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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

07 La Función Semántica | San Anselmo y el problema de la existencia de Dios

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Hoy nos vamos a meter de lleno con uno de los argumentos más, bueno, más audaces y desde luego más persistentes de toda la historia de la filosofía. Y es que esta es la gran pregunta que está en el corazón de la obra de un filósofo medieval, San Anselmo de Canterbury. Una pregunta que, ojo, ha puesto en jaque a pensadores durante casi casi 1000 años. Venga, vamos a empezar. Para entender a Anselmo, lo primero es saber de dónde parte. Su proyecto no era simplemente creer y ya está. No, no. Él quería entender su fe usando la razón y este objetivo, esta misión la resumió en un lema que se hizo famosísimo. Fides querens intelectum, la fe que busca el entendimiento. O sea, el proyecto de Anselmo no iba de sustituir la fe para nada. Se trataba de demostrar que eso que una persona creyente acepta también se puede explorar, se puede comprender usando solo la razón. Es como un intento de construir un puente entre la creencia y la lógica pura. Y para construir ese puente, Anselmo se propuso algo muy ambicioso, argumentar la existencia de Dios sin tener que señalar nada del mundo exterior. Para esto utilizó lo que en filosofía se conoce como una prueba a priori, o sea, un argumento que no depende de lo que vemos o tocamos, sino que se sostiene o se derrumba basándose únicamente en la lógica. Anselmo en realidad desarrolló varios argumentos a lo largo de su vida, pero para entender su idea más radical esa que ha dado tanto que hablar, primero tenemos que ver cómo cambió su enfoque. Fue un giro brutal. Pasó de mirar el mundo que le rodeaba a mirar hacia dentro, analizar un concepto. Aquí se ve clarísimo. En su primera obra, El monologion, sus pruebas eran a posteriori, es decir, partían de la observación. veía, por ejemplo, que hay cosas más o menos buenas en el mundo y de ahí deducía que debía existir un bien supremo, pero luego en el Proslogión dio un giro de 180º. Su argumento más famoso ya no partía del mundo, sino de una simple idea en la mente. Y ahora sí, vamos al lío. Vamos a analizar ese famoso argumento del prosloguion, el llamado argumento antológico. Es un ejercicio de lógica tan elegante como, bueno, como polémico. Ha desconcertado a filósofos durante siglos. Y aquí está la clave de todo. El punto crucial, el pilar sobre el que se sostiene todo el edificio. Es esta definición de Dios. No habla de un Dios cualquiera, sino de aquello de lo cual nada mayor puede ser concebido, el ser máximamente perfecto que se pueda pensar. Quédense con esta idea. A ver, vamos a desgranar la lógica de Anselmo. Primero, la idea de ese ser del que no se puede pensar nada más grande existe. Bueno, como mínimo existe en nuestra cabeza, ¿verdad? en nuestro entendimiento. ¿Vale? Segundo paso, Ancelmo dice que un ser que existe en la realidad es por definición mayor que uno que solo existe en la mente. Y aquí es donde viene el jaque mate, porque si ese ser tan perfecto solo existiera en la mente, zas, podríamos imaginar uno todavía más perfecto, ese mismo ser, pero que además existe en la realidad. Y eso, claro, es una contradicción con la propia definición. Así que concluye Anselmo, no queda otra. Ese ser tiene que existir no solo en la mente, sino también en el mundo real. Claro, esto sonaba tan perfecto que casi de inmediato le salió un crítico. Un monje contemporáneo llamado Gaunilón le lanzó una objeción superpotente y la verdad muy ingeniosa. Lo que dijo Gamilon fue algo así como, "Oye, Anselmo, si tu lógica funciona, yo puedo usarla para cualquier cosa. Imagino una isla, la isla más perfecta y maravillosa que se pueda concebir. Y como existir en la realidad es más perfecto que solo existir en mi imaginación, esa isla tiene que existir." Y claro, esto suena completamente absurdo. No podemos hacer que las cosas existan solo por definirlas como perfectas. Pero Anselmo tenía una respuesta preparada y fue muy astuta. Le dijo a Gaunilon que su lógica solo se aplica un único caso, Dios. Una isla es algo contingente, o sea, que puede existir o no existir. No es esencial, pero Dios, según su definición, es un ser necesario para ese ser del que no se puede pensar nada mayor, la existencia no es una característica más como ser azul o grande, no es parte esencial de su propia definición. Y fue justo la objeción de Gaunilón la que destapó por qué el argumento de Anselmo se convirtió en un problema filosófico tan profundo, un problema que va al corazón de la relación entre nuestra mente y el mundo real. Al final la cuestión de fondo es esta. ¿Hasta qué punto podemos fiarnos de que lo que pensamos en nuestra cabeza se corresponde con la realidad? Podemos saltar con seguridad desde un concepto, desde el lenguaje, a la existencia real de algo? Ese puente entre la mente y la realidad es lo que lleva casi 1000 años en debate. Y que nadie piense que esto se quedó en la Edad Media, ¿eh? Para nada. Como se ve aquí, gigantes de la filosofía se han peleado con este argumento durante siglos. Tomás de Aquino lo rechazó. Descart, tiempo después creó su propia versión. Kant intentó demolerlo para siempre con una crítica famosísima y aún así, después de él, otros como Hegel volvieron a darle una vuelta. Su influencia es sencillamente innegable. Así que para recapitular, hemos visto el intento de Anselmo de unir fe y razón, ese audaz salto lógico que va de un concepto a la realidad, la brillante objeción de la isla perfecta de Gaunilón y sobre todo cómo todo esto nos deja con un legado filosófico que nos hace dudar de los propios límites de nuestro pensamiento. Y al final el argumento de Anselmo nos deja de bruces con una pregunta fundamental que la filosofía sigue explorando hoy en día. es existir una cualidad más que algo puede tener como ser bueno o poderoso o verde o es algo de una naturaleza completamente distinta. Ahí queda eso porque la respuesta a día de hoy sigue sin estar nada clara.