← Volver al buscador
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

09 Guillermo de Ockham Resumen II

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Bueno, si en la primera parte vimos a ese OAM más académico, ¿no? El pensador que removía los cimientos de la filosofía, ahora nos toca ver a Okan Ribelde, al hombre que no solo definió su época, es que la hizo saltar por los aires, porque sus ideas, ojo, forjadas en pleno conflicto, fueron la mecha que encendió la dinamita del mundo medieval. Venga, vamos al lío. A ver, para empezar es que esta frase lo dice absolutamente todo. Hay que imaginarse la escena, ¿eh? Un fraile fugitivo que encima ha sido declarado hereje y se planta delante nada menos que del emperador del Sacro Emperio. Y ojo, no va a pedir clemencia, no le propone una alianza. Una alianza. Esto no es una anécdota, es que es una declaración de guerra en toda regla y captura perfectamente la esencia de lo que vamos a ver, esa fusión total entre la batalla de las ideas y la lucha descarnada por el poder. Y claro, para entender esa fusión es que es fundamental entender el mundo en el que vivía. El siglo XIV, vamos a ser claros, no era un lugar tranquilo para ponerse a reflexionar. Era el caos, una crisis total. Piensa la guerra de los 100 años, la peste negra arrasando con todo y la propia iglesia, la gran institución, rompiéndose en dos con el gran sisma. En un mundo que se está cayendo a pedazos una idea bien afilada, no es un lujo, es un arma. Pues sí, un fraile en fuga. Y es que la historia de su filosofía más rompedora arranca literalmente con una huida. Es así de simple. Es imposible de verdad separar a Loan pensador de Loan fugitivo, porque su choque frontal con el Papa, eso no fue un simple episodio de su vida, no. Fue el catalizador, el detonante de su pensamiento más radical. Todo empieza. El punto de ignición es Aviñón. En 1324, el Papa Juan 22 lo llama. ¿Para qué? Para juzgarlo por herejía. Y sí, vale, sus ideas filosóficas ya eran bastante polémicas, pero la verdadera bomba, la que lo lía todo, fue su defensa de la pobreza apostólica. La idea de los franciscanos será simple, pero devastadora. A ver, si Cristo y los apóstoles no tuvieron propiedades, la Iglesia como institución tampoco debería tenerlas. Y claro, esto no era teología abstracta, esto era un misil directo a la línea de flotación de la legitimidad del papado, de su poder inmenso y de su riqueza. El choque de trenes, vamos, es que era inevitable. Y fíjate, aguanta 4 años en Aviñón, 4 años, hasta que se da cuenta de que, bueno, que el veredicto ya está más que escrito y que no le va a gustar nada. Así que nada, en la noche del 26 de mayo de 1328, él y otros franciscanos se fugan, tal cual una escapada de película. ¿Y a dónde van? Pues a la corte del emperador Luis de Baviera, que era casualmente el enemigo público número uno del Papa. Y aquí, aquí está la clave de todo. Esto no es solo una huida, es el momento exacto en el que Okan cruza el rubicón. Deja de ser un intelectual incómodo para convertirse en un combatiente en el exilio. Claro, esta fuga nos mete de cabeza en el meollo del conflicto, un conflicto que, ojo, no iba solo de dinero, iba de algo mucho más profundo. Era una auténtica batalla campal sobre qué era y qué debía ser la Iglesia. Y bueno, este esquema lo deja, vamos, meridianamente claro. Por un lado, tenemos el ideal franciscano, el que defiende Okam, la iglesia como una comunidad de gente libre con un papa que está para servir a los fieles, como el mismo dijo, para atender a las ovejas, no apendro. Y por otro lado, la cruda realidad del papado de Aviñón, un poder absoluto, terrenal que ve la riqueza no como un problema, sino como una herramienta de gobierno necesaria. Es que esto no es un debate, son dos mundos, dos visiones totalmente incompatibles. Estaban destinadas a chocar. Vale, pero y esto es clave para entender a Okam, su rebelión no fue solo política. Para ganar esa guerra de de argumentos, de panfletos, necesitaba un arma intelectual y se forjó una, una tan simple y a la vez tan letal que hoy, siglos después, la seguimos llamando por su nombre, la navaja. Vamos a ver cómo esta famosa navaja corta de raíz todo el caos filosófico de su época. A ver, para que nos hagamos una idea, antes de Okam, la filosofía llevaba siglos enredada, atrapada en preguntas como esta. ¿Qué es más real? la idea universal de humanidad en mayúsculas o cada persona, cada ser humano individual. Ojo que aunque parezca una pregunta muy abstracta, la respuesta que se le diera lo cambiaba todo, absolutamente todo, desde cómo se entendía la ciencia hasta cómo se justificaba el poder. Y la respuesta de Okam es una auténtica bomba de relojería filosófica, el nominalismo. La idea es de una simplicidad brutal. dice, "Lo único que existe de verdad, lo único real es lo individual, esta persona, esa silla, ese caballo." Los grandes conceptos como humanidad, justicia o y aquí viene el golpe, la iglesia no existen como algo real ahí fuera. Son solo nombres, nómina en latín, de ahí nominalismo. Son etiquetas que ponemos en nuestra mente para agrupar cosas. Son ficciones muy útiles, sí, pero ficciones al fin y al cabo. Y claro, si la Iglesia como idea universal no existe, ¿qué poder real tiene? Y aquí tenemos el arma en acción, su legendaria navaja. El principio es tan elegante como demoledor. No multipliques los entes sin necesidad. O sea, dicho en plata, si para explicar algo hay un elemento que no es estrictamente necesario, fuera, córtalo. La teoría del conocimiento de antes era un un galimatía, hacienda de pasos intermedios de conceptos rarísimos. Oham llega, saca la navaja y zas lo corta todo. ¿Cuál es el resultado? pues que el conocimiento es una intuición directa, una conexión limpia, sin intermediarios entre tu mente y la cosa individual que estás viendo. Y claro, esta nueva forma de pensar, este afán por simplificarlo todo y centrarse en lo individual tuvo una consecuencia absolutamente monumental, quizá la más profunda y la más duradera de todas sus ideas, la separación radical entre la fe y la razón. A ver, tenemos que recordar que hasta entonces el gran proyecto de la filosofía medieval con Santo Tomás de Aquino como figura estrella había sido justo lo contrario, construir un enorme puente entre la fe y la razón. La idea era que, bueno, que la filosofía podía ayudar, que podía demostrar ciertas cosas y que ambas, la fe y la razón, juntas de la mano, nos llevaban a la verdad. Pues bien, llega Okam y Okam no es que queme ese puente, no lo vuela por los aires, le mete una carga de profundidad con su filosofía. Para él, la razón y la fe no son dos caminos que se encuentran. Son dos universos completamente distintos, cada uno con sus propias reglas. No se tocan, no se pueden armonizar y punto, se acabó. Y las consecuencias de este de este divorcio son de verdad sísmicas. Vamos a ver. Primero, si la razón solo conoce cosas individuales a través de la experiencia, entonces no puede demostrar la existencia de Dios. No puede, se acabó el debate. Creer en Dios pasa a ser un puro acto de fe. Segundo, si esto es así, la teología ya no es una ciencia racional. Pasa a ser, bueno, un conjunto de creencias basadas en la revelación, en lo que está escrito. Y tercero, y esto es tremendo, la ética. La ética se da la vuelta por completo. Las cosas ya no son buenas o malas por naturaleza, son buenas o malas porque Dios en su libertad absoluta decide que lo sean. Este concepto tiene nombre claro, se llama voluntarismo divino y es, sin duda, una de las ideas más radicales de Okam. El punto clave es este: la voluntad de Dios es la causa última de todo, incluida la moral. Ojo a la diferencia. Dios no quiere las cosas porque sean buenas, sino que las cosas son buenas simplemente porque Dios las quiere. le da la vuelta como un calcetín a toda la ética clásica. Ya no es la razón la que descubre lo que está bien, es la voluntad de Dios la que lo crea literalmente de la nada. Sé que todo esto puede sonar super abstracto, ¿verdad? Filosofía, teología, pero el impacto real de estas ideas fue tan tan grande que podemos decir sin miedo a exagerar que este fraile fugitivo es uno de los arquitectos del mundo en el que vivimos hoy. Vamos a ver rápidamente cuál fue su legado. Es que el eco de sus ideas llega hasta hoy, de verdad, ¿eh? Fijaos en el alcance que tuvo Martín Lutero. Nada menos se declaraba su discípulo. Toda esa idea de la reforma de sola escritura, la revelación directa sin intermediarios, eso es puro OCAM. La ciencia moderna con lo que llama el principio de parsimonio, es la navaja de Okam en acción. La usa todos los días. El empirismo, esa corriente filosófica que dice que el conocimiento viene de la experiencia directa, pues nace aquí y hasta la filosofía del siglo XX, la que se obsesiona con el lenguaje, lo ve como un precursor fundamental. Y por supuesto, su contribución más famosa la que ha pasado a la cultura popular, la navaja. Hoy en ciencia se la conoce más formalmente como el principio de parsimonia, pero vamos que la idea es exactamente la misma. Si tienes dos teorías que explican lo mismo, la que sea más simple, la que necesite menos cosas para funcionar, esa probablemente es la correcta. Es una herramienta mental básica para cualquier científico que se precie. Todo esto nos deja con una pregunta final, una para darle vueltas, que es totalmente de hoy en día. En esta época que vivimos de sobreinformación, de fake news, de teorías de la conspiración superenrevesadas, ¿qué hacemos con la navaja de Okam? ¿Sigue siendo válida? ¿La explicación más simple es siempre la mejor, la que nos acerca a la verdad? ¿O a veces puede ser una simplificación peligrosa que nos haga perder matices importantes? El legado de este fraile rebelde, como se ve, no es una pieza de museo.