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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I
08 Filosofía medieval escrita por mujeres | Las filósofas medievales pensamiento e influencia
Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Creado con Notebook LM
Transcripción
A ver, si pensamos en la filosofía medieval, ¿qué nombres nos vienen a la cabeza? Pues seguro que Tomás de Aquino, Agustín de Ipona, es un mundo que asociamos a la razón, a la teología, a los grandes debates universitarios. Pero, ¿y si nos estuviéramos perdiendo literalmente la mitad de la historia? Hoy vamos a abrir una puerta a un capítulo fascinante y que muy a menudo se pasa por alto, el de las filósofas de la Edad Media. Es que es una paradoja tremenda, ¿verdad? La propia iconografía de la época representaba la sabiduría y la filosofía como figuras femeninas, como reinas que gobernaban el mundo del saber. Pero al mismo tiempo, en la vida real, las mujeres de carne y hueso estaban fuera, sistemáticamente excluidas de esos centros de pensamiento. ¿Cómo puede ser? Bueno, para entenderlo, primero tenemos que asomarnos a ese mundo oficial de la filosofía medieval, un sistema que conocemos como la escolástica. En esta época la filosofía tenía, digamos, unas coordenadas muy claras. un lugar, las universidades, donde las mujeres tenían prohibido el acceso, un género literario, la suma o la disputatio, que eran formatos de debate superreglados, y una fuente de autoridad, la cátedra del profesor. Era, vamos, un club privado y masculino y la entrada estaba terminantemente prohibida para las mujeres. Pero claro, que te cierren la puerta no significa que te quedes en silencio. Significó que las mujeres tuvieron que ser creativas, que tuvieron que encontrar otra manera de pensar, de escribir y, sobre todo, de influir. Y esta es la pregunta del millón y la respuesta es un sí rotundo. No se dedicaron a intentar derribar la puerta principal. Lo que hicieron fue construir una puerta propia con sus propias normas y, lo más importante con su propia fuente de autoridad. Esa otra vía fue la mística. Y ojo, esto es crucial. La mística no era simplemente un arrebato religioso, era todo un marco de conocimiento, una forma de saber alternativa. Frente a la escolástica de la razón pura y dura, la mística se planteaba como una filosofía de la experiencia, un camino que recorría el alma, no la cátedra universitaria. Y aquí está el giro de guion. Aquí la autoridad ya no venía de un título, de una institución que te validaba, venía de haber visto, de haber escuchado directamente a la divinidad. La experiencia personal se convierte en la fuente de todo y esto les dio una legitimidad y una fuerza que ninguna universidad podría haberles dado jamás. Venga, pues vamos a ponerles cara y nombre a algunas de las protagonistas de este universo filosófico alternativo, porque no eran casos aislados, eh, formaban una auténtica corriente de pensamiento. Estamos hablando de nombres como Hildegarda de Vingen, Eloisa del Paráclito, las mujeres del convento de Helfta o la increíblemente valiente Margarita Porete. cada una a su manera, eh, pero todas desafiaron los límites de su tiempo y crearon obras filosóficas de una profundidad asombrosa. Pensemos un momento en Gildegarda de Vingen. No era solo compositora, científica y consejera de papas, que ya es mucho. En sus escritos, basados en sus visiones, desarrolló una antropología complejísima sobre la unión entre el cuerpo y el alma, como vemos en esta cita. Y ojo a esto que es revolucionario. Llegó a describir el amor de Dios como un amor maternal que da vida. Estaba introduciendo una fuerza femenina en el mismísimo corazón de la teología. O pensemos en Eloisa, que sí que su historia de amor con Avenardo es famosísima, pero es que ella fue mucho más allá. Cogió un género a priori personal, la carta, la correspondencia, y lo convirtió en un vehículo para desarrollar reflexiones filosóficas muy profundas sobre la ética, la virtud y la vida monástica. Y llegamos a Marrearita Poret. Su libro El espejo de las almas simples es, sin exagerar, una de las obras más radicales de toda la Edad Media, porque en él no solo describe el camino del alma hacia Dios, sino que le da una vuelta de tuerca a la idea misma de autoridad religiosa. La audacia que hay en estas palabras es que es increíble. Lo que Margarita está diciendo, sin pelos en la lengua, es que ni los filósofos de la naturaleza ni los teólogos de las universidades pueden llegar a la verdad última. que solo el alma que experimenta directamente el amor divino puede comprenderla. Es un desafío frontal a toda la estructura de poder intelectual de la iglesia. Y este fue el precio que pagó por su atrevimiento. La historia de Margarita Porete es un recordatorio brutal de que en esa época pensar de forma diferente era literalmente jugarse la vida. Esto nos lleva a una pregunta fundamental. ¿Cómo es posible que estas mujeres con todo en contra llegaran a tener una influencia tan enorme? cómo se movían en un mundo que las miraba con tanta, tanta sospecha. Pues la clave fue una estrategia brillantísima, una especie de performance, la de la humildad. Se presentaban a sí mismas no como las autoras de sus ideas, sino como simples canales, como instrumentos de la voluntad de Dios. No decían yo pienso qué, sino Dios me ha revelado qué. Y esta pose de su misión era paradójicamente lo que les daba el permiso para expresar ideas increíblemente subversivas. El ejemplo perfecto es esta cita de la mismísima Gildarda, una de las mujeres más poderosas de su tiempo. Cuando le escribe a un hombre influyente de la Iglesia, adopta esta pose de podre mujer ignorante, pero es justo esa pose la que le permite justo después darle consejos, corregirle e instruirle con una autoridad que presenta, claro, como divina, una jugada maestra. Así que el punto crucial es esta tensión constante. Por un lado, tenían una autoridad y una influencia inmensas, el oído de los poderosos. Pero por otro, esa autoridad era superfrágil. Siempre estaban caminando sobre un alambre muy fino, donde un paso en falso podía convertirlas de consejeras respetadas en herejes condenadas. Entonces, ¿qué significa todo esto para nuestra forma de entender la historia de la filosofía? Pues significa básicamente que el mapa que hemos estado usando hasta ahora está incompleto. Lo que estamos viendo aquí no son dos mundos que no se tocan, sino dos tradiciones que corren en paralelo y que se complementan. Una, la escolástica, que es la canónica, la oficial, centrada en la institución, y la otra, la mística, más dispersa, personal y centrada en la experiencia. Y las dos son absolutamente esenciales para tener una foto completa del panorama intelectual de la época. Y esta es la gran conclusión, la idea con la que debemos quedarnos. El pensamiento de estas mujeres no es un apéndice, no es una curiosidad al margen de la verdadera filosofía hecha por hombres. Es una tradición filosófica por derecho propio. Y no tenerla en cuenta no es solo una injusticia histórica, es simplemente tener una visión mucho más pobre e incompleta de lo que fue la Edad Media. Y esto, claro, nos deja con una pregunta flotando en el aire. Si una tradición tan rica y potente pudo estar oculta a plena vista durante siglos, ¿cuántas otras voces? cuántas otras formas de pensar estarán todavía ahí en los márgenes, esperando a que por fin aprendamos a escucharlas. Quizás la historia de la filosofía sea mucho, mucho más grande de lo que nos han contado.