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HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea)

12 │ La Segunda Guerra Mundial

HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Sección Contemporánea) Basado en el libro: El mundo contemporáneo: Del siglo XIX al XXI Libro de Ramón Villares y Ángel Bahamonde Creado con NotebookLM - Lista de reproducción de: HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHtrkm9OjAfhKZfj83e_y2L Lista de reproducción de: HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHNJ4YdIsgtQ8sUSdANUo8L

Transcripción

Hoy vamos a meternos de lleno en el que, sin duda es el evento que redefinió por completo el mundo moderno. Hablamos, claro, de la Segunda Guerra Mundial. Y es que fue un conflicto que, bueno, fue muchísimo más que una simple guerra. Y para entender la magnitud de lo que supuso, a ver, no vamos a empezar por el principio, sino por el final, por el coste humano, que es es simplemente brutal. Estamos hablando de que entre 50 y 60 millones de personas perdieron la vida. Una cifra que cuesta hasta imaginar. Pero es que la guerra no solo trajo una destrucción material inmensa, lo que hizo fue literalmente hacer saltar por los aires el orden global que existía. Se acabaron siglos de dominio europeo y de ese vacío surgió un mundo completamente nuevo, un mundo bipolar dominado por dos gigantes, Estados Unidos y la Unión Soviética. Claro, esto nos lleva a la pregunta del millón, la pregunta que es inevitable hacerse. Pero, ¿cómo? ¿Cómo se llegó a este punto? ¿Cómo pudo el mundo precipitarse a una transformación tan total y devastadora? Bueno, aquí hay una diferencia clave con la Primera Guerra Mundial, porque si en aquella las culpas estaban, digamos, más repartidas, en la Segunda Guerra Mundial los orígenes son mucho más claros, fueron el resultado directo, clarísimo, de la ambición expansionista de las potencias del Eje. Y es que en el fondo, en su mismísimo núcleo, esto era un conflicto ideológico, una lucha muerte. No se peleaba solo por un trozo de tierra, no. Lo que estaba en juego era el modelo de sociedad, el propio concepto de lo que significaba ser una civilización. Si miramos a Europa, el plan de la Alemania nazi era cristalino, desmantelar paso a paso y de forma sistemática todos los tratados internacionales para conseguir su famoso Levens Rum, su espacio vital. Y lo increíble es que las democracias occidentales como paralizadas lo permitieron. un paso y otro y otro, hasta que la invasión de Polonia, aclaró, fue la gota que colmó el vaso. Ahí se encendió la mecha. Pero ojo que no todo pasaba en Europa. A la vez en Asia estaba ocurriendo algo muy parecido. El imperio de Japón tenía un plan expansionista calcado, crear su propia área de influencia, su gran esfera de cosprosperidad a base de dominar China y el sudeste asiático. Y claro, eso inevitablemente iba a chocar de frente con los intereses de Estados Unidos y Gran Bretaña en el Pacífico. El escenario para un conflicto global ya estaba servido. Una vez que estalla la guerra, su desarrollo se puede dividir a grandes rasgos en tres fases muy muy claras y todo empieza con una velocidad de avance por parte del eje que dejó al mundo en shock. Como vemos aquí al principio, entre el 39 y el 41 es un paseo militar para el eje. La famosa blitzcrik alemana arrolla casi toda Europa. Pero luego entre el 42 y el 43 llega el gran viraje. Se forma la Gran Alianza, Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética. Y una serie de batallas decisivas frenan en seco al eje. A partir de ahí, del 44 al 45, ya es el empuje final de los aliados hacia la victoria. Y si tuviéramos que señalar un momento un solo punto de inflexión que lo cambió todo, ese sería, sin duda alguna, Stalingrado. Esa batalla fue el principio del fin para el ejército alemán en el Frente Oriental. Una catástrofe total e irreversible que inició una retirada que ya no se detendría. Pero hay que hablar de algo más, porque más allá de las batallas y las estrategias militares, lo que de verdad define a esta guerra, su característica más oscura y siniestra, fue el exterminio, el exterminio sistemático, planificado, ideológico de seres humanos. Y a este horror planificado, a este asesinato en masa, los nazis le pusieron un nombre que te hiela la sangre por lo clínico y burocrático que suena, la solución final. El resultado de esa solución final fue el asesinato de 6 millones de judíos. 6 millones en campos de exterminio como Auswitz, que hoy es un símbolo universal del mal absoluto. Y no solo ellos, a esa barbarie se sumaron gitanos, homosexuales, disidentes políticos, prisioneros de guerra soviéticos. Al final, esta tragedia fue la constatación de un fracaso, un fracaso absoluto de la civilización. fue la demostración más terrible de cómo toda la razón, toda la tecnología y toda la organización moderna podían ponerse al servicio de la más pura barbarie. Y sin embargo, de alguna manera, de entre todas esas cenizas, de esas ruinas físicas y morales, iba a surgir un orden mundial completamente nuevo. La devastación, como decíamos, fue inmensa, pero aquí hay un dato que lo cambia todo, algo que no había pasado antes a esta escala. Por primera vez en un gran conflicto, la mayoría de las víctimas de esos 50 o 60 millones fueron civiles. La guerra total borró por completo la línea entre el frente y la retaguardia. Precisamente para intentar que una catástrofe así no volviera a repetirse, el mundo se rediseñó. En conferencias clave como Yalta y Botdam se pusieron las bases de un nuevo orden internacional. De ahí nació la Organización de las Naciones Unidas, la ONU, y se confirmó lo que ya era un hecho. El mundo tenía dos nuevas superpotencias y el legado va mucho más allá de la geopolítica. El shock de la guerra obligó a una reflexión ética profundísima. De ahí nacen, por ejemplo, los conceptos modernos de derechos humanos. Y también fue el principio del fin de los imperios coloniales. El prestigio de las viejas potencias europeas había quedado sencillamente herido de muerte. En definitiva, y esta es quizás la idea principal, el mundo en el que vivimos hoy, nuestro siglo XXI, nació de las cenizas de esa conflagración total. Es un legado que nos enseña muchísimo y que nos guste o no sigue dando forma a nuestro presente y por supuesto también a nuestro futuro.