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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA II

1 3 │ Filosofía Renacentista │ Defensa de la existencia

📜 Defensa de la existencia Basado en el libro de Rafael Herrera, LA PRIMERA FILOSOFÍA MODERNA - EL RENACIMIENTO. Creado por Borja Brun, usando NoteBookLM. Frente a la postura restrictiva de Kristeller, el historiador italiano **Eugenio Garin** defiende la existencia y legitimidad de una filosofía específicamente renacentista ligada al Humanismo. Lista de reproducción del curso: https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGo4QrWAL_wgcbmWpJvvcsU

Transcripción

A ver si digo renacimiento, ¿qué es lo primero que se nos viene a la cabeza? Pues seguro que Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, un arte que es, vamos, sublime. Pero, ¿y la filosofía? ¿Hubo algo más que arte? Porque, ojo, esta es una pregunta que ha generado un debate tremendo. ¿Estuvo el pensamiento a la altura de esa explosión de creatividad? Pues de eso va esta explicación. Y aquí está el meollo de la cuestión, la pregunta que lo cambia todo. ¿Fue el Renacimiento solo una fachada de belleza artística o por debajo se estaba cociendo una revolución intelectual en toda regla? Bueno, pues para intentar responder a esto, nos vamos a meter de lleno en un debate filosófico que es fascinante y lo es porque nos obliga a replantearnos qué es en realidad la filosofía. Y en este debate tenemos a dos pesos pesados, dos titanes. En una esquina, Paul Oscar Kristeller, que básicamente decía que no, que el humanismo del Renacimiento no era filosofía de la buena, no era filosofía de verdad. Y en la otra esquina, el historiador italiano Eugenio Garin, que defendía justo lo contrario y con qué pasión. Para él, el humanismo era una forma de filosofía totalmente nueva y legítima. Vale, vamos por partes. Empecemos por el argumento en contra. Pongámonos en los zapatos de Christ. ¿Cuáles serán sus razones para decir que el humanismo no era filosofía con mayúsculas? Pues la clava de todo está en la definición que usaba. Para Christler y para toda la tradición anterior, la única filosofía que valía era la escolástica medieval. ¿Y cómo era? Pues imaginaos una especie de sistema de pensamiento gigantesco, blindado, cerradísimo, casi como una catedral de ideas que lo explicaba absolutamente todo, desde Dios hasta la última piedra del camino. Una respuesta total para una realidad total. Y claro, con esa vara de medir tan rígida, pues los humanistas se quedaban fuera. No encajaban ni a la de tres. ¿Por qué? Porque su trabajo era otro rollo. Se dedicaban a la gramática, a la retórica, a rebuscar y limpiar textos clásicos. Visto desde fuera parecían más bien filólogos, gente de letras, pero filósofos según Krysteller, ni de lejos. Pero ojo, aquí es donde la historia da un huelco tremendo, porque aparece en escena Eugenio Garin y le da la vuelta a la tortilla. Su argumento es brillante y va a cambiar las reglas del juego por completo. La idea central de Garin es bueno, es de una simplicidad aplastante. Lo que él dice es un momento. El error de base es que estamos usando una definición de filosofía que no toca. Es un anacronismo total juzgar a los pensadores del Renacimiento con las gafas de la Edad Media. Lo que Garin pone sobre la mesa es que no hay una filosofía, sino al menos dos modelos. Por un lado, tenemos el modelo antiguo, el escolástico, que es como un oráculo, ¿no? Un sistema que se cree en posesión de la verdad absoluta. Y por otro lado, el nuevo modelo, el humanista, que se parece mucho más a Sócrates. Es un diálogo constante, es crítico y lo más importante es humilde. Sabe que no lo sabe todo. Y claro, esta nueva filosofía era radicalmente diferente. Era abierta, no cerrada. Se basaba en el diálogo, no en el dogma. Era crítica, le encantaba hacer preguntas, no era sistemática, no buscaba construir grandes castillos en el aire y, sobre todo, era humilde. Tenía los pies en la tierra, centrada en el mundo de los seres humanos, en lo finito. Y ahora llegamos al que es probablemente el punto más potente de todo el argumento de Garin. Resulta que esa obsesión que tenían los humanistas con las palabras, con la filología, no era un simple pasatiempo de ratones de biblioteca. No, no era su arma secreta, era una herramienta de demolición. porque se dieron cuenta de algo genial, que la forma más eficaz de derribar todo el edificio intelectual de la Edad Media era volver a los cimientos, a los textos originales, analizar el lenguaje, entender la historia que había detrás de cada palabra. Eso no era simplemente leer, eso era colocar dinamita en las bases del pensamiento medieval. Y su método era una especie de receta para la revolución intelectual en solo cuatro pasos. Uno, volver siempre al texto original, a la fuente. Dos, entender que ese texto no cayó del cielo. Lo escribió un ser humano en un contexto muy concreto. De ahí el paso tres es inevitable, empezar a cuestionar la autoridad. Y el resultado final, el paso cuatro, es la liberación. se abre la puerta de par en par al pensamiento moderno. Y para que nos hagamos una idea del poder de este método, pensemos en Aristóteles. Durante siglos, en la Edad Media, Aristóteles no era un filósofo, era el filósofo, era prácticamente la verdad revelada. Y de repente con este método se transforma. Pasa de ser un dogma a ser un autor. Un autor brillante, sí, pero un ser humano de la antigua Grecia que, como cualquiera, podía ser analizado, criticado y, sorpresa, incluso corregido. Se acaba el principio de autoridad. Y final. Entonces, después de todo este recorrido, volvemos a la pregunta inicial. ¿Cuál es el veredicto? ¿Hubo o no filosofía en el Renacimiento? Pues la respuesta, siguiendo la lógica de Garí es un sí, un sí rotundo y con mayúsculas. El humanismo no es que tuviera elementos filosóficos, es que el humanismo es la filosofía del Renacimiento, su forma propia y original de pensar. Pero no era una filosofía de las de quedarse en las nuves. Qué va, era todo lo contrario. Fue la filosofía de un momento de crisis de un mundo que se desmoronaba para dar paso a otro. Una filosofía con los pies en el barro, concreta, civil, moral. Y su gran misión histórica fue esa, hacer de bulldóer, demoler los viejos dogmas para dejar el solar limpio y preparado para que se pudieran construir la ciencia y la política modernas. Y aquí está la clave de por qué todo esto importa. y mucho. El legado del humanismo es sencillamente inmenso. Al enseñarnos a pensar de forma crítica, a mirar la historia a los ojos, preparó el camino para todo lo que vino después, la ciencia moderna, la política moderna y nos dejó la idea más revolucionaria de todas, que el ser humano no es un simple espectador en el teatro del mundo, sino el protagonista, el creador de su propio destino. Y todo esto nos deja con una última reflexión, una pregunta para llevarse a casa. La gran lección de los humanistas fue atreverse a usar el pensamiento crítico para desmontar verdades que parecían de piedra. Y eso inevitablemente nos hace mirar a nuestro alrededor, a nuestro propio siglo y preguntarnos, ¿cuáles son los dogmas de hoy? ¿Qué verdades damos por sentadas sin cuestionarlas? que quizás solo están esperando a que alguien con las herramientas adecuadas se atreva a ponerlas en duda.