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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I
08 Las universidades en el siglo XIII
Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Creado con Notebook LM
Transcripción
A ver, hoy en día la universidad es algo que damos casi por sentado, ¿verdad? Es una institución que está en todo el mundo. Pero, ¿alguna vez nos hemos parado a pensar de dónde viene exactamente? Porque su nacimiento allá por el siglo XI no fue una simple evolución, no, fue una auténtica revolución. Vamos a meternos de lleno en una de las herencias más fascinantes de la Edad Media, la idea que, bueno, que reinventó el conocimiento para siempre. Vale, pues este es nuestro plan. Primero vamos a ver qué tenía de revolucionaria esa idea, luego la gran rivalidad, Bolonia contra París. Veremos cómo se expandió el concepto, como el regreso de Aristóteles lo puso todo patas arriba y, finalmente, cómo nació el estudium como un nuevo poder. Vamos allá. Empecemos por el principio. ¿Qué hizo que la universidad medieval fuera bueno tan nueva? O sea, ¿qué la diferenciaba de los centros de saber que ya existían desde la antigüedad? A ver, que quede claro. Centros de conocimiento ha habido siempre. Pensemos, por ejemplo, en la Academia de Platón en la Atenas clásica. Menudo faro del pensamiento. Inspiró a filósofos durante siglos. Pero la universidad medieval trajo algo completamente nuevo, una innovación que lo cambió absolutamente todo. La clave, pues aquí está. La diferencia clave fue su estatus legal. La universidad medieval no era simplemente un lugar donde la gente se juntaba a debatir, no. Era una corporación con reconocimiento jurídico y sobre todo con el poder de conceder títulos oficiales. Y de todos ellos había uno que era absolutamente revolucionario, la famosa licencia ubique docendi. ¿Y qué era esto de la licencia ubique docendi? pues literalmente la licencia para enseñar en todas partes. Fue, por así decirlo, el primer pasaporte académico universal, el abuelo de los títulos que hoy se reconocen en todo el mundo. Esto es importantísimo porque significaba que el conocimiento de alguien estaba certificado y sobre todo era portátil. Por primera vez la educación dejaba de ser algo local. Un título de París valía en Oxford. Esto creó un estándar internacional y claro, una movilidad de estudiantes y profesores por Europa alucinante. Muy bien, ya tenemos la idea. Ahora, ¿cómo se puso en práctica? Pues resulta que no hubo un solo camino, hubo dos grandes modelos, dos arquetipos que compitieron entre sí y que acabaron dando forma a todas las universidades que vinieron después. Por un lado, tenemos el modelo de Bolonia, que nació allá por el 108. Se le conoce como Universitas Escolarum, o sea, un gremio de estudiantes. Y es que era justo eso. Los estudiantes se organizaron en una corporación superperosa. Ellos contrataban a los profesores, les pagaban, eran sus jefes, básicamente. Era un modelo que iba de abajo hacia arriba y claro, como eran ellos los que mandaban y querían proteger sus derechos, su principal foco de estudio fue pues el derecho, lógicamente. Y en la otra esquina el modelo de París, totalmente lo contrario. Era un modelo de arriba hacia abajo, una universit magistrorum, un gremio de maestros. Aquí los que tenían el poder eran los profesores. La Iglesia, además, tuvo un papel importantísimo en su creación y por eso se convirtió en el gran centro de la cristiandad para estudiar teología y artes. Hay una cita de la época de un papa nada menos que lo clava. Dijo que París era el horno en el que se cocía el pan intelectual del mundo latino. Qué imagen, ¿eh? Es que era eso, el gran imán de Europa, el lugar donde se estaban cocinando literalmente las ideas teológicas y filosóficas más importantes del momento. Entonces, para resumir, tenemos dos visiones totalmente opuestas que crearon legados muy distintos. Por un lado, Bolonia, dirigida por estudiantes, centrada en el derecho, un poder de abajo a arriba. Este fue el modelo que triunfó en el sur de Europa. Y por otro París, dirigida por maestros, centrada en la teología con un poder de arriba a abajo, que fue el modelo que se impuso en el norte de Europa. Dos caminos que, en fin, definieron el futuro del conocimiento. Claro, una idea tan potente no podía quedarse quieta en Italia y Francia. Como era de esperar, empezó a extenderse por todo el continente y lo hizo a una velocidad de vértigo, adaptándose a cada nuevo lugar. Y es que la idea se hizo viral, de verdad. Por ejemplo, Oxford nació hacia 1167 como pues por un grupo de estudiantes ingleses a los que echaron de París. Así de simple. Aquí en España, en 128, el rey Alfonso I fundó el Estudium Generale de Salamanca, que es básicamente una universidad de prestigio internacional, y siguió el modelo de Bolonia, centrado en el derecho, luego Cambridge, un poco después y lo que conectaba todo esto, lo que hacía posible este ecosistema, era el latín, era el idioma universal de los sabios. Así que un profesor de Salamanca podía ir a París y dar clase sin ningún problema. Y justo aquí, cuando las universidades están en pleno auge, la historia da un giro de guion espectacular. Llega un evento, un auténtico terremoto intelectual que va a sacudir los cimientos de todo el pensamiento medieval, el regreso de Aristóteles. Pero claro, para que Aristóteles volviera, primero alguien tenía que recuperar sus obras. Y aquí el papel de Toledo fue absolutamente crucial. Mucho antes de que sus libros llegaran a París, en Toledo había una comunidad increíble de eruditos, musulmanes, judíos y cristianos. traduciendo sus obras perdidas del árabe y del griego al latín. Fue gracias a este colegio de traductores que la sabidurría de la Grecia clásica conservada por el mundo islámico volvió a Occidente. La llegada de estos textos a París fue una bomba. La reacción inicial de la universidad en 1210 fue prohibirlos, prohibir su lectura tanto en público como en privado. Pero es que las ideas potentes son imparables. Para 1240 esa prohibición ya casi nadie la respetaba. Y lo más alucinante, solo 15 años después, en 1255, se dio la vuelta a la tortilla por completo. Todo el Corpus de Aristóteles pasó a ser parte oficial del plan de estudios. Un cambio de 180 gr en menos de 50 años. Impresionante. Y ojo, que no era una prohibición cualquiera. El estatuto lo decía bien claro, bajo pena de excomunión. Excomunión. Esto nos da una idea de lo mucho que había en juego. Es que las ideas de Aristóteles sobre la naturaleza, sobre la observación, sobre la lógica, chocaban de frente con el paradigma teológico que dominaba el pensamiento en esa época. Y aquí está la clave de todo. La lucha por poder enseñar a Aristóteles no iba solo de libros antiguos, iba de algo mucho más grande. Era la lucha por el derecho a preguntar, a debatir, a buscar respuestas usando la razón y la observación. Al exigir ese derecho, la Facultad de Artes estaba, sin saberlo, plantando las primeras semillas de lo que hoy llamamos libertad intelectual y libertad de cátedra. ¿Vale? Con toda esta revolución intelectual en marcha, la universidad se consolidó, se convirtió en un pilar fundamental de la sociedad europea, un nuevo poder que había llegado para quedarse. El resultado fue que el propio orden social se tuvo que redefinir. Tradicionalmente la sociedad medieval se entendía a través de dos grandes poderes. El regnum, que era el poder de los reyes, el poder temporal, y el sacerdotium, el poder de la iglesia, el poder espiritual. Pues bien, ahora surgía un tercer poder en la ecuación, el estudium, el poder del conocimiento con la universidad como su máxima representante. Toda esta historia del siglo XI con la Universidad y Aristóteles como protagonistas nos enseña algo fascinante, una pauta que se repite. Europa parece avanzar y renovarse cuando recupera y reflexiona sobre su propio pasado. Y esto, claro, nos deja una pregunta flotando en el aire para nuestros días. ¿Qué ideas de nuestro pasado que quizás ahora mismo tenemos olvidadas podrían ser la clave para impulsarnos hacia el futuro? Ahí queda la reflexión.