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09 Guillermo de Ockham Resumen I

Este vídeo ofrece la primera parte del análisis sobre Guillermo de Ockham, examinando su exilio político, su célebre navaja metodológica y su teoría del conocimiento. Se expone además su ética basada en el voluntarismo divino y su radical repercusión escéptica.

HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I
Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Resumen del Contenido

En este contenido se examina la turbulenta vida y la revolucionaria filosofía del pensador franciscano Guillermo de Ockham. Tras ser acusado de herejía y huir a Aviñón, Ockham estructuró un sistema caracterizado por su célebre principio de economía, popularmente conocido como la navaja de Ockham, que prohíbe multiplicar los entes sin necesidad. El autor detalla su distinción gnoseológica entre la noticia intuitiva (conocimiento directo y presencial del objeto que verifica su existencia) y la noticia abstractiva (los conceptos universales e independientes de la presencia de la cosa). Asimismo, se desglosa su controvertido voluntarismo divino ético, que sitúa la voluntad de Dios por encima del orden moral racional, y su doctrina política que atribuye el origen del poder secular al pueblo. Finalmente, se analiza el desarrollo del ockhamismo posterior, que al sugerir la posibilidad de intuiciones ilusorias divinas, sembró las fértiles bases del escepticismo gnoseológico moderno y de la duda metódica radical.

Transcripción

Vamos a sumergirnos en la mente de un filósofo que fue tan, pero tan radical que lo acusaron de herejía, Guillermo de Okam. Sus ideas, como veremos, hicieron temblar los mismísimos cimientos del poder en la Edad Media. A ver, que nadie se imagine a Okam como el típico monje encerrado tranquilamente en su celda. Para nada. Su vida, como se ve en esta cronología, fue una auténtica tormenta, un conflicto constante que lo enfrentó cara a cara con el Papa hasta el punto de tener que huir para salvar el pellejo y vivir el resto de sus días en el exilio. Para entender de verdad por qué sus ideas daban tanto miedo, vamos a organizar este análisis en cuatro partes clave. Empezaremos con su lío con el papado y acabaremos viendo cómo sembró una duda que llega hasta nuestros días. Y la historia, la verdad, arranca con un drama en toda regla. Estamos en 1324 y a Okam no es que le inviten a un debate académico, no, no le convocan a Aviñón, que era la sede del poder papal, para que rindiera cuentas por lo que escribía. Y ojo, que la acusación era de las más graves que se podían hacer. Se montó una comisión papal, impulsada además por un rival suyo, nada menos que el excanciller de Oxford y se pasaron atentos 3 años revisando sus obras con Lupa, buscando cualquier cosa que sonara herejía. Al final, aunque la cosa nunca llegó a una condena formal y definitiva, el resultado fue que siete de sus ideas principales fueron señaladas como heréticas y claro, eso fue una auténtica bomba en el mundo intelectual de la época. Muy bien, pero ¿cuál era esa idea tan peligrosa? ¿Qué es lo que decía para que se montara semejante revuelo? Pues todo, absolutamente todo, empieza con una pregunta que parece muy simple. ¿Cómo estamos seguros de que lo que conocemos es real? Y para responder a esto, Okam sacó su famosa navaja. Su principio era revolucionario por lo simple. No hay que complicar las cosas más de lo necesario. La explicación más sencilla suele ser la buena. Y con esa navaja se puso a recortar siglos y siglos de teorías filosóficas superclejas. Okam decía que hay dos formas de conocer. La primera es la que llamó noticia intuitiva. Esto es básicamente el conocimiento de primera mano. Es como una prueba directa. La mente tiene contacto con algo y zas sabe que eso está ahí. Y luego está la otra forma, la noticia abstractiva. Esto es diferente, es la idea, el concepto que tenemos de algo, pero que es totalmente independiente de si esa cosa existe o no ahora mismo delante de nosotros. En esta tabla se ve la diferencia supercara, ¿verdad? El conocimiento intuitivo responde a la pregunta, ¿está esto aquí? Es un juicio sobre la existencia. El abstractivo, en cambio, responde a qué es esto. Habla de la esencia, del concepto, esté o no presente el objeto. Y aquí es donde la cosa se pone realmente interesante, porque esta distinción, que puede parecer un simple detalle filosófico, tuvo unas consecuencias brutales. Fue como la primera ficha de un dominó que acabó afectando a la lógica, a la ética y, por supuesto, a la política de su tiempo. En lógica, por ejemplo, desarrolló su teoría de la suposición. Lo que venía a decir es que una palabra como hombre puede significar cosas totalmente distintas según el contexto de la frase. Puede ser una persona concreta, un concepto general o simplemente la palabra en sí. Pero si su lógica ya era rompedora, su ética era bueno, era directamente una bomba. Okam afirmaba que no hay nada que sea bueno o malo por sí mismo. Algo es bueno, simple y llanamente porque Dios lo ordena. Y punto. Para que nos hagamos una idea de hasta dónde llevaba este razonamiento, Okam llegó a decir esto, que Dios es tan, tan absolutamente libre, que podría mandarnos odiarle a él mismo y ese acto, por el simple hecho de haberlo ordenado él se convertiría en moralmente bueno, tremendo. Y claro, esta lógica tan afilada, tan directa, la aplicó a la política y fue un misil directo contra el poder del Papa. Su argumento era simple, pero demoledor. El poder político, decía, viene del pueblo. El emperador solo lo gestiona de forma temporal. Por lo tanto, es imposible que el emperador pueda cederle ese poder para siempre al Papa. Jaqueemate. Uno podría pensar que tras su huida de Aviñón la influencia de Okam se apagaría, pero fue todo lo contrario. Sus ideas no desaparecieron, sino que se esparcieron como la pólvora, plantando las semillas de una forma de pensar completamente nueva. Lo que pasó es que nació el OC camísimo, una corriente de pensamiento que arrasó en las universidades y sus seguidores, como un tal Nicolás de Autrecort, llevaron sus ideas hasta la última consecuencia. llegaron a decir que en realidad nunca podemos tener una certeza absoluta sobre el mundo, solo conjeturas. Y aquí está la clave de todo. Al sugerir que Dios en su poder infinito podría hacernos ver algo que en realidad no existe, Okham, quizás sin quererlo, abrió una puerta enorme, la puerta a la duda radical sobre si podemos fiarnos de nuestros propios sentidos. Y esto nos lleva a la provocadora pregunta del historiador Echen Jilson, que resume perfectamente el problema. Es una duda que nació con Okam en el siglo XIV, pero que, seamos sinceros, sigue resonando con muchísima fuerza hoy en día. ¿Podemos estar realmente seguros de que lo que percibimos es real?