← Volver al buscador
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I
09 Guillermo de Ockham | El conocimiento del singular en Ockham
Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Creado con Notebook LM
Transcripción
A ver, una pregunta fundamental. ¿Cómo se conecta nuestra mente con el mundo? ¿Vemos las cosas tal y como son o vivimos rodeados de ideas abstractas? Pues vamos a meternos de lleno en la revolucionaria teoría del conocimiento de Guillermo de Okam, un pensador que literalmente le dio un vuelco a cómo entendemos la realidad. Okam arranca con una idea que es tan simple como potente y que es la base de todo su edificio filosófico. Olvidémonos de esas esencias o formas universales que supuestamente flotan por ahí. Para él, la realidad está hecha única y exclusivamente de cosas concretas, de individuos. Esta silla, ese árbol, aquella estrella, todo lo que existe es una entidad singular, no hay más. Y para entender cómo esta idea lo cambia todo, esta es nuestra hoja de ruta. Primero analizaremos ese punto de partida tan radical. Luego nos meteremos en la distinción clave entre intuición y abstracción. Después veremos cómo fabricamos conceptos generales a partir de cosas individuales y para rematar las enormes consecuencias que esto tiene para la ciencia. Venga, empecemos por los cimientos. Toda la filosofía de Okam se levanta sobre esta idea. Solo existen los individuos. Y claro, si esto es así, cualquier teoría sobre cómo conocemos el mundo tiene que empezar por una pregunta muy clara, ¿cómo conocemos a esos individuos? Y aquí es donde Okam saca la artillería pesada y rompe con siglos de filosofía. Nociones como la humanidad, el color rojo o la justicia no son cosas reales que existan por sí mismas en algún mundo de las ideas. ¿Qué son entonces? Pues según él, simples construcciones de nuestra mente, nombres, etiquetas que usamos para agrupar individuos que se parecen. Así que la clave de todo es esta. Si queremos conocer la verdad, tenemos que empezar por lo que tenemos delante, por la experiencia directa con las cosas. Todo lo demás, los conceptos, las ideas generales, todo eso viene después y depende por completo de ese primer contacto. Es un giro de 180 gr hacia el mundo real, tangible. ¿De acuerdo? Si todo empieza con los individuos, ¿cómo los conocemos? ¿Cuál es el mecanismo? Bueno, pues aquí Okam nos presenta su caja de herramientas distinguiendo dos formas principales en las que nuestra mente trabaja. Podríamos decir que son los dos modos de funcionamiento de nuestro intelecto. La diferencia es bastante clara. Por un lado, tenemos la cognición intuitiva. Piensen en ella como un detector de realidad. Su única función es decirnos si algo existe o no aquí y ahora. Y por otro lado está la cognición abstractiva, que es la que nos permite pensar en las cualidades de algo, en qué es. sin que importe si está presente o no. La cognición intuitiva es, por así decirlo, nuestro cable a tierra con la realidad. Es el fogonazo mental que nos permite afirmar con total certeza esto existe. Es el conocimiento que se tiene cuando se ve algo directamente, sin intermediarios. Y ojo, porque para Okam esta es la base de toda certeza sobre el mundo. La cognición abstractiva, en cambio, es el superperer de nuestra mente para pensar en general. Yo puedo pensar ahora mismo en el concepto de unicornio. Sé lo que es, puedo describirlo, pero obviamente no hay ninguno en esta habitación. Este conocimiento es vital para pensar y para hablar, pero no nos dan ninguna pista sobre la existencia real de las cosas en este momento. Y aquí llega lo más importante, la relación entre las dos. No se puede abstraer de la nada, no es magia. Para poder tener el concepto general de rojo, primero has tenido que tener la experiencia intuitiva, directa, de ver varias cosas rojas. La experiencia es siempre la materia prima de la que se nutren nuestras ideas. Bien, ya tenemos las piezas del puzle. Ahora vamos a ver cómo se monta. Si solo partimos de experiencias con individuos concretos, ¿cómo demonios llegamos a tener ideas universales como ser humano, animal o justicia? Pues Sookam nos describe el proceso. Usemos al bueno de Sócrates. Si lo estoy viendo ahora mismo sentado, mi conocimiento intuitivo me permite afirmar con una certeza del 100% Sócrates existe y Sócrates está sentado. Pero si digo Sócrates es un humano, la cosa cambia. Estoy usando un concepto abstracto, humano. La frase sigue siendo verdad sobre lo que Sócrates es, pero ya no me garantiza que esté aquí y ahora. Esa noticia, esa certeza existencial solo la da la intuición. El proceso es casi como una línea de montaje en nuestra cabeza. Primero, el contacto directo. Vemos a Sócrates, a Platón, a un montón de gente. Segundo, nuestra mente se pone a trabajar, aísla lo que tienen en común y lo abstrae. Y tercero, ZAS, se crea el concepto, la idea universal de humano, que se queda guardada en la mente, no en el mundo. Y a toda esta teoría se le ha puesto una etiqueta. Nominalismo. Viene del latín nomen, que significa nombre. Porque para Okam los universales no son más que eso, nombres, etiquetas convenientes que nos inventamos para poder pensar y hablar del mundo de forma general. Su realidad es puramente mental y lingüística. Bueno, y todo esto no es solo un debate filosófico para pasar el rato, para nada. Este cambio de perspectiva tiene unas consecuencias brutales, sobre todo para la ciencia y para nuestra forma de entender qué es buscar el conocimiento. Y aquí es donde todo conecta con su principio más famoso. La navaja de Okam no es solo una regla para preferir lo simple, es una consecuencia directa de todo esto. Si podemos explicar perfectamente cómo conocemos el mundo sin tener que inventarnos esencias universales, ¿para qué las queremos? Pues tas, la navaja, las corta, las afeita de nuestro mapa de la realidad. El impacto de esto fue tremendo. Primero, sienta las bases de un empirismo muy sólido. La experiencia es la fuente y el juez de todo conocimiento. Segundo, simplifica la película una barbaridad. Y tercero, redefine la ciencia. Las leyes científicas ya no buscan describir esencias, sino que son resúmenes de muchísimas experiencias con individuos concretos. Okam llega a distinguir entre dos tipos de ciencia. Por un lado, la ciencia real, que se basa en la experiencia, en la observación de cosas, y por otro la ciencia racional, que lo que hace es analizar la lógica de nuestras frases y nuestros conceptos. Pero en el fondo ambas dependen de ese primer contacto con lo individual. Así que si nos tenemos que quedar con una sola idea, que sea esta. Para Guillermo de Okam, el conocimiento del individuo singular concreto es la piedra angular sobre la que se construye absolutamente todo. El lenguaje, los conceptos, la ciencia, todo se apoya en esa experiencia directa e inmediata con el mundo. Y esto nos deja una pregunta en el aire y es una pregunta potente. Al apostarlo todo de una forma tan radical a la experiencia directa, ¿estamos ganando en certeza, pero quizá perdiendo otras formas de entender el mundo? La propuesta de Oakham, desde luego, sigue siendo un desafío fascinante a día de hoy.