← Volver al buscador
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I
09 Guillermo de Ockham | La doctrina del poder político y eclesiástico en Guillermo de Ockham
Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Creado con Notebook LM
Transcripción
A ver, casi todo el mundo cuando oye Guillermo de Okan piensa en una cosa, ¿no? En la famosa navaja, esa idea de que la explicación más simple suele ser la buena, pero la idea más afilada, la más peligrosa que tuvo, fue otra, un desafío frontal al poder absoluto del Papa. Y esa esa es la historia que vamos a desgranar hoy. Muy bien, vamos al meollo del asunto. Todo este conflicto se puede reducir a una pregunta que en el siglo XIV era, vamos, dinamita pura. Una pregunta que Ockham puso encima de la mesa. Y si el poder no existe para mayor gloria del que manda, sino para el bienestar de los que obedecen? Esta idea, aparentemente tan sencilla, lo cambió absolutamente todo. Y que nadie piense que esto era una discusión de teólogos en una torre de marfil. Para nada. Nuestra historia arranca cuando a Okam lo convocan en Aviñón, que era la sede papal por aquel entonces, y lo acusan de herejía. Pero lo que él descubrió allí sobre las ambiciones del Papa le pareció tan terrible que tuvo que huir para salvar el pellejo y acabar bajo la protección del enemigo número uno del Papa, el emperador. Y aquí es donde entramos en el corazón de la disputa. Esto no iba solo de teología, iba de una pregunta fundamental. ¿Puede alguien, quien sea, tener un poder total e ilimitado sobre los demás? Ochham puso el dedo en la llaga, apuntó directamente a una doctrina que el papado defendía a capa y espada, la plenitud potestatis o la plenitud de poder. Básicamente esta idea decía que el Papa tenía autoridad absoluta no solo sobre la Iglesia, sino también sobre los reyes y reinos de este mundo. Para que nos hagamos una idea de lo que esto significaba, no hablamos de un simple liderazgo espiritual, eh, era afirmar que una sola persona tenía el poder supremo en la tierra sin ningún tipo de contrapeso o límite. Y Okam se propuso literalmente demoler esta idea desde sus cimientos y el argumento de Okam era como su navaja, afilado y directo. Fijaos en esta cita. No se andaba con rodeos, no era una crítica teórica, era una advertencia muy muy real. venía a decir que darle poder absoluto a una sola persona es una auténtica locura, porque esa persona, aunque sea el Papa, puede ser tonto, temerario, malintencionado y perverso. Pero Aham no se quedó solo en la crítica. Frente a ese modelo de poder absoluto, él construyó una alternativa, una idea revolucionaria que le daba la vuelta a todo el concepto de autoridad. Y aquí está la clave de todo su pensamiento. Para Okam, cualquier poder, da igual que sea el de un papa o el de un rey, solo es legítimo si busca el bien de la comunidad a la que sirve. El poder no es un derecho privado del que manda, sino una función pública al servicio de todos. Aquí lo vemos clarísimo. Es el choque de dos universos. Por un lado, el modelo del poder como un honor personal, un privilegio divino para beneficio del gobernante. Por otro, la visión de Okam, el poder como un servicio, una herramienta para que la comunidad esté mejor. Era un cambio de paradigma total. La lógica de Oakham es que es aplastante. Se puede resumir en tres pasos muy sencillos. Primero, se acepta que el gobierno existe para el bien común. Segundo, un poder sin límites al final siempre va a mirar por lo suyo. Y tercero, la conclusión es inevitable. Todo poder, por definición, tiene que estar limitado, porque si no se corrompe. Bueno, ¿y cómo se aplica todo esto en la práctica? Pues Okam usó estos principios para dibujar una línea en la arena, una frontera que iba a marcar la política de Occidente durante los siglos siguientes. Y aquí nos anduvo con Chiquitas. Okam argumentó que el poder civil, el del Estado, tiene su propia legitimidad. No es un regalo del Papa. Los reyes y los emperadores no son sus subordinados. Defendió con una fireza brutal la autonomía del poder temporal. Okam trazó una línea muy clara. Dijo, "A ver, hay dos esferas. El poder espiritual del Papa está para guiar a los fieles bajo una ley de libertad. Ojo, libertad, no servidumbre. Y mientras, el poder temporal del emperador tiene su propia legitimidad para mantener el orden y el bienestar. Son dos cosas distintas, cada una con su propia finalidad y su propio campo de juego. Entonces, ¿por qué importa todo esto hoy en día? Pues porque las ideas de este fraile medieval no se quedaron en el siglo XIV. Resulta que se convirtieron en las semillas de nuestro mundo moderno. De sus ideas sale un modelo de gobierno para la iglesia que se basa en el servicio, en los límites y en la rendición de cuentas. La idea de que si una autoridad se convierte en una piranía, la propia comunidad tiene el derecho y el deber de controlarla. Bueno, es que esto es profundamente moderno. El impacto de Okam se fue desplegando durante siglos. Sus argumentos contra el poder papal absoluto fueron munición intelectual para la reforma protestante 200 años después y sus ideas sobre un gobierno al servicio del pueblo sentaron las bases para mucho de lo que vendría con la ilustración. En resumen, aunque Okam hablaba en un lenguaje teológico porque era el lenguaje de su época, sus conclusiones fueron radicalmente políticas y seculares. Es una figura de transición que, al atreverse a desafiar el absolutismo de su tiempo, ayudó a crear el espacio intelectual para conceptos que hoy no son básicos, como el estado de derecho o el gobierno limitado. Y esto nos deja con una pregunta final para darle vueltas. El principio de Okam es tan relevante hoy como hace 700 años. Si aplicáramos su estricto criterio del bien común a nuestras instituciones actuales, ¿cuántas de ellas pasarían de verdad el corte? Una cuestión que sigue, desde luego, muy abierta.