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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN

05 | La negación mutua | Antropología social y filosofía

La negación mutua | Antropología social y filosofía Examina el conflicto histórico entre la etnología (estudio de la diversidad cultural y los "otros") y la filosofía (búsqueda de la verdad universal y el "nosotros"). Se analiza la crítica de Lévi-Strauss al Cogito cartesiano y la necesidad de superar esta ruptura integrando la diversidad cultural en la reflexión filosófica.

Transcripción

Hay frases que son como un nudo, ¿verdad? Parecen un trabalenguas, pero si tiras del hilo correcto, esconden una idea potentísima. Hoy vamos a desentrañar una de esas, un rompecabezas intelectual del filósofo Javier San Martín sobre los límites de la ciencia y la filosofía. Aquí la tenemos. A ver qué os parece. La negación desde la antropología social de la filosofía es la negación filosófica de esta misma antropología. ¡Uf! Suena denso, ¿a que sí? Dejémosla ahí un momento. La pregunta es, ¿cómo es posible que una disciplina al intentar negar a otra termine negándose a sí misma? Pues eso es justo lo que vamos a descubrir. Venga, vamos a resolver este enigma. Para hacerlo bien tenemos que ir pieza por pieza. Empecemos por la primera mitad de la frase, esa parte en la que una corriente de la antropología social parece que le dice no a la filosofía. Y aquí es donde empieza el choque de trenes. Por un lado, tenemos una corriente importante dentro de la antropología social que dice, "Mira, solo hay verdades culturales particulares. O sea, cada cultura tiene su propia película sobre lo que es el ser humano. Y por otro, la filosofía de toda la vida ha buscado justo lo contrario, una verdad universal, algo que nos defina a toda la humanidad por igual. A esta postura se la conoce como relativismo cultural extremo. Y ojo, hay que hacer una aclaración importante. El relativismo como herramienta de trabajo es fundamental para no ser etnocentrista, vamos, para no juzgar a los demás desde nuestra propia cultura. Pero cuando se lleva al extremo filosófico, como pasa en algunas escuelas como la boasiana, la idea de fondo es que todas las visiones de la vida son básicamente igual de válidas. Ninguna es mejor que otra. Y justo aquí es donde se produce la negación. Si se parte de que todos los sentidos culturales son equivalentes, se está rechazando de lleno el objetivo de la filosofía de encontrar un discurso universal. Es como decir, eso que buscáis, una verdad que vaya más allá de cada cultura, sencillamente no existe. Vale, la primera parte parece que se entiende, ¿no? Una visión del mundo contra otra, pero ¿cómo saltamos a la segunda mitad del acertijo? ¿Cómo es que este rechazo a la filosofía se le vuelve en contra a la propia antropología? Aquí es donde la cosa se pone de verdad interesante. Entramos de lleno en la paradoja, la autonegación. Vamos a ver cómo ese argumento que una parte de la antropología usa contra la filosofía regresa como un boomerang y la golpea con una fuerza increíble. Según San Martín, esta autonegación no ocurre de golpe, sino que se da por tres consecuencias que son, bueno, demoledoras. La primera es la disolución del saber, la segunda un retroceso histórico. Y la tercera, que es la clave de todo, es la imposibilidad de la crítica. Vamos a verlas una por una. El primer problema es la disolución del saber. A ver, pensémoslo. Si todas las interpretaciones valen lo mismo, entonces el análisis que hace un antropólogo es solo una historia más, al mismo nivel que el mito o la creencia que está estudiando. La frontera entre quien observa y lo observado se vuelve borrosa y con ella se pierde el valor del conocimiento científico. La disciplina, así se arriesga a perder su estatus de saber. La segunda consecuencia es literalmente un retroceso histórico. Es que la filosofía nació precisamente para superar las explicaciones particulares de los mitos y encontrar un discurso común, un Logos que nos sirviera a todos. Negar esa búsqueda es como desandar el camino andado por la historia del pensamiento, volver a una época en la que solo teníamos explicaciones aisladas. Y con esto llegamos al punto crucial, al meollo de la cuestión, la imposibilidad de la crítica. Porque el mundo real no es un campo de juego donde todo es igualitario. Hay culturas que dominan a otras. Hay prácticas injustas. Si la antropología renuncia a un criterio universal, ¿con qué herramientas puede juzgar esas desigualdades? ¿Cómo puede señalar la inhumanidad de algo si todo es relativo? Sin esa base filosófica para poder juzgar, la antropología se queda, pues eso, sin herramientas para la crítica. Se convierte en una mera recopiladora de datos. Puede describir el mundo, sí, pero ya no puede valorarlo críticamente. Bueno, pues ahora vamos a juntar todas las piezas para resolver por fin nuestro enigma. Ya hemos visto el precio tan alto que se paga por negar esa búsqueda de un fundamento universal para el conocimiento. Y aquí está la resolución final. Una antropología que rechaza su dimensión filosófica, es decir, esa búsqueda de universalidad y de crítica racional, se está negando a sí misma como una ciencia capaz de entender al ser humano en profundidad. se condena al final del camino a la irrelevancia. Y todo esto nos deja con una pregunta final, una que va mucho más allá de la teoría. Si de verdad aceptamos que todas las explicaciones son iguales, si renunciamos a buscar un terreno común, entonces, ¿cómo podemos juzgar la injusticia en el mundo real? Una cuestión que demuestra que este debate filosófico tiene consecuencias muy, pero que muy concretas. Par.