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HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna)

13 │ La monarquía absoluta Prusia

Basado en el libro: Introducción a la historia de la Edad Moderna Escrito por Ernst Hinrichs Creado con NotebookLM 2º AÑO DE FILOSOFÍA UNED - Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHtrkm9OjAfhKZfj83e_y2L Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHNJ4YdIsgtQ8sUSdANUo8L Chuela de estudio: https://drive.google.com/file/d/11fDcEYL-Ma4jtCNJ3N0TFSx0yqrmu4V4/view?usp=sharing

Transcripción

A ver, si pensamos en las grandes potencias europeas, la historia del ascenso de Prusia es, sin duda, una de las más increíbles. ¿Cómo es posible que un territorio que parecía condenado al olvido acabase convirtiéndose en una potencia que metía miedo en toda Europa? Pues bien, hoy vamos a desgranar exactamente eso, cómo lo consiguieron. Y es que de verdad se le llama el milagro prusiano por algo, porque si lo miras sobre el papel dices, "Esto es imposible." O sea, ¿cómo se puede construir un auténtico gigante sobre unos cimientos que parecían literalmente de arena? Esta es la pregunta del millón, la que vamos a intentar responder. Y ojo, que esto no es solo una clase de historia, en el fondo es una adicción brutal sobre cómo se construye un estado, sobre el poder y sobre la ambición. Así que sin más vamos a meternos de lleno en este misterio. Para que nos hagamos una idea de la escala del desafío, hay que imaginarse la Prusia del siglo X. Estamos hablando de tierras pobres, muy arenosas, una población que estaba literalmente diezmada después de la guerra de los 30 años y encima sus dominios eran trozos de tierra separados, sin conexión entre sí. Un panorama desolador, vamos. Y sin embargo, ¿en qué se convirtió? Pues en un estado super centralizado con un ejército que fue la envidia, el modelo a seguir para toda Europa. La transformación es es que no hay otra palabra, es radical. ¿Vale? ¿Y por dónde empieza todo esto? Pues curiosamente el primer paso no fue una gran batalla ni una conquista. fue un acuerdo, un pacto social, casi un pacto de hierro que va a ser la base de todo lo que vendrá después. Pero claro, para entender ese pacto primero tenemos que saber quiénes son los junkers. Ojo que no hablamos de los típicos aristócratas de Palacio y Peluca, no, no. Los junkers eran nobles terratenientes, gente muy austera, muy dura, con un poder casi absoluto sobre sus tierras y sobre todo sobre la gente que las trabajaba. Son, sin duda, la pieza clave de todo este puzzle. Y aquí está la clave del acuerdo que es de una crudeza fascinante. A ver, el monarca, Federico Guillermo necesitaba una cosa por encima de todo, dinero. Dinero para financiar un ejército permanente. ¿Y qué hicieron los Jonkers? Se lo dieron, pero claro, no gratis. A cambio exigieron dos cosas. La primera, poder total absoluto sobre sus campesinos, lo que básicamente blindaba la servidumbre. y la segunda, el monopolio de todos los puestos de oficial en ese nuevo ejército, o sea, un intercambio de poder en estado puro. Y este simple pacto lo cambió absolutamente todo, porque pensemos en la Francia de Luis XIV, por ejemplo. Allí el rey domesticó a su nobleza, la metió en la jaula de oro de Versalles, pues en Prusia pasó justo lo contrario. La nobleza no se domesticó, se militarizó. Su identidad, su razón de ser, su lealtad, todo se fusionó con el ejército y con el estado. Ellos no servían al rey en bailes de salón, le servían en el campo de batalla. Vale, con ese pacto ya en marcha llega el siguiente en la línea, Federico Guillermo I. Y a este hombre al que apodaban el rey sargento, digamos que le gustó la idea y la llevó al extremo. Para él la cosa era muy simple. Prusia no tenía un ejército. Prusia era un ejército. Y si alguien tiene alguna duda, solo hay que mirar los números. Es que este gráfico lo deja meridianamente claro. Un 80%, el 80% de todo lo que ingresaba el Estado iba derechito a financiar el ejército. No estamos hablando de una prioridad, eh, estamos hablando de una obsesión total y absoluta. Bueno, ¿y cómo se consigue algo así en la práctica? Pues con un sistema de tres pilares. Primero, el sistema de cantones. Básicamente cada distrito tenía que proporcionar soldados, así que cada campesino era un recluta en potencia. Segundo, se montó una burocrafia, el directorio general que se hizo legendaria por suficiencia. Su única misión en la vida era que al ejército no le faltara ni un botón. Y tercero, y esto es clave, toda la economía del país se puso al servicio de las necesidades de la guerra. Todo giraba en torno al ejército. El resultado final de todo esto fue literalmente una sociedad cuartel. La disciplina era draconiana, el ahorro una obsesión casi religiosa y cada pieza del Estado, da igual que fuera un recaudador de impuestos o un maestro de escuela, tenía una única función, mantener bien engrasada esa perfecta y temible máquina militar prusiana. Ahora bien, tenemos una máquina de guerra perfectamente engrasada y lista para funcionar. La pregunta es, ¿qué pasa cuando alguien brillante y sobre todo muy ambicioso se pone a los mandos? Pues aquí es donde entra en escena el gran protagonista Federico Segi o como pasaría la historia Federico el Grande. Federico es de verdad una de las figuras más contradictorias y fascinantes de la historia. Por un lado tenemos al déspota ilustrado, ¿no? El amigo de Volter, el que amaba la música y la filosofía, el que abolió la tortura. Pero por otro tenemos al conquistador, un tipo absolutamente implacable que cogió el ejército que le dejó su padre y no dudó ni un segundo en usarlo. Y es que fue llegar al trono y poner la máquina a funcionar. Lo primero que hizo atacar por sorpresa a Austria y quedarse con Silecia, una provincia riquísima. Aquello desencadenó guerras que duraron décadas y más tarde, ni corto ni perezoso, participó en el primer reparto de Polonia, lo que le permitió por fin unir sus territorios dispersos. A ver, que quede claro. Federico no creó el ejército, pero fue él quien apretó el gatillo y lo usó para poner a Prusia en el mapa de las grandes potencias. Y aquí llegamos al punto crucial, a la gran contradicción. Toda esa fachada de ilustración y filosofía de Federico tenía una línea roja muy muy clara. Podía prohibir la tortura, sí, pero ni se le pasó por la cabeza tocar la servidumbre. ¿Y por qué? Pues muy sencillo, porque los siervos eran la base de todo el sistema, eran la mano de obra de los junkers y a la vez la carne de cañón para su ejército. Tocar las servidumbres significaba cargarse el invento entero. Entonces, si echamos la vista atrás, ¿qué lección sacamos de todo esto? ¿Cuál es la fórmula secreta de ese supuesto milagro prusiano? Pues si lo resumimos, los ingredientes serían estos. Por un lado, un pacto social durísimo que puso a la élite a trabajar para el rey. Luego, una nobleza que, en vez de estar en palacio, estaba en el cuartel. Le sumamos una burocracia ultraeficiente, obsesionada con los resultados. Añadimos una sociedad entera subordinada al Estado y a la guerra. Y para rematar, un par de líderes audaces y ambiciosos dispuestos a usar todo ese poder. Y esa es, en definitiva, la gran lección de Prusia, una lección que, por cierto, iba a tener eco durante siglos. Y es que demostraron que para ser una gran potencia no necesitaba ser el más rico ni el más grande. Bastaba con tener una organización implacable, una disciplina de hierro y, sobre todo, la voluntad política de orientar hasta el último recurso de la sociedad hacia un único fin. Claro que todo esto nos deja con una última pregunta, una que va mucho más allá de Prusia. El éxito del modelo fue innegable. suficiencia se convirtió en leyenda. Pero claro, un modelo así basado en la servidumbre, en la sumisión total del individuo al Estado nos obliga a plantearnos el coste. El coste humano que casi siempre va de la mano de la construcción de poder. Al final, la pregunta es, ¿qué se está dispuesto a sacrificar en el altar de la eficiencia y el poder?