← Volver al buscador
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

08 El (nuevo) Método Escolástico

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Pensemos por un momento en el París del siglo XI. No es solo la ciudad de las catedrales góticas, no. Es el epicentro de una auténtica revolución intelectual, una revolución tan tan intensa que acabó con libros ardiendo en hogueras públicas. Pero, a ver, ¿qué ideas podían ser tan peligrosas como para merecer el fuego? Para entenderlo, tenemos que analizar el motor de esa revolución. El método escolástico. Hay que imaginárselo como si fuera un nuevo sistema operativo para el pensamiento, un sistema diseñado para procesar, para debatir y para resolver las preguntas más complejas de la existencia de una forma radicalmente nueva. En este análisis vamos a ver justo eso. Primero, cómo surgió este nuevo método. Después vamos a desglosar su estructura, que es muy precisa. Luego lo veremos en acción con un ejemplo sobre la naturaleza de Dios. exploraremos el polémico concepto del alma que lo puso todo a prueba y así finalmente llegaremos a la hoguera de las ideas. Muy bien, pues vamos a meternos en materia. El siglo XI marca un antes y un después en la forma de hacer filosofía. Hay un cambio que es fundamental. Se pasa de simplemente comentar textos a organizar debates de una forma superigurosa. A ver, hasta ese momento la filosofía era en gran medida comentar las obras de los grandes maestros, ¿no? Como Aristóteles, siguiendo el orden de sus capítulos. Sin más, pero el nuevo método escolástico rompe con todo eso. Ya no se trata de seguir al autor, sino de plantear cuestiones clave y debatirlas con un formato estandarizado, como una especie de protocolo para la argumentación. Y bueno, ¿por qué este cambio? Pues la clave nos la da el mismísimo Tomás de Aquino en su obra magna. El objetivo era la eficiencia, la claridad. Se buscaba una forma breve y precisa de enseñar la doctrina, un sistema que hiciera más fácil tanto exponer las ideas como resolver las polémicas. Así que en esencia esto es la escolástica. No es tanto una filosofía con unas ideas fijas, sino un método, una maquinaria intelectual para explicar y para discutir que se convirtió en el estándar en el modelo a seguir en las universidades medievales. Vale, pero ¿cómo funcionaba exactamente esta maquinaria? Vamos a ver el plano, la estructura interna que tiene cualquier argumento escolástico. Es un proceso de tres pasos que es increíblemente lógico. Primero, se formula la question, la pregunta, casi siempre empezando con un condicional del tipo si tal cosa es cierta. Después se despliegan de forma muy ordenada los argumentos y los ejemplos a favor y en contra. Y por último se llega a una conclusión clara, definitiva, un sistema diseñado para no dejar ni un cabo suelto. Claro, la teoría está muy bien, pero la mejor forma de entender un método es verlo en acción. Así que vamos a analizar un ejemplo real sacado de los textos de la época. Aquí tenemos la cuestión que se planteaba un pensador como Tomás de Aquino, una pregunta profunda, fundamental sobre la naturaleza de Dios y de la creación. Vamos a ver cómo el método escolástico la aborda de forma sistemática. Y lo primero que vemos es que el método no se anda con rodeos, va directo al grano. Presenta la conclusión de forma directa, contundente. La respuesta es sí. Dios contiene todas las perfecciones que existen. Y ahora, claro, el sistema tiene que demostrar por qué. El primer argumento se basa en la causalidad. La idea es que si una causa produce un efecto, las perfecciones de ese efecto tienen que preexistir de alguna manera en la causa. Y como el mundo creado es el efecto de Dios, pues sus perfecciones tienen que estar en él. Y aquí es donde el método de verdad brilla, porque usa una analogía para que todo quede clarísimo. Igual que el calor y la luz que produce el sol existen de forma superior en el propio Sol, las perfecciones del mundo existen de forma suprema en su creador. El segundo argumento es un poco más metafísico, más denso. Mientras que un ser creado tiene una perfección de forma limitada, por ejemplo, un cuerpo caliente no tiene todo el calor posible. Dios es el ser en sí mismo, sin ningún tipo de limitación. Por lo tanto, debe contener toda la perfección de forma absoluta y plena. Este método, tan ordenado era perfecto para construir argumentos teológicos, pero claro, también se aplicó a cuestiones filosóficas más complejas heredadas de los griegos, y ninguna, pero ninguna, fue más polémica que la naturaleza del alma. Ya aquí es cuando el redescubrimiento de Aristóteles lo cambió absolutamente todo. Mientras que Platón hablaba del alma usando mitos, alegorías, Aristóteles aplicaba un análisis rigurosísimo, casi científico. Se centraba en el significado preciso de las palabras para construir una definición. Y claro, este enfoque tan analítico encajaba como un guante con el espíritu de la escolástica. Y esta es la definición que causó tanto revuelo. Para Aristóteles, el alma no es un fantasma dentro de la máquina. sino el acto primero del cuerpo. Para que nos entendamos, es como si fuera el software que hace funcionar al hardware. Es la forma, el principio que organiza y da vida a la materia y pone en marcha todas sus funciones, desde la nutrición hasta el pensamiento. Una idea potentísima así, pero también peligrosa para la doctrina establecida. Y esto, claro, nos lleva de vuelta al principio, a las hogueras. La difusión de las obras de Aristóteles sobre la naturaleza y el alma provocó una reacción violentísima de las autoridades eclesiásticas en París. Esto que leemos es una cita directa de la condena de 1210. La prohibición era total y la amenaza la máxima, la excomunión. La Universidad de París, que era el corazón intelectual de Europa, tenía prohibido estudiar los textos que estaban revolucionando el pensamiento. Y ojo, que no se trataba de un solo libro. La censura abarcó todo el corpus de la filosofía natural de Aristóteles. Obras como la física, sobre el alma, sobre el cielo y el mundo. Vamos, que todo un universo de conocimiento fue arrojado literal y metafóricamente a las llamas. Así que el punto crucial es este. La escolástica proporcionó un método para analizar ideas de una forma increíblemente potente, pero cuando ese método se aplicó a conocimientos nuevos y desafiantes como los de Aristóteles, el resultado fue un choque frontal con la autoridad. Esto no eran meras disputas de aula, era una lucha por el control del conocimiento. Y todo esto nos deja con una pregunta que resuena mucho más allá del siglo XI. El conflicto de París fue uno de los primeros grandes enfrentamientos de la cultura occidental entre la innovación intelectual y la ortodoxia y nos obliga a plantearnos una cuestión que es atemporal. Cuando el saber avanza y choca con lo establecido, ¿quién tiene el poder de trazar la línea entre lo que es verdad y lo que es herejía?