solo destructivo, al contrario, provocó una evolución en el pensamiento. Es como una cadena. Primero llega el desafío de los aberroístas con la filosofía reclamando su espacio. Luego viene la reacción de la Iglesia defendiendo sus dogmas con condenas. Y de ese choque, de esa crisis, surge la necesidad de una nueva solución, una nueva síntesis. Y ahí es donde entran figuras como Tomas de Aquino, que buscaron construir un equilibrio nuevo y mucho más sofisticado. Y el resultado de todo esto, en última instancia, fue que la confrontación no acabó con la filosofía, todo lo contrario. Lo que hizo fue obligarla a redefinir su papel dentro del mundo cristiano. Se creó, por así decirlo, un nuevo marco de juego, unas nuevas reglas para la relación entre la filosofía y la teología. Y ese marco duraría siglos. Y esto, claro, nos deja con una reflexión final, una pregunta que sigue flotando en el aire, porque el debate que empezaron los aberroístas hace más de 700 años sobre dónde están los límites entre la fe y la razón es un debate que en el fondo sigue muy vivo hoy y nos obliga a seguir preguntándonos, ¿pueden estos dos caminos hacia la verdad llegar a convivir en paz o están condenados a vivir siempre en una cierta tensión? Ahí queda la pregunta.