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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA I

10 Roger Bacon | La crítica baconiana al conocimiento puramente autoritativo

Historia de la Filosofía Medieval y Renacentista I - Grado de Filosofía - 2º año UNED Creado con Notebook LM

Transcripción

Allá por el siglo XI, un pensador llamado Roger Bacon se atrevió a hacer algo impensable, cuestionar los cimientos mismos sobre los que se construía todo el saber. Hoy vamos a sumergirnos en su fascinante crítica a la autoridad. A ver, imaginemos por un momento un mundo así, un mundo donde la verdad definitiva ya está escrita y nuestra única tarea es leerla y aceptarla. Pues bien, esa era en gran medida la realidad intelectual a la que se enfrentó Bacon, un mundo donde los textos antiguos tenían un poder casi casi absoluto. Para entender de verdad la magnitud de lo que propuso Bacon, primero tenemos que meternos en el sistema que desafió, la famosísima tradición escolástica medieval. El conocimiento era básicamente una herencia. La verdad no era algo que se descubría, sino algo que se recibía de un pasado glorioso. El saber era como un sistema cerrado, una biblioteca finita. Y ojo, las obras de figuras como Aristóteles no eran solo una fuente de consulta, no, no eran la autoritas, la autoridad final. Y es justo aquí donde Bacon introduce un esquema que lo va a cambiar todo. Propone que hay tres formas y solo tres de adquirir conocimiento y con esto prepara el terreno para un conflicto intelectual en toda regla. Aquí las tenemos: autoridad, razonamiento y experiencia. La tradición escolástica se apoyaba masivamente en las dos primeras, pero con un peso absolutamente abrumador en la autoridad. El razonamiento se usaba, claro que sí, pero a menudo solo para demostrar lo que la autoridad ya había dicho. La experiencia, bueno, la experiencia era la gran olvidada y esto es crucial entenderlo bien. Bacon no quería quemar los libros ni acabar con la autoridad, ¿no? Su argumento era mucho más sutil y por eso más potente. Decía que la autoridad es útil para orientarnos, para empezar una investigación, pero se convierte en un auténtico obstáculo si se usa como la prueba final, porque impide que lleguemos a comprender de verdad. Entonces, ¿cuáles eran exactamente sus objeciones? Bacon fue muy preciso y detalló por qué confiar ciegamente en la autoridad no solo era insuficiente, sino que era directamente peligroso para que el saber avanzara. Y aquí es donde la cosa se pone realmente interesante, porque desglosa el problema. Estos cuatro puntos son el núcleo de su crítica y cada uno es un golpe demoledor al sistema. Vamos a verlos uno por uno. Esta metáfora es del propio Bacon y es genial. se quejaba todo el tiempo del estado de los manuscritos, de las malas copias, de las traducciones que eran un desastre del griego y del árabe. Su punto era claro. Si la base, si el texto mismo es inseguro, entonces todo el conocimiento que se levanta sobre él es increíblemente frágil. Así que el punto clave es este. La autoridad por sí sola no crea sabiduría. Aceptar algo simplemente porque lo dijo Aristóteles crean lo que Bacon llamaba repetidores de opiniones. La verdadera ciencia para él exigía ver las cosas por uno mismo, entender el por qué, no solo saber que alguien hace mucho tiempo lo afirmó. Esta pregunta lo resume todo, es su argumento más potente. En temas como la óptica o la astronomía, la última palabra no la puede tener un texto antiguo. Pensemos en un arcoiris. Por mucho prestigio que tenga un filósofo, si la observación directa demuestra otra cosa, la autoridad tiene que ceder. La experiencia es el juez final. Y esto nos lleva claro a su gran solución. Frente a la fragilidad de la autoridad, Bacon propone su ciencia experimentalis, la ciencia experimental como la herramienta definitiva, la que de verdad certifica qué es cierto y que no. La primera función de la experiencia es esta, poner a prueba las afirmaciones de las autoridades. No se trata de aceptarlas porque sí, sino de someterlas a examen. Algunas se confirmarán, claro, pero otras pues no. Y esa es la segunda función, lógicamente. Cuando la experiencia contradice a la autoridad, la experiencia gana. Esto permite arreglar o directamente descartar las afirmaciones que se demuestran falsas. Es como hacer una limpieza a fondo del conocimiento, quitando todos los errores heredados. Y aquí está para mí el aspecto más revolucionario de todos. La experimentación rompe el techo del conocimiento. Si el saber se limita lo que ya dijeron los antiguos, nunca podrá aparecer nada verdaderamente nuevo. Esto representa un cambio de paradigma total. Pasar de un mundo de revelación que estudia lo que ya se dijo a un mundo de descubrimiento que busca activamente lo que todavía no se conoce. Esta cita de Bacon lo resume a la perfección. El razonamiento más brillante y las opiniones de los autores más sabios, sin la certificación de la experiencia, pueden parecer ciencia, pero les falta la visión. Son estructuras lógicas vacías completamente desconectadas de la realidad. Bien, ¿y qué legado nos deja toda esta crítica? La propuesta de Bacon no solo añadió una herramienta nueva a la caja, sino que reordenó por completo el proceso de búsqueda del conocimiento. Fijaos en la inversión. es darle la vuelta a la tortilla. El método tradicional empezaba y terminaba con la autoridad, con los libros. Bacon propone empezar con la observación del mundo real y solo después se acude a los antiguos, pero no para aceptarlo sin más, sino para verificar lo que dijeron a la luz de lo que se ha observado. Y aquí está la conexión directa con nosotros, con la ciencia de hoy. Esta idea formulada en pleno siglo XI es uno de los pilares de la ciencia moderna. La idea de que ninguna teoría, por muy célebre que sea su autor, es sagrada. Todas, absolutamente todas, deben enfrentarse constantemente a la prueba de la experiencia. Es el cambio de un saber basado en el pasado a uno que siempre mira hacia el futuro. Y con esto cerramos con una pregunta para la reflexión. El llamado de Bacon a someter la autoridad a la prueba de la experiencia sigue siendo igual de relevante hoy que hace casi 800 años. nos invita a plantearnos en un mundo saturado de información cuáles son nuestras autoridades y cómo las estamos verificando. No.