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HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL | Libro: Introducción a la Historia de la Edad Media | Emilio Mitre

10 Conclusión

Basado en el libro: Introducción a la Historia de la Edad Media | Emilio Mitre

Transcripción

A ver qué es lo primero que se nos viene a la cabeza al pensar en la Edad Media. Seguramente algo oscuro, estancado, vamos, como un paréntesis aburrido entre la gloria de Roma y el Renacimiento. Pero, ¿y si todo eso no fuera del todo cierto? ¿Y si ese mundo que damos por superado en realidad sigue aquí entre nosotros? Venga, vamos a tirar de ese hilo. Para meternos en faena hay que hacerse unas cuantas preguntas, ¿no? De verdad fue una época tan quieta, tan uniforme, ¿qué pasó con ella cuando llegó la edad moderna? ¿Se esó sin más? Y sobre todo, ¿nos sirve de algo hoy o es justo lo contrario a lo que somos? Ojo, porque las respuestas están mucho más ligadas de lo que parece. ¿Vale? Primer punto y fundamental, hay que desmontar un mito, el de que la Edad Media era toda igual, un bloque de cemento. Para nada. Fue una época de unas tensiones brutales llena de contrastes por dentro y aquí se ve de maravilla. Por un lado estaban los pilares del sistema, ¿no? Los pesos pesados como Carlo Magno, el Papa Inocencio Io o Santo Tomás de Aquino, gente que construyó el orden de la época. Pero, y esto es clave, igual de medievales eran los que iban a la contra. Pensadores como Pedro Abelardo, que se atrevió a cuestionarlo todo, a Berroes, que nos devolvió Aristóteles, o Jan Hus, que pagó con su vida al criticar a la Iglesia. A ver, que quede claro, sería un error pensar que esta gente crítica eran como modernos que habían viajado en el tiempo. Qué va, eran hijos de su época, 100% medievales. Y es justo ahí, en sus debates, en sus desafíos, donde está toda la chicha, todo el dinamismo de la Edad Media, esa tensión entre el orden y la rebeldía, ese el motor que movía el mundo. Bueno, y ahora viene lo interesante, cómo este mundo tan complejo no se desvaneció de la noche a la mañana. Vamos a seguirle la pista a ver cómo sus hilos llegan directos hasta la edad moderna y no un poquito, eh, hasta bien entrado el siglo XVI. Si miramos la política, las conexiones son alucinantes, de verdad. La famosa rivalidad entre España y Francia, esa que marcó siglos, pues no sale de un repollo, viene derechita de las peleas medievales entre los Sanjú y la Corona de Aragón. Y el peligro turco que tanto preocupaba en la Edad Moderna, pues es el siguiente capítulo de la crisis que ya había estallado en los Balcanes en la Baja Edad Media. Incluso el estado absolutista, esa gran creación moderna, pues resulta que sus herramientas, sus cimientos, se construyeron en los últimos siglos medievales. Y ojo que la cosa no se queda en la política. Pensemos en la sociedad, esa división tan típica en tres órdenes, nobleza, clero y pueblo llano, pues eso no se acabó de golpe. Siguió siendo el esqueleto de Europa hasta el siglo XVII, hasta las revoluciones, el sistema feudal. Igual no se pulsó un botón en 1492 y desapareció. siguió siendo la base de la economía durante siglos y hasta la mentalidad capitalista que siempre la ponemos en el Renacimiento, pues sus primeras semillas ya estaban brotando en las ciudades medievales con la burguesía. Y si nos vamos al mundo de las ideas, el legado es igual de bestia. La figura del intelectual, o sea, alguien que se dedica profesionalmente a pensar. Eso se inventa en las universidades del siglo XI. La reforma protestante, que siempre la vemos como el pistoletazo de salida de la modernidad, en el fondo es el resultado de todas las crisis y debates de la baja Edad Media. El mismísimo Lutero no partió de cero. Se apoyó en filósofos mediales como Guillermo de Okam. Y hasta las guerras de religión del siglo X, por terribles que fueran, no eran nada nuevo, sino la continuación de una forma de intolerancia que venía de antes. Pero esperad que la cosa no acaba en el siglo XVII, ni de broma. Vamos a ver ahora como ideas e identidades medievales siguen aquí hoy dándole forma a nuestro mundo. Pensemos en esto un momento. Dos ideas que parecen contrarias hoy en día, la unidad de Europa y los nacionalismos, pues ambas tienen raíces medievales. El sueño de una Europa unida a menudo vuelve la vista a Carlos Magno como un mito fundacional y a la vez las raíces de muchísimas identidades culturales que hoy son tan fuertes, pensemos en Cataluña, en Gales, en Flandes, se hunden en esa misma época. Y para que se vea claro, aquí hay un ejemplo que es una pasada. Jan Has, un reformador bohemio del siglo XV. Este hombre ha sido de todo. Para la edad moderna era un adelanto de Lutero. Para el nacionalismo checo del 19 un héroe contra los alemanes. Y para los marxistas del 20, un revolucionario, un solo hombre medieval. ¿Y cuántas vidas ha tenido después? Y sin irnos tan lejos, aquí en España mismo, el gran debate sobre qué significa ser español el que tuvieron historiadores como Américo Castro y Sánchez Albornot, ¿de dónde sale? pues de sus distintas formas de ver la Edad Media, de si hubo convivencia o conflicto entre cristianos, musulmanes y judíos, es que es así de claro. Para entender nuestro presente, seguimos discutiendo sobre nuestro pasado medieval. Bien, y todo esto, ¿a dónde nos lleva? Pues a la gran conclusión, a una idea clave sobre qué es la historia en realidad. Si uno se para a mirar las grandes formas de entender la historia, aunque sean muy diferentes entre sí, todas coinciden en una cosa. Da igual si la ven como un plan de Dios, como un camino hacia el progreso o como una lucha de clases. Todas, absolutamente todas, la ven como un proceso continuo, como algo que no se detiene. Y aquí está la frase que lo resume todo, la tesis central. El proceso histórico ha de ser considerado como un todo continuo. No hay más. Así que la conclusión es es que no hay otra. La Edad Media no fue un paréntesis, no fue un batch entre la antigüedad y el Renacimiento. Fue, y de hecho sigue siendo una parte esencial, un capítulo fundador de esta única historia que es la nuestra, una historia que nunca se ha detenido. Y esto nos deja con una pregunta flotando en el aire. Si acabamos de ver que la Edad Media nunca se fue del todo, que sus ideas y sus conflictos siguen aquí, entonces, ¿cuántas otras épocas que damos por cerradas y superadas siguen en realidad vivísimas moldeando nuestro mundo actual sin que ni siquiera nos percatemos?