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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN
07 | La apariencia trascendental | Concepto en la escuela fenomenológica
La apariencia trascendental | Concepto en la escuela fenomenológica Explica el concepto de que el "yo trascendental" (sujeto puro de conocimiento) parece estar separado del mundo, pero es una ilusión (apariencia). La antropología debe mostrar que el sujeto es también un ser mundano, fáctico y biológico, superando el idealismo abstracto.
Transcripción
Muy buenas. Hoy nos metemos de lleno en uno de los problemas más curiosos y la verdad más profundos de la filosofía. El simple o no tan simple hecho de definirla. A primera vista parece fácil, ¿no? Pues agarraos porque vamos a ver porque es una tarea casi imposible. A ver, vamos directos a la pregunta del millón. ¿Qué es la filosofía? Si preguntamos qué es la biología, pues fácil, el estudio de los seres vivos y la historia, el estudio del pasado. Pero claro, llegamos a la filosofía y la cosa se tuerce. Esta pregunta lleva siglos sobre la mesa y lo más interesante es que la propia dificultad para responderla ya es en sí misma un problema filosófico. Bueno, para que no nos perdamos por el camino, esta va a ser nuestra hoja de ruta. Primero vamos a entender bien el dilema. Luego nos sumergiremos en el concepto clave de hoy, la apariencia trascendental. Lo vamos a desglosar en tres niveles para que se entienda bien. Veremos qué impacto tiene todo esto y cerraremos con una idea clave, que la filosofía es antes que nada una decisión. Vamos al lío. Venga, entramos en materia. El gran dilema. ¿Por qué narices es tan complicado definir la filosofía? La clave, y esto es importante, no está en buscar una definición perfecta de diccionario, no. La clave está en entender un obstáculo que nos encontramos siempre, un concepto que nos llega directamente de la escuela fenomenológica. Y aquí la tenemos, la pieza central de nuestro análisis de hoy, la apariencia trascendental. Es un término que acuñó el filósofo Eugen Fing y va a ser la herramienta que nos va a permitir entender por qué definir la filosofía es un reto tan particular. Entonces, ¿qué significa esto exactamente? Pues mirad, la apariencia trascendental es, en pocas palabras, el problema que aparece cuando intentamos estudiarnos a nosotros mismos como si pudiéramos salirnos de nuestro propio cuerpo y mente para observarnos desde fuera. Para que nos hagamos una idea, es como intentar ver nuestro propio ojo sin la ayuda de un espejo. Es imposible. Somos a la vez el instrumento que observa y el objeto observado. Y este es el meollo de la cuestión. No hay un fuera. Cualquier investigación que hagamos sobre el ser, sobre el conocimiento, sobre la existencia, parte de nosotros mismos, de nuestra consciencia. Buscamos esa objetividad, ese punto de vista de un científico que mira por un microscopio, pero es que en filosofía nosotros somos el microscopio. [resoplido] Esta paradoja es el corazón del problema. ¿Vale? Sé que este concepto de apariencia trascendental puede sonar un poco abstracto, pero no os preocupéis porque para hacerlo más fácil de digerir, Fink lo desglosa en tres niveles, tres problemas concretos que nos muestran cómo se manifiesta en la práctica. El primer nivel, la primera trampa, es confundir la filosofía con la ciencia. Es que es muy tentador, ¿verdad?, tratarla como si fuera una ciencia humana más, como la sociología o la psicología. El problema es que si hacemos eso, si la tratamos como un hecho más a estudiar, la filosofía pierde por completo su sentido. Si es solo otra ciencia, que la hace especial, la reducimos a un objeto de estudio y nos cargamos su pretensión de ir más allá de lo observable. Vamos con el segundo nivel de dificultad, la diferencia entre el sujeto y el objeto. Fijaos, una ciencia como la biología puede estudiar al ser humano como un qué, como un objeto con características que se pueden medir y analizar, pero la filosofía se da de bruces con una realidad. El ser humano no es solo un qué, es también un quién. Un sujeto que piensa que es consciente, que tiene, bueno, llámalo alma, llámalo razón. Y claro, eso no se puede poner debajo de un microscopio. La filosofía no solo describe al humano, parte de él como el que describe y eso, creedme, lo cambia absolutamente todo. Y llegamos al tercer nivel, que es la búsqueda de un conocimiento de otro tipo. Las ciencias, por lo general, buscan un conocimiento fáctico, explicar cómo son las cosas. La filosofía, en cambio, apunta a un conocimiento trascendental. ¿Y qué es eso? Pues busca los cimientos, las causas primeras, lo que es a priori, o sea, aquello que viene antes de la experiencia y que de hecho, la hace posible. A la filosofía no le interesa solo saber qué pensamos, sino que va un paso más allá y se pregunta, ¿cómo es posible que pensemos? Muy bien, ya hemos planteado el problema. Ahora, la pregunta lógica es, ¿y qué pasa si pasamos de todo esto? ¿Qué consecuencias tiene caer en esta apariencia trascendental e ignorarla? Pues para verlo de forma clara, vamos a fijarnos en su impacto en un campo muy concreto, la antropología filosófica. Ojo que los riesgos de ignorar este dilema no son ninguna tontería. Lo primero y lo más grave es que acabamos por reducir la filosofía a una ciencia humana más, perdiendo su singularidad. Esto inevitablemente nos lleva a equivocarnos de lleno en el método, porque claro, intentamos estudiar a un sujeto como si fuera un simple objeto. Y el resultado final de todo esto es una incomprensión total de la verdadera naturaleza de la filosofía. Y todo este camino nos lleva a la gran conclusión, a lo que de verdad marca la diferencia entre la filosofía y cualquier otra disciplina. Y no es solo una cuestión de que estudia o cómo lo estudia, es algo mucho, mucho más de base. Leamos esto con calma porque es potentísimo. A diferencia de las ciencias, en la filosofía decidir de qué se va a hablar ya es en sí mismo un asunto filosófico. Pensemos un momento en lo que esto implica. Un biólogo no se pone a debatir si la biología debe estudiar la vida, simplemente la estudia. Un historiador no discute si debe analizar el pasado, pero el filósofo, el primerísimo paso del filósofo es filosofar sobre qué demonios es la filosofía y de qué debería ocuparse. La definición de su propio campo es el primer problema de su campo. Y con esto cerramos dejando esta pregunta en el aire que al final resume toda esta fascinante paradoja. Si el primer paso de la filosofía es decidir qué es la filosofía, entonces por dónde se empieza esta naturaleza circular, este tener que mirarse al espejo para poder empezar a mirar por la ventana. es quizá lo que hace de la filosofía una aventura intelectual tan absolutamente única y sobre todo tan necesaria. Muchas gracias por habernos acompañado.