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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

08 Filosofía medieval escrita por mujeres | La relación entre teología y filosofía según Tomás

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Hoy nos metemos de lleno en una de las grandes tensiones del pensamiento occidental, ese choque o quizá no entre la fe y la razón. Y vamos a hacerlo de la mano de la solución, la verdad es que elegantísima, que propuso uno de los grandes de la filosofía, Tomás de Aquino. Es la eterna pregunta, ¿no? Fe y razón. ¿Pueden de verdad coexistir? ¿Son dos caminos que se separan para siempre o hay alguna manera de que trabajen juntas para llegar a la verdad? Claro, es que para Tomás de Aquino allá por el siglo XI, esto no era un debate de salón, era la cuestión fundamental, la base de todo. Pensemos que en su mundo se estaban encontrando la revelación divina de siempre con la filosofía de Aristóteles que se acababa de redescubrir. Hacía falta encontrar una respuesta y una buena. Vale, vamos a situarnos un poco en el contexto. El siglo XI fue una época de ebullición intelectual. Ya no bastaba con comentar lo que habían dicho las grandes autoridades del pasado. Había una necesidad de ordenar el debate, de enfrentarse a los problemas de una forma totalmente nueva, más estructurada. Y esa forma nueva fue la escolástica. Ojo que no es solo un término de libro de historia, fue una herramienta revolucionaria para organizar el pensamiento y atacar las preguntas más difíciles con un rigor que no se había visto antes. ¿Y en qué consistía exactamente? Pues mira, la escolástica era un método sers sistemático. Se partía de un problema, se planteaba como una pregunta. Se ponían sobre la mesa todos los argumentos a favor y en contra. Se proponía una solución y para rematar se contestaba a todas las objeciones. Pura lógica en acción. Vamos. Aquí podemos ver el proceso paso a paso. Este método de cuatro fases, la famosa questiono, permitía un análisis completísimo y muy ordenado. Era, por así decirlo, la máquina intelectual de la Edad Media para procesar ideas complejas y llegar a conclusiones que se pudieran defender. Y si hablamos de dominar este método, nadie como Tomás de Aquino. Su obra cumbre, la suma teológica, es el ejemplo perfecto. Su objetivo era, bueno, era una locura de ambicioso, crear un resumen sistemático y ordenado de toda la doctrina cristiana. y que además fuera claro y fácil de entender. Muy bien, vamos al meollo de su argumento. Aquí no arranca con una pregunta que tiene Miga. Si ya tenemos las disciplinas filosóficas que se basan en la razón, ¿para qué queremos más? ¿Por qué hace falta la teología? Aquí aquí no traza una línea muy muy clara. Por un lado están las disciplinas filosóficas. Su base es la razón humana y su objetivo es descubrir lo que podemos llegar a entender por nosotros mismos. Por otro lado, la doctrina sagrada, o sea, la teología. Su base es la revelación divina y trata de verdades que están por encima de lo que podemos comprender. Son, como se ve, dos campos de juego con reglas distintas. Entonces, el punto clave es este. La filosofía por sí sola no es suficiente y aquí no da dos razones de peso. La primera, nuestro objetivo final, la salvación, es algo que supera la capacidad de nuestra razón. No podemos llegar a ella solo pensando. Y la segunda, incluso las verdades sobre Dios que la razón sí podría descubrir llegarían a muy poca gente después de muchísimo tiempo y casi seguro mezcladas con errores. La salvación es algo demasiado importante como para dejarlo al azar. Esto nos lleva al siguiente paso. Si la filosofía y la teología son diferentes, ¿cómo se relacionan? Para Aquío, que quede claro, no es una relación de iguales, hay un orden, una jerarquía del conocimiento. Y esta idea que toma de Aristóteles lo explica de maravilla. El valor de lo que sabemos no depende de lo seguros que estemos, sino de lo importante que sea el tema. O sea, es mejor saber un poquito sobre las cosas más grandes como Dios, que saberlo absolutamente todo sobre cosas menos importantes. Para explicar por qué nos cuesta tanto entender las verdades divinas, aquí no usa una analogía que es potentísima. Dice que en nuestra mente, frente a esas verdades, es como el ojo de una lechuza frente al sol. La verdad está ahí brillendo con toda su fuerza, pero nuestra capacidad para mirarla de frente es muy limitada. La duda no viene de la verdad en sí, sino de nuestros propios límites. Por lo tanto, y resumiendo, la teología es superior a todas las demás ciencias por tres razones clave. Primero, su objeto de estudio es el más elevado posible, Dios y la salvación. Segundo, su base es mucho más fuerte, no es la frágil razón humana, es la revelación divina. Y tercero, la certeza que da es más profunda porque viene directamente de Dios. Con todo esto ya sobre la mesa, llegamos a la gran conclusión de Tomás Daquino, a su modelo definitivo sobre cómo la fe y la razón tienen que trabajar juntas. Y la respuesta es que no, no es un conflicto, no es una guerra, la solución es una complementariedad jerárquica. Esta idea, en su momento fue revolucionaria. Muchos tenían miedo de que la filosofía pagana de Aristóteles pudiera contaminar la fe, pero aquí no. En lugar de rechazarla, la integra. dice que la razón no es la enemiga de la fe, sino su sierva, su ayudante. Y este concepto sentó las bases para que la ciencia y la filosofía pudieran crecer dentro de un marco teológico. En esta tabla se ve perfectamente cómo funciona este equipo. La filosofía juega un papel fundamental, eh prepara el terreno, nos ayuda a aclarar conceptos, es una herramienta increíble de la razón, pero es la teología la que nos da el horizonte final, la que ofrece la verdad definitiva y nos garantiza el conocimiento que lleva a la salvación. Podríamos usar una metáfora para que quede claro. La filosofía es un coche fantástico que nos puede llevar muy lejos en nuestro viaje, pero la teología es el GPS que nos marca el destino final y nos da el mapa para llegar. Una no anula a la otra la completa y de hecho la eleva. El legado de esta idea es inmenso. Claro, la solución que dio Aquino en el siglo 13 dibujó las líneas de un debate que en el fondo sigue vivo hoy. La idea de que hay distintos tipos de verdad, una a la que llegados con la razón y otra que viene por la revelación, ha moldeado la ciencia, la política y la ética de Occidente. Y todo esto nos deja con una pregunta final hoy en nuestra búsqueda de conocimiento y de sentido. ¿Qué nos guía? ¿La razón pura y dura? ¿La revelación? ¿O quizás algo completamente distinto? La cuestión, como vemos, sigue muy abierta.