← Volver al buscador
ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA II

12 │ PARA UNA EVALUACIÓN DE LA CULTURA │ Versión simplificada

A modo de ubicación en la temática de Antropología Filosófica II 2º año UNED Basado en el libro: Antropología filosófica II. Vida humana, persona y cultura Autor: San Martín Sala, Javier Creado con NotebookLM - Lista de reproducción ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA II https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGJFDlT5QONRwY0W_TT2H6Q

Transcripción

A ver, la palabra cultura todos creemos saber lo que significa, ¿no es así? Pero, ¿y si a esa idea tan común le faltara pues la pieza clave? Justo de eso va esta reflexión, de encontrar esa pieza que lo cambia todo. Así que para empezar vamos a lo más básico de lo básico, la pregunta que está en el fondo de todo. ¿Qué es en realidad la cultura? Seguramente si paramos a alguien por la calle o abrimos un libro de texto, la respuesta va a ser muy parecida. algo como, bueno, la cultura es todo lo que aprendemos de los demás, lo que no nos vienen los genes, simple, directo al grano. Y suena bien, ¿no? Es una definición limpia, fácil de entender, pero aquí viene el pero importante. Y si esa respuesta, sin ser incorrecta, se dejara por el camino lo más importante, el verdadero núcleo de la cuestión, ahí es donde se pone interesante. ¿Vale? Para ver qué es lo que falta, primero tenemos que entender muy bien la perspectiva que domina hoy en día. Hablamos de la mirada científica, que como vamos a ver es una forma de mirar la cultura desde fuera, como si fuéramos espectadores. El pistoletazo de salida para esta visión científica lo suele dar el antropólogo Edward Tylor. Su definición es ya un clásico. La cultura es aquel todo complejo que incluye conocimientos, arte, costumbres, todo lo que el ser humano adquiere como miembro de la sociedad. Hay que fijarse en esas dos palabras, complejo y adquirido. Es como si la cultura fuera un paquete, un objeto ya terminado que podemos analizar y describir. Y esta idea de paquete de información se refuerza muchísimo con la biología moderna, en concreto con la teoría de los memes de Richard Dawkins. La comparación es brutalmente sencilla. Los genes transmitan información biológica, ¿no? Pues los memes transmiten información cultural, ideas, modas, canciones, lo que sea. Desde este punto de vista, la cultura es básicamente otro canal de información, como un cable por el que pasan datos. Y aquí, aquí es donde encontramos el punto ciego de esta forma de ver las cosas, porque, a ver, es una visión genial para describir cómo se transmite la cultura, cómo la adquirimos, pero se olvida por completo de preguntar por qué la producimos. En primer lugar, la analogía es perfecta. Es como si describiéramos cada detalle de una estatua, cada grieta, cada curva, pero sin pararnos a pensar ni un segundo en quién la esculpió o qué sentía mientras lo hacía. Entonces, ¿dónde encontramos esa pieza que falta? Pues tenemos que hacer un pequeño viaje en el tiempo. Hay que irse a los orígenes, a los mitos, a las metáforas que crearon la idea de cultura mucho antes de que se convirtiera en un objeto de estudio científico. Pensemos en los mitos antiguos. Casi todos cuentan una historia de ruptura, una ruptura con la naturaleza. El Génesis, por ejemplo, los humanos son expulsados de un paraíso, un lugar donde la naturaleza se encargaba de todo. Y de repente, ¿qué pasa? Aparece la muerte, la vergüenza, la obligación de trabajar para sobrevivir. La cultura en el fondo, es lo que construimos para apañárnoslas después de esa expulsión. Y no es solo en el Génesis. El mito de Prometeo, desde otra perspectiva nos cuenta algo muy muy parecido. Los humanos son creados casi como un error. Débiles, sin garras, sin pelaje, y neptos para el mundo natural. ¿Qué necesitan para sobrevivir? Pues necesitan el fuego, que es la técnica, y la justicia, que son las reglas del juego social. Una vez más, la cultura aparece como la solución a un problema de base. No encajamos del todo bien en la naturaleza. Pero lo más alucinante es que toda esta idea está escondida en la propia palabra, cultura. viene del latín colere, que significa labrar, cultivar la tierra. El recorrida de la palabra es una pasada, de verdad. Primero es la acción, colere, el trabajo en el campo. Luego es el resultado, cultura agri, el campo ya cultivado, fértil. Y entonces llega Cicerón y tiene una idea de genio. Aplica esa metáfora a la mente. Habla de la cultura anime. El cultivo del espíritu brutal. Y es aquí, al juntar los mitos con esta metáfora del campo, donde la pieza perdida por fin encaja, de repente lo vemos claro. La cultura, en su sentido original no era una cosa, no era un producto, era un proceso, un verbo. Era la acción de cultivar activamente nuestra propia humanidad. Esta es la idea central, la que se nos ha escapado. El concepto original de cultura era normativo. ¿Qué significa esto? pues que no se trataba de describir lo que la gente hace, sino de proponer un ideal de lo que deberíamos llegar a ser. La cultura era ese camino, esa transformación de un estado, digamos, salvaje a uno cultivado. Aquí podemos ver las dos visiones cara a cara y el contraste es total. Por un lado, la científica. Su enfoque es descriptivo. Se pregunta, ¿qué es su concepto clave? Es la adquisición, la transmisión de hábitos. Y el resultado es ese todo complejo de costumbres. Por otro lado, la filosófica, la tradicional. Su enfoque es normativo. La pregunta es, ¿qué debería ser? El concepto clave es la producción, el cultivo. Y su elemento central no es el hábito, sino el ideal. El resultado, no un todo, sino un camino, un gradiente que va de lo salvaje a lo oculto. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Tiramos la visión científica a la basura? Para nada. No se trata de elegir. La clave, como casi siempre, está en integrar, en conseguir una visión que sea más completa. Pensemos en ello. La visión científica no está equivocada para nada, solo está incompleta. Es como tener solo la mitad de un mapa. Describe de forma increíblemente buena el qué y el cómo se transmite la cultura, pero es la visión tradicional la que nos da el por qué. Nos dice que producimos cultura porque tenemos un impulso dentro, una necesidad de ir más allá de nuestra biología, de cultivarnos para alcanzar un ideal. Hacen falta las dos mitades para ver el mapa entero. Y con esto volvemos al principio, pero con una nueva perspectiva. Si aceptamos que la cultura no es solo algo que se recibe pasivamente, sino un proceso activo que nos cultiva, la pregunta final cae por su propio peso. Y es una pregunta muy potente. Con todo lo que hacemos, con nuestra tecnología, nuestro arte, nuestras leyes, ¿qué ideal de humanidad estamos de hecho cultivando hoy en día? Ahí queda eso.