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HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea)

14 │ Origen apogeo y final de la Unión Soviética

HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Sección Contemporánea) Basado en el libro: El mundo contemporáneo: Del siglo XIX al XXI Libro de Ramón Villares y Ángel Bahamonde Creado con NotebookLM - Lista de reproducción de: HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHtrkm9OjAfhKZfj83e_y2L Lista de reproducción de: HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea) https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHNJ4YdIsgtQ8sUSdANUo8L

Transcripción

La Unión Soviética, un hombre que evoca imágenes de poder, de revolución, de guerra fría, fue un experimento que duró 70 años, casi una vida entera. Nació de una revolución que prometía un mundo completamente nuevo y terminó con un colapso que, bueno, realmente cambió el mundo que conocíamos. Es que para entender de verdad la URS, hay que pensar en ella no solo como un país, sino como eso, como un experimento colosal, uno que desde el minuto uno estuvo definido por una contradicción interna, una tensión que lo marcaría absolutamente todo. Y aquí la tenemos, esa tensión fundamental. Por un lado estaba el sueño, la promesa de una utopía para los trabajadores, un mundo de igualdad y por el otro la cruda realidad, un estado autoritario, hipercentralizado y a menudo brutal. Esta lucha interna no solo definió su existencia, sino que al final fue la causa de su propia caída. Pero vamos al principio. Todo comenzó, como tantas grandes historias, en medio del caos más absoluto. Para entender la Unión Soviética, primero hay que viajar a su nacimiento, un parto surgido directamente de las cenizas de un imperio en plena descomposición. La transformación fue vertiginosa de verdad. En 1917, el gigantesco imperio de los zares se desmorona. Lo que sigue es una guerra civil salvaje de una violencia extrema que enfrenta el nuevo ejército rojo contra una amalgama de fuerzas antibolcheviques. Y de todo ese fuego y esa sangre, en 1922 nace oficialmente La URS. Ahora, la pregunta es, ¿cómo consiguieron los bolcheviques de Lenin hacerse con el poder en medio de todo ese caos? Pues con una promesa increíblemente simple, pero a la vez irresistible para una población que estaba totalmente agotada por la guerra y por el hambre. Paz para sacar a los soldados de las trincheras, tierra para los campesinos que la trabajaban y pan para todo el mundo. Un eslogan, la verdad, brillante en su simpleza y efectividad. Con la muerte de Lenin, la URS entra en una era completamente nueva, una mucho más oscura y brutal. Es la era en la que Stalin va a forjar a base de hierro y sangre una auténtica superpotencia. La era de Stalin está marcada por una paradoja brutalísima. Por un lado, los famosos planes quinquenales consiguieron una industrialización a una velocidad que no se había visto nunca. Pero el coste, el coste humano fue simplemente inhumano, colectivizaciones forzosas que provocaron hambrunas masivas y un terror político implacable contra cualquiera que se desviara de la línea. Y el instrumento central de todo ese terror tenía un nombre, el gulag. Ojo, no eran simples prisiones, era un sistema gigantesco, una red de campos de trabajo forzado diseñada para silenciar cualquier tipo de oposición y, de paso, explotar mano de obra esclava para los grandes proyectos industriales del régimen. Y sin embargo, a pesar de todo el terror interno, la victoria en la Segunda Guerra Mundial, lo que ellos llamaron la Gran Guerra Patria, llevó el prestigio soviético a su punto más alto. La Ursalió de esa guerra como una de las dos superpotencias indiscutibles del planeta. Pero claro, después de ese apogeo empezó un declive largo y lento, una era que se conoce como la del estancamiento, donde esa fachada de poder y de fuerza ocultaba unas debilidades internas muy muy profundas. El problema de fondo de esta época se ve perfectamente aquí en las prioridades. La economía soviética lo apostaba prácticamente todo a la carrera armamentística y a la carrera espacial para poder mantenerle el pulso a Estados Unidos. ¿Y qué pasaba mientras? pues que la producción de cosas básicas para la gente, de bienes de consumo, se quedaba crónicamente atrás. El resultado era la realidad del día a día. La propaganda te vendía un futuro brillante, pero la gente vivía en colas interminables para conseguir lo más básico. Mientras tanto, la élite del partido, la llamada nomenclatura, vivía llena de privilegios y en la cúpula, un liderazgo cada vez más envejecido parecía incapaz de plantear ninguna reforma de verdad. Y con este panorama llegamos al acto final, la historia de cómo los intentos de reformar el sistema no solo no lo salvaron, sino que aceleraron su derrumbe de forma espectacular. En 1985 llega al poder Mijail Gorbachov y ojo, su plan no es destruir el socialismo, es justo lo contrario, quiere salvarlo y su estrategia se basaba en dos pilares. Por un lado, la perestroica para reestructurar la economía y por otro la Glassnost para permitir más transparencia y libertad política. ¿Cuál fue el problema? Pues que estas reformas actuaron como una auténtica caja de Pandora. La apertura económica, en lugar de arreglar las cosas, generó más caos y la libertad de expresión despertó un fantasma que el Estado soviético había reprimido durante décadas, el nacionalismo de las distintas repúblicas que formaban la Unión. Y al final fue de vértigo. Desde que llega Gorbachov en el 85, pasando por un momento tan simbólico como la caída del muro de Berlín en el 89 hasta la disolución final en diciembre del 91, apenas pasaron 6 años. Un imperio entero se desmoronó en lo que históricamente es un abrir y cerrar de ojos. ¿Y entonces qué queda de todo aquello? ¿Cuál es el legado de este experimento de 70 años? Pues a nivel global el mensaje que se lanzó fue muy claro. La caída de la URS se interpretó como la victoria definitiva del capitalismo liberal. La gran alternativa ideológica del siglo XX, el socialismo de estado, había fracasado de forma rotunda. Pero su herencia, su sombra sigue muy presente hoy en día, desde la política exterior de la Rusia actual y los conflictos en lugares como Ucrania hasta la memoria, tanto de la utopía que llegó inspirar a millones de personas como del terror que impuso. La URS fue, sin ninguna duda, el epicentro de las grandes esperanzas y de los peores miedos del siglo pasado. Al final, la historia de la Unión Soviética es la de una promesa y su brutal contradicción, un relato épico de auge y caída que definió todo un siglo y nos deja con esta pregunta en el aire. ¿Qué queda hoy de aquel sueño que una vez pareció destinado a conquistar el futuro?