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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA II
1 4 │ Filosofía Renacentista │ Estatuto histórico
🎓 Estatuto histórico
Basado en el libro de Rafael Herrera, LA PRIMERA FILOSOFÍA MODERNA - EL RENACIMIENTO.
Creado por Borja Brun, usando NoteBookLM.
Para comprender la filosofía del Renacimiento, es necesario definir su relación con dos periodos clave: el pasado inmediato (Edad Media) y el futuro que inaugura (Modernidad/Ilustración). Lista de reproducción del curso:
https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGo4QrWAL_wgcbmWpJvvcsU
Transcripción
A ver, vamos a olvidarnos un momento de lo que creemos saber sobre el Renacimiento, porque hoy la cosa no va de arte o de historia lejana, no. Va del origen de un sentimiento muy muy nuestro, muy de ahora. Esa mezcla de libertad y de vértigo que define nuestro mundo, pues tiene una historia y resulta que empieza justo aquí. Seguro que esta frase suena estamos condenados a ser libres. Este Jan Paul Sartre y la verdad resume de maravilla esa ansiedad y a la vez esa euforia del siglo XX. Es una sensación que casi todo el mundo reconoce, ¿no? Esa carga y a la vez ese privilegio de tener que elegir nuestro propio camino, de tener que inventarnos un sentido para todo. ¿Vale? Pero, ¿de dónde sale esta sensación? ¿Es algo del siglo pasado y ya está? Pues la respuesta quizás sorprenda porque las raíces son mucho, pero que mucho más antiguas. Para encontrarlas tenemos que hacer un viaje en el tiempo. Y ese viaje nos lleva directos aquí, al Renacimiento, una época como suspendida entre dos mundos, el medieval y el nuestro. A menudo se ve solo como un puente, ¿verdad? Pero fue mucho, muchísimo más que eso. Fue el laboratorio donde se forjó la condición humana moderna. Históricamente, para entenderlo, la gente se suele ir a dos extremos. Por un lado está la idea de una ruptura total, como si de repente alguien encendiera la luz en la oscuridad, y por otro la de una continuidad total que básicamente dice que solo fue el final de la Edad Media, pero la verdad ambas visiones se quedan muy cortas. Una perspectiva mucho más sutil, más precisa, es la tesis de la contigüidad. Esta idea nos presenta el Renacimiento como lo que fue, una época autónoma con su propia personalidad. No fue una simple continuación, pero tampoco una ruptura que salió de la nada. Y aquí está la clave de todo. De verdad, pensemos en esto. El renacimiento se construyó sobre los cimientos de la Edad Media, claro que sí, pero al mismo tiempo se levantó contra sus límites. Fue una transformación llena de tensión y es en esa dualidad, en ese sobre y contra donde reside toda su esencia. Entonces, ¿a dónde nos lleva esto? pues a algo muy potente. El renacimiento no es solo un precursor de la modernidad, es que es en sí mismo la primera modernidad. Es el momento exacto en que el ADN de nuestro mundo empezó a escribirse. Y es que la filosofía moderna, la que asociamos con Descartes, no apareció por arte de magia. Fue el resultado de dos siglos de gestación. El humanismo renacentista fue como la tierra fértil. partió de la autoridad dogmática de la Scolástica y cultivó el espíritu crítico que luego hizo posible a gente como Descartes. Y este humanismo nos dejó dos herencias brutales para el futuro. Primero, el nacimiento del espíritu crítico. La filología, que es el estudio riguroso de textos antiguos, enseñó a la gente a pensar por sí misma, a cuestionar, y, segundo, y esto es fundamental, le preparó el terreno a la ciencia, recuperando textos griegos y poniendo el foco en la observación. A veces se piensa que el humanismo era anticientífico, pero nada más lejos. Esta cita lo deja clarísimo. El verdadero enemigo de la ciencia no era el humanismo, sino la teología escolástica con su sistema rígido y autoritario. El humanismo, de hecho, despejó el camino. Pero claro, toda esta libertad intelectual, este cambio de paradigma tan bestia, tuvo un precio, un precio psicológico muy profundo que de alguna manera todavía estamos pagando. Vamos a ver cuál fue ese coste. Y es que es fascinante ver como las luchas del Renacimiento se convierten en el molde para la Ilustración. Hay como un hilo rojo que las une. La crítica a la barbarie escolástica es el ensayo general de la crítica al antiguo régimen. Las grandes peleas, razón contra fe, libertad contra dogma, nacen aquí. Y luego la ilustración simplemente subió el volumen. El sociólogo Max Ber le puso un nombre genial a todo este proceso, el desencantamiento del mundo. ¿Y qué significa? Pues básicamente la ruptura de la burbuja, que era el cosmos medieval. un universo cerrado, finito, ordenado y, sobre todo superreconfortante, donde todo y todos tenían su sitio y su sentido asignado por Dios. Y de repente, pum, ese hogar cósmico se hace añicos. El universo deja de ser un lugar seguro y se convierte en un espacio abierto, silencioso y, como se atrevió a decir Giordano Bruno, quizá infinito. Se acabó la certeza absoluta. El ser humano se quedó por primera vez existencialmente solo. Y esta nueva realidad creó lo que se ha llamado una angustia festiva. Es una paradoja increíble. Festiva porque la libertad creativa era brutal, angustiosa porque sin un guion divino todo el peso de la existencia caía sobre los hombros de cada uno. Suena familiar. es que es exactamente la condena a ser libres de Sartre. Nació aquí. Entonces, ante este panorama, ante este mundo nuevo sin garantías, ¿qué hicieron los pensadores del Renacimiento? Bueno, pues su legado no es una nueva respuesta absoluta, sino algo mucho más honesto, una reflexión sobre los límites y las posibilidades que tenemos. Y hubo a grandes rasgos dos tipos de respuesta. Por un lado, gente como Alberti o Tomás Moro, que fueron, digamos, los pragmáticos, aceptaron que somos finitos y se pusieron a construir cosas prácticas, arte, política, obras humanas temporales, sin jugar a ser dioses, y por otro pensadores como Giordano Blono que se lanzaron con una pasión trágica a abrazar ese infinito intentando divinizar el universo para llenar el vacío. Al final, si tuviéramos que quedarnos con una sola cosa, la gran verdad que nos lega el Renacimiento es esta. El ser humano es un ser constructor y crítico que ha sido arrojado a un mundo que ya no viene con manual de instrucciones. Somos los herederos directos de esa condición, de esa mezcla de poder y fragilidad. Y esto, claro, nos lleva a la pregunta final, la pregunta que el Renacimiento puso sobre la mesa y que cada generación tiene que responder de nuevo. Si ya no hay garantías absolutas, si estamos condenados a ser libres, ¿qué elegimos construir?