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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

07 San Anselmo de Canterbury

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

San Anselmo de Canterbury. Su obra es como un puente, uno que conecta al pensamiento cristiano más antiguo con esa explosión de lógica y filosofía que fue la alta escolástica. Su gran misión, su gran obsesión fue iluminar los misterios de la fe con la pura y dura luz de la razón. Y esta es la clave de todo. Fides querents intelectum. Ojo que esta frase no es un simplea, ¿eh? Es el motor que impulsa toda su aventura filosófica. La fe para él es el punto de partida. Sí, pero no se conforma con una creencia ciega. No, busca, exige, necesita una comprensión racional. Bueno, este va a ser nuestro recorrido. Primero vamos a conocer al hombre para entender su contexto. Después nos ambulliremos en su método, que fue toda una revolución. Analizaremos sus famosas pruebas sobre la existencia de Dios. Exploraremos qué pensabas sobre la verdad y la libertad y terminaremos viendo el legado inmenso que dejó y claro, las críicas que provocó. Para entender de verdad el pensamiento de Anselmo, primero hay que conocer a la persona. Su vida fue un constante vai ben entre la paz de la contemplación en el monasterio y las tremendas responsabilidades políticas de su tiempo. Y ese contexto, esa tensión, es fundamental para entender su misión intelectual. Su trayectoria, la verdad, es fascinante. Nace en Italia, pero su sed de conocimiento le lleva a Normandía nada menos que para estudiar con el gran maestro Lan Franco. Y a partir de ahí su ascenso es meteórico. De simple monje pasa a ser Abat y finalmente lo nombran arzobispo de Canterbury, sucediendo, por cierto, otra vez a su maestro. Se convirtió así en una de las figuras más poderosas de la iglesia en toda Europa. Y ahora sí, vamos al núcleo de su innovación. En su época había una disputa tremenda entre los que defendían la razón a capa y espada, los dialécticos, y los que la rechazaban de plano. Pues bien, en medio de esa batalla, Anselmo encuentra un equilibrio audaz. Afirma que la fe es lo primero, sí, pero lo hace con un optimismo radical en el poder de la lógica para explicarla. Y aquí está su herramienta fundamental, las razones necesarias. La idea es para su tiempo absolutamente revolucionaria. Consiste en partir de una verdad de fe, por ejemplo, que Dios existe, y demostrarla usando únicamente la lógica, el puro encadenamiento de razones, como si fuera una demostración matemática, sin apoyarse nada más. Y no es una interpretación, eh, lo dicen sus propias palabras. Se comprometió a no usar la autoridad de las Escrituras en sus argumentos, sino a confiar únicamente en la evidencia de la verdad que surge de la propia lógica. Una postura de una audacia increíble para el siglo X. Vamos a ver cómo aplicó este método en su primera gran obra, El Monologion. Aquí Anselmo intenta demostrar que Dios existe, pero partiendo de cosas que podemos observar en el mundo que nos rodea. Aquí presenta cuatro pruebas que se conocen como a posteriori, que significa que van del efecto a la causa. Es decir, Anselmo mira el mundo y dice, "A ver, vemos cosas que son más o menos buenas, más o menos perfectas." y argumenta que toda esa escala de bienes o de perfecciones tiene que tener un punto de referencia, una fuente única y absoluta. Es un camino que parte de la experiencia para llegar a Dios. Y con esto, sin saberlo, estaba sentando las bases de las famosísimas cinco vías que Tomás de Aquino desarrollaría casi dos siglos más tarde. Pero ahora, ahora llegamos a la joya de la corona del pensamiento de Anselmo, su argumento del Proslosion. Esta es su aportación más original, la más genial y sin duda la más debatida. Un intento de probar que Dios existe, pero no partiendo del mundo, sino solo desde la propia idea de Dios. Todo, absolutamente todo, descansa sobre esta definición y es una genialidad por su simpleza. No se pone a describir a Dios con atributos complicados, no. lo define de una forma que hasta el insensato, como él lo llama, el que niega a Dios puede entender. Es un concepto puramente lógico, el ser más grande que la mente humana puede llegar a concebir. A ver, vamos a desgranar el argumento paso a paso. Primero, la idea de aquello mayor que lo cual nada puede ser concebido existe en la mente de cualquiera que la escuche. Segundo, y usa la analogía del pintor. No es lo mismo el cuadro que el pintor tiene en su cabeza que el cuadro ya pintado en el lienzo. Tercero, afirma algo que parece de sentido común. Existir en la realidad es mayor, es más perfecto que existir solo en el pensamiento. Y aquí viene el jack matatológico. Si ese ser máximo concebible existiera solo en la mente, entonces podríamos concebir algo todavía mayor, ese mismo ser, pero existiendo también en la realidad. Y eso, claro, es una contradicción con la propia definición. Por lo tanto, para que la definición no se contradiga a sí misma, ese ser tiene que existir. Claro, este rigor lógico tan bestia no se iba a detener en la existencia de Dios. Anselmo lo aplicó a otros conceptos fundamentales como la verdad o la libertad, buscando siempre una definición precisa y objetiva. Para Anselmo, la palabra clave que define tanto la verdad como la libertad es rectitud o corrección. La verdad no es algo subjetivo, es la corrección de una cosa cuando es exactamente lo que se supone que debe ser. Y la libertad, por su parte, es el poder, la capacidad de mantener la voluntad en ese estado de corrección. Y esto, esto es una redefinición potentísima. La libertad no es dudar entre el bien y el mal, no. La verdadera libertad, la libertad en su máxima expresión es la capacidad, la fuerza de elegir el bien y mantenerse en él. Por lo tanto, pecar no es un acto de libertad, es una debilidad, un fracaso del poder de la voluntad. Como es de esperar un argumento tan audaz y tan rompedor, no iba a quedar sin respuesta. Vamos a terminar viendo cuál fue la reacción inmediata y cómo el pensamiento de Anselmo ha seguido resonando a lo largo de toda la historia de la filosofía. Y aquí tenemos un choque de titanes filosófico. Por un lado, la postura de Anselmo. La idea de Dios, por pura lógica, implica que existe. Pero claro, no todos se quedaron convencidos. Santo Tomás de Aquino, que lo admiraba muchísimo, le puso dos objeciones clave. La primera, en realidad no conocemos la esencia de Dios con tanta claridad. como para basar una prueba en ella. Y la segunda, uno puede entender perfectamente la idea en su cabeza, pero negar precisamente ese salto a la existencia en el mundo real. Pero lo increíble es que el argumento nunca murió. Su poder es tal que obligó a los gigantes de la filosofía moderna a enfrentarse a él. Descartes lo reformuló a su manera, Libnis lo defendió, Kant lo criticó duramente y de hecho fue Kant quien le puso el nombre de argumento ontológico y hasta Hegen lo integró en su propio sistema. La pregunta de Anselmo sobre si el pensamiento puede tocar la realidad sigue más viva que nunca. Y todo esto nos deja con una pregunta final, una que resume perfectamente la tensión que hay en el corazón de toda la obra de Anselmo. Su proyecto fue la fe que busca entender, que busca la razón, pero queda la duda, ¿puede la razón por sí sola completar ese viaje o la fe siempre va a necesitar dar un salto que va más allá de la lógica?