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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I
06_Filosofía hebraica | Segunda parte
Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Creado con Notebook LM
Transcripción
Seguimos con nuestro viaje al corazón del pensamiento judío medieval. Hoy nos metemos de lleno en los desafíos que marcaron una época con la mirada puesta en la figura gigantesca de Maimónides y su gran contrapunto filosófico Ibn Gavirol. A ver, para que nos hagamos una idea de la talla de Maimonides, hay que empezar por aquí, por esta frase tradicional judía. Y ojo que no es un simple piro, pues esto coloca a Moisés Ben Maimón, nuestro Maimónides, a un nivel intelectual que solo tiene parangón con el Moisés de la Biblia, el profeta, ni más ni menos. Este es el punto de partida para entender el terremoto que supuso su obra. Bien, ¿cuál va a ser nuestra hoja de ruta? Primero, veremos el gran dilema al que se enfrentaron. Después, como Maimónides usa la razón para, según él, iluminar la fe. Nos asomaremos al misterio de Dios. Pondremos cara a cara su visión con la de Ibn Gavirol. Y para terminar veremos qué legado nos dejaron, que no es poco. Venga, vamos al lío. El gran conflicto intelectual de la Edad Media y no solo para el judaísmo era este. ¿Qué hacemos con la verdad revelada en las Escrituras? Por un lado, y con el sistema lógico, racional de la filosofía griega, sobre todo de Aristóteles, por otro. Dos mundos que parecían chocar. Esta era la madre de todas las preguntas, el auténtico nudo gordiano de la época. Para muchísima gente, fe y razón eran como el agua y el aceite. Pues bien, la obra cumbre de Maimónides, su famosa guía de perplejos, nace justo para intentar responder a esto, para echar un cable a todos los que estaban intelectualmente perdidos en esa encrucijada. Entonces, ¿cómo lo hizo? ¿Cuál fue la herramienta que usó Maimónides para atender un puente entre la Biblia y Aristóteles? Pues su método fue una auténtica revolución para la época, la interpretación alegórica. Aquí está la clave de todo. Maimónides viene a decir que la Biblia tiene, además de su significado literal, el que lee todo el mundo, unas capas de sentido ocultas, más profundas. Y en esas capas, según él, se esconden verdades filosóficas que encajan como un guante con la razón de Aristóteles. No se trata de cambiar el texto, sino de leerlo con otras gafas a otro nivel. Y este ejemplo es sencillamente genial para entenderlo. Maimónides coge los primerísimos versículos del Génesis y Zas los reinterpreta con la física de Aristóteles. La tierra del relato no es solo tierra, es el centro del universo. El océano es la esfera del agua, el viento de Dios que se mueve sobre las aguas es la esfera del aire. Y la oscuridad, que es una jugada maestra, la identifica con la esfera del fuego, un fuego elemental que no tiene por qué ser luminoso. Es una traducción conceptual absolutamente asombrosa. Venga, pasamos a otro de los grandes melones que abrió Maimonides. Si Dios es un ser puramente espiritual, sin cuerpo, ¿cómo narices podemos hablar de él? La cosa tiene miga, porque todo nuestro lenguaje viene de nuestra experiencia física, de lo que tocamos y vemos. Decimos, "La mano de Dios, los ojos de Dios." Para Maimónides, tomarse eso al pie de la letra era un error catastrófico. Era rebajar a Dios a algo material, vamos, un callejón sin salida teológico. Y la solución que propone es de una elegancia intelectual brutal. [resoplido] Si con nuestro lenguaje limitado no podemos decir lo que Dios es, vamos a concentrarnos en decir lo que no es. Esta es la esencia de la llamada teología negativa. Fijaos en la lógica que hay detrás. Al ir negando todo lo que es imperfecto o limitado en nuestro mundo, nos vamos acercando a la verdadera naturaleza de Dios. Es más preciso decir que Dios no es ignorante que decir que es sabio, porque nuestra idea de sabiduría es muy humana, muy pequeña. Con este método se asegura de preservar la unidad y la trascendencia total de Dios sin fisuras. Pero Maimónides no era de los que se arrugaban. Eh, se metió de lleno en uno de los mayores choques de trenes filosóficos. Por un lado, Aristóteles, que decía que el mundo es eterno sin principio, y por otro la Biblia con la creación desde la nada, exnígilo. Y aquí es donde se ve la talla y la honestidad intelectual de Maimonides. Después de darle 1 vueltas a todos los argumentos, llega una conclusión. La razón humana por sí sola no puede demostrar ni una cosa ni la otra. Es un empate técnico y ante empate de la lógica se decanta por lo que dice la Biblia, pero no por fe ciega, sino porque considera que la creación explica mejor aquello a lo que la razón simplemente no llega. Pero ojo, que nadie piense que el camino aristotélico de Maimónides era el único posible. Para tener la foto completa, hay que ponerlo frente a frente con su predecesor, Salomón Ibn Gavirol, que desde el neoplatonismo tenía una visión del universo radicalmente diferente. Aquí tenemos el cara a cara, el choque de dos universos. A la izquierda, Maimónides, un aristotélico de manual. Para él hay una división clara. Los seres espirituales, como los ángeles, son inteligencias puras, son inmateriales. Pero a la derecha llega la propuesta de Im Gavirol y Boom, rompe la baraja. Su idea es radical, el ilemorfismo universal. ¿Qué significa? Pues que todo lo creado, desde una piedra hasta el ángel más elevado, tiene la misma estructura básica, materia y forma. Una visión que unifica todo el cosmos, muy distinta a la jerarquía de Maimonides y desde luego una de las ideas más originales de Gaviral. Claro, con unas ideas tan potentes como las de Maimónides era imposible que la cosa quedara en calma. Su legado fue inmediato, profundísimo y, sobre todo, muy polémico. Su guía de perplejos desató una tormenta que duró más de un siglo. La comunidad intelectual judía se partió en dos, literalmente. Por un lado estaban los que la vieron como una obra maestra, una forma de reforzar la fe con la mejor razón disponible. Pero por otro, los más tradicionalistas la consideraron una amenaza, una contaminación de la fe con ideas paganas. Les daba pánico que interpretar la Biblia de forma alegórica acabase por vaciar de sentido las prácticas y los mandamientos. Pero lo increíble es que la genialidad de Maimón des saltó los muros de la religión. Su pensamiento viajó hasta el mundo cristiano y allí figuras de la talla de Tomás de Aquino encontraron en sus argumentos sobre la creación y los límites de la razón unas herramientas de oro para construir su propio edificio filosófico teológico. Y todo esto nos deja con una reflexión final casi obligada. Este esfuerzo titálico de Maimónides por hacer las paces entre la fe y la razón de su tiempo nos lanza una pregunta que resuena hoy con muchísima fuerza. En nuestro mundo marcado por la ciencia sigue vivo ese debate? ¿Hemos encontrado por fin la armonía entre la fe y la razón o simplemente hemos cambiado las piezas de sitio en el mismo viejo dilema? Es una pregunta que casi 1000 años después sigue totalmente abierta.