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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

05 Filosofía árabe | Los elementos aristotélicos en Averroes

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Hoy vamos a meternos de lleno en la filosofía de Aberroes y en concreto en cómo su pensamiento estuvo marcado por los elementos puramente aristotélicos. A ver, vamos a empezar con algo que bueno que choca un poco, ¿no? Aroes fue una de las mentes más brillantes de su tiempo y sin embargo no pasó a la historia por crear su propio sistema filosófico, sino por ser el comentarista de otro filósofo, Aristóteles. ¿Por qué? Y es que ese mote, el comentarista, ojo, no era para nada un insulto. Qué va, era en realidad toda una declaración de intenciones. Era su misión, por así decirlo. Para entender de verdad a Berroes es que no queda otra que ponerlo cara a cara con su contemporáneo, Abicena. Mientras Avicena buscaba crear algo nuevo, una síntesis propia mezclando tradiciones, a Berroes, él iba por un camino totalmente diferente. Claro, es que Aerroes lo veía de otra forma. Su objetivo era una fidelidad casi casi radical. quería restaurar al Aristóteles puro, al original, el que él sentía que se había perdido, o que otros, como el propio Avicena, habían mal interpretado. ¿Vale? ¿Y cómo se ve esto en la práctica? Pues vamos a verlo en una de sus ideas más potentes y que más dieron que hablar, su teoría sobre el alma. Aberroes apostó fuerte por el concepto de intelecto material. ¿Y qué significa esto? Pues básicamente que la mente humana no es algo etéreo, no. está anclada, bien anclada en el mundo físico, en nuestro cuerpo, exactamente como lo pensaba Aristóteles. O sea, que el alma no es una cosa que flota por ahí separada del cuerpo, para nada. Está íntimamente ligada a cómo funciona nuestro cuerpo, los sentidos, la memoria, la imaginación, todo va junto. El conocimiento, por tanto, no nos llega de fuera por arte de magía, sino que se construye desde dentro, desde la experiencia. Y aquí, aquí es donde se ve la diferencia de una forma clarísima. Aberroes rechaza de plano todo lo que suene a neoplatonismo, es decir, ideas con influencia de Platón que hablaban de un conocimiento que ya tenemos dentro, como la iluminación divina o las ideas innatas. Para Berrés, nada de eso. El conocimiento se construye a partir de lo que percibimos. No se recuerda, se aprende. Entonces, llegamos a un punto clave. Para Berroes no solo importaba a qué conclusiones llegabas, era igual de importante o incluso más el cómo llegabas a ellas. El método lo era todo. Su método era, bueno, era superiguroso. Fijaos. Primero, el texto de Aristóteles es la verdad filosófica. Segundo, el trabajo de un filósofo es limpiar, quitar los errores de interpretación, volviendo siempre a ese texto original. Y tercero, ¿cuál es la mejor herramienta para hacer eso? El comentario. Filosofar es comentar. De hecho, le daba bastante caña a Vicena, justo por eso, por basarse en lo que decían otros en vez de ir directo a Aristóteles. Aberruis estaba convencido. Todo el lío filosófico venía de ahí, de alejarse del texto original. La verdad estaba en las palabras de Aristóteles, no en una cadena de interpretaciones. Bueno, y este proyecto tan radical de limpiar a Aristóteles, pues imaginad, cuando llegó al Europa medieval, las consecuencias fueron, digamos que explosivas. Vamos a ver cómo fue la cosa. Siglo XI. Aberroes traduce y comenta toda la obra de Aristóteles. Principios del siglo XI, esos textos con un Aristóteles muy terrenal empiezan a circular por las universidades europeas. ¿Y qué pasa, pues que en 1210 en París se lía prohíben enseñar la filosofía de Aristóteles y, por supuesto, los comentarios de Aberroes, así de potente fue su trabajo. Es que sus ideas, sobre todo las del alma, removieron todo el panorama intelectual. Dieron pie a uno de los debates más bestias y también más productivos de la Edad Media. De repente, grandes pensadores como Tomás de Aquino o Alberto Magno tuvieron que posicionarse y responder a este nuevo Aristóteles que presentaba a Berroo. Y esa fecha, 1210 es superimportante, el año de la condena de París. Fue una reacción directa, un portazo al naturalismo aristotélico que gente como Aerroes estaba recuperando. La Iglesia se asustó. Esa visión del alma y del mundo tan pegada a lo físico, pues chocaba de frente con la doctrina cristiana. Y todo esto nos deja con una pregunta final para darle una vuelta. ¿Puede ser que la fidelidad a una idea sea un acto más radical que la propia originalidad? Porque la historia de Aberroes es la prueba. Su intento de ser una sombra fiel a Aristóteles acabó por cambiar para siempre el rumbo de la filosofía en Occidente. demostró que a veces la mayor revolución no es inventar algo nuevo, sino recuperar algo que es verdadero.