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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

05 Filosofía árabe | El intelecto agente en Averroes como crítica a la teoría de Avicena

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Muy buenas. A ver, ¿nos hemos parado a pensar alguna vez en cómo una simple imagen que vemos se acaba convirtiendo en una idea, en un concepto dentro de nuestra cabeza? Pues esta pregunta es el centro de uno de los debates más apasionantes de la historia de la filosofía y nos lleva directos a la edad de oro del pensamiento árable. Hoy vamos a analizar el choque de dos titanes, A Bisena y Aerrroes, y su batalla por definir la naturaleza de nuestro conocimiento y de esa cosa tan misteriosa llamada el intelecto agente. Vamos a pensar en algo super básico. Vemos un árbol, un coche o nos enfrentamos a una fórmula matemática. Vale, la información entra por los sentidos, pero ¿cómo narices se produce ese salto para que eso se convierta en un concepto universal en nuestra mente? ¿Cómo pasamos de ver ese objeto concreto a entender la idea general? Esa es precisamente la pregunta que trajo de cabeza a los grandes pensadores medievales. Bueno, para desentrañar todo este lío, vamos a seguir un camino bastante claro. Primero pondremos en contexto el debate, luego nos sumergiremos en la increíble metáfora solar de Avicena, que es una pasada. Después veremos como Aerrroes la desmonta con su crítica y qué es lo que propone él a cambio, que se basa en la potencia y el acto. Y al final compararemos las dos visiones cara a cara y nos preguntaremos, ¿vale? Y todo esto, ¿por qué debería importarnos hoy en día? Venga, pues viajamos en el tiempo a un momento de una efervescencia intelectual brutal. Aquí tenemos a nuestros dos protagonistas, Avicena y a Berroes. Ambos son herederos del gran Aristóteles, pero como veremos, van a interpretar su pensamiento de formas radicalmente distintas, sobre todo en este tema, ¿cómo conocemos lo que conocemos? Empecemos por la teoría que, por así decirlo, partía con ventaja, la de Avicena. Es que para entender la que lía Berroes, primero hay que entender contra qué o contra quién se está revelando. Y es que Avicena plantea una solución al problema del conocimiento que es, la verdad muy elegante y muy potente. Y aquí está el meollo de la cuestión, el intelecto agente. Ojo, porque para Avicena esto no es algo que esté dentro de cada persona, para nada. Es una inteligencia separada, casi divina, con una influencia neoplatónica muy fuerte que actúa sobre nuestras mentes para que seamos capaces de entender las cosas. Y esta es la ilustración brillante que utiliza Avicena para que lo entendamos todos. Pensemos en el sol. Es imposible ver los colores o las formas si estamos en una oscuridad total, ¿verdad? Necesitamos su luz. Pues de la misma manera nuestras mentes tienen ideas en potencia, como si estuvieran a oscuras. El intelecto agente es como un sol intelectual que irradia su luz y zas de repente hace que esas ideas se vuelvan claras y comprensibles para nosotros. Y entonces entra en escena a Berroes, conocido en Occidente como el comentador. Y no es por casualidad. Su objetivo principal no es tanto innovar, sino restaurar lo que él considera que es el pensamiento auténtico, el puro, el de Aristóteles. Quiere limpiarlo de todo lo que se le ha añadido después, sobre todo las ideas neoplatónicas como las de Avicena. El primer achazo de Aberroe Vicena es de método. La acusa de comenzar como de sí solo. O sea, básicamente le está diciendo, "Oye, que te has montado tu propia película." En lugar de explicar fielmente Aristóteles, donde Avicena ve emanaciones metafísicas y cosas así. Aroes quiere volver a los conceptos originales de Aristóteles, la física, la psicología, la potencia y el acto. Pero la crítica va mucho más allá. Aberroes ataca el corazón del modelo solar de Avicena. A ver, si el conocimiento es simplemente recibir rayos de una inteligencia que está fuera, ¿qué pintamos nosotros en todo esto? Para él convierte el conocer en un acto pasivo, casi místico, y se carga por completo la conexión con el proceso natural que describió Aristóteles, un proceso que, recordemos, empieza en nuestros sentidos y en nuestra imaginación. ¿Vale? Entonces, si el modelo del sol no le convence, ¿cuál es la alternativa que propone a Berroes? pues su solución se basa enteramente en los pilares del pensamiento aristotélico, proponiendo un proceso mucho más anclado en la experiencia humana, mucho más terrenal, por así decirlo. Aberroes nos devuelve a un proceso que va paso a paso. Todo arranca con los sentidos. Vemos, oímos, tocamos, lógico. Luego, nuestra imaginación crea imágenes mentales a partir de esas sensaciones. Y aquí viene el paso clave, la magia. El intelecto se pone a trabajar, actúa sobre esas imágenes particulares para abstraer, para sacar de ahí el concepto universal. Es el paso de ver este perro y aquel otro perro a comprender la idea de perro en general. Para explicar cómo funciona esto, Aberroes distingue dos aspectos del intelecto. Por un lado, está el intelecto material. Esta es nuestra capacidad individual de conocer. Es como una tablilla de cera en blanco que está en potencia de recibir cualquier idea. Por otro lado, está el intelecto agente, que es el principio activo, el que escribe en esa tablilla, el que convierte esa potencia en un conocimiento en acto. Ya no es un sol externo, sino el principio que actualiza lo que ya está en potencia dentro de nosotros. Y aquí viene lo interesante. Aunque este principio es el que actúa en nosotros, Aberroes también lo considera universal, no individual. Claro. Y aquí llega la parte más compleja y fascinante de la teoría de Aberroes. Si no nacemos sabiéndolo todo, ¿de dónde sale esa actualización, ese empujón? Aberroes postula que el intelecto agente es una especie de repositorio universal de saber, un intelecto común a toda la humanidad. Suena un poco a cienciaficción, ¿verdad? Es como si nuestros intelectos individuales se conectaran a esta red universal para activar el conocimiento concreto que necesitamos en cada momento. Bueno, pues ya tenemos las cartas sobre la mesa. Son dos modelos del conocimiento que chocan frontalmente. Vamos a resumir las diferencias clave para que quede todo bien claro. Es que lo realmente interesante de esta tabla es que resume un choque de mundos. Por un lado tenemos a Abicena con un modelo emanacionista casi místico donde somos receptores pasivos de una luz que nos llega desde lo alto y en la otra esquina a Berroes con un modelo naturalista mucho más fiel Aristóteles donde el ser humano es un agente activo cuyo potencial para conocer se activa a través de un proceso que empieza aquí abajo en los sentidos. Y sé que todo esto puede parecer un debate medieval lejano, pero las preguntas que plantea son eternas. Siguen más vivas que nunca en la filosofía de la mente, en la psicología cognitiva e incluso, ojo, en los debates que tenemos hoy sobre la inteligencia artificial. Y al final esta es la pregunta crucial que nos deja este análisis. Cuando aprendemos algo huevo, ¿estamos simplemente descargando información, recibiendo una especie de iluminación de una fuente externa? o por el contrario estamos activando una capacidad que ya estaba ahí, un potencial que reside en nosotros y que se despierta a través de nuestra interacción con el mundo. La tensión entre estas dos visiones, la de Abicena y la de Aberroes, sigue definiendo a día de hoy cómo pensamos sobre el aprendizaje, la creatividad y la propia naturaleza de la conciencia.