← Volver al buscador
ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN

16 | Los Filósofos de la Sospecha | Marx, Nietzsche y Freud

Los Filósofos de la Sospecha | Marx, Nietzsche y Freud Describe cómo estos autores rompen la imagen del sujeto racional y transparente. Marx (condicionamiento económico/social), Nietzsche (voluntad de poder y vida) y Freud (inconsciente) muestran que el yo no es dueño de su propia casa, abriendo una antropología más realista y crítica.

Transcripción

Hola a todos. Hoy vamos a meternos de lleno con tres pensadores que literalmente dinamitaron la forma en que nos veíamos a nosotros mismos. Hablamos de Marx, Nietzsche y Freud, los grandes maestros que nos enseñaron a sospechar de todo, incluso de nuestra propia mente. Y todo arranca con una pregunta, una pregunta que es casi una bomba. ¿Y si la conciencia miente? ¿Qué pasaría si esa idea tan bonita que tenemos de nosotros mismos como seres racionales, dueños de nuestros actos, no fuera más que una fachada, una ilusión que esconde una realidad? Bueno, bastante masturbia. Así que, ¿cuál es el plan? Primero vamos a entender por qué a este trío se le conoce como los maestros de la sospecha. Después nos sumergiremos en cada uno, la sospecha económica de Marx, la psicológica de Freud y la moral de Nietzsche. Y para terminar veremos lo más interesante, cómo toda esa destrucción en el fondo sirvió para construir algo nuevo. A ver, para entender esto tenemos que viajar un momento al siglo XIX, una época en la que las grandes ideas del humanismo tradicional empiezan a tambalearse y ahí aparecen ellos para lanzar un ataque directo al corazón de esas ideas, sospechando que detrás de tanto idealismo se ocultaba otra cosa. ¿Vale? ¿Y por qué los llamamos así filósofos de la sospecha? Pues muy sencillo, porque los tres comparten una intuición brutal. La conciencia, eso que llamamos yo, no es transparente, es más bien una máscara. Creen que la razón, nuestros valores, la religión, todo eso no es más que la superficie que oculta una verdad mucho más profunda y sí a menudo hipócrita. Esta tabla es el mapa perfecto para entenderlos. Fijaos bien. Por un lado tenemos a Marx. ¿De qué sospecha él? De las relaciones sociales. ¿Y qué ocultan? Pues la alienación económica. Luego está Freud. Su sospecha apunta a la conciencia racional, que para él es solo una tapadera del inmenso mundo del inconsciente y los instintos. Y finalmente, Nietzsche, que va por todas, sospecha de la moral y la religión, diciendo que detrás de ellas solo hay una cosa, la voluntad de poder. Tres sospechas, un objetivo común, desenmascarar. Venga, empecemos con el primero, con Carx. Con él la sospecha se va directa a la cartera, por así decirlo, a la estructura económica. Lo que Marx nos dice es que las fuerzas que de verdad nos moldean no son ideas ni espíritus, son materiales, son económicas. Y aquí la palabra clave es alienación. Imaginad esto. Tu trabajo, lo que haces cada día, debería ser parte de ti, ¿no? Pues Marx dice que en el capitalismo pasa todo lo contrario. El trabajador se siente un extraño frente a su propio esfuerzo. Su trabajo se convierte en un objeto, una mercancía que no le pertenece, que controla a otro. En resumen, el ser humano se cosifica, se convierte literalmente en una cosa. Y esto nos lleva a un concepto fundamental, el naturalismo cosificador. Suena un poco técnico, pero la idea es bastante directa. Para Mars, el sistema reduce las riquísimas relaciones humanas a simples relaciones entre cosas, entre mercancías. Y la consecuencia es tremenda. Nuestra conciencia, lo que pensamos, lo que creemos ser, en realidad no es autónoma, está determinada, condicionada por completo por nuestro entorno económico y social. ¿De acuerdo? Dejamos la economía y ahora la sospecha da un giro de 180 gr y se mete dentro de nuestra propia cabeza. Con Sigmund Freud, el foco ya no está en la sociedad, sino en nosotros mismos y en esa idea de que controlamos nuestra mente. Esta frase de Freud es simplemente una bomba. Es decirle a toda la tradición filosófica anterior, "Olvidaos de la idea de que la razón lo controla todo. Lo que de verdad mueve los hilos de nuestra conducta, dice Freud, son fuerzas que ni siquiera vemos, nuestro inconsciente y nuestros instintos más primarios." Y este esquema lo deja clarísimo. Mirad los porcentajes. El yo, nuestra conciencia, eso que creemos que somos, es apenas un 20%. Una pequeña parte que intenta poner paz. El 50%, la mitad de la tarta es el ello, puro deseo, puro instinto. Y el otro 30 es el super yo, las normas sociales que hemos interiorizado. La conciencia es solo la punta del iceberg. Y aquí vemos como Freud también aplica una especie de naturalismo cosificador. Si con Marx la cosa que nos determina es la economía, con Freud la cosa es nuestra propia biología, nuestros instintos. El ser humano es el resultado de un juego de fuerzas internas, las pulsiones de vida y de muerte que se escapan totalmente al control de la razón. La sospecha se ha metido hasta la cocina de nuestro ser. Y ahora llegamos al que lo lleva todo al límite, a Friedrich Nietzsche. Él no se conforma con sospechar de la economía o de la mente. Él apunta directamente a los cimientos de toda la cultura occidental, la moral y los valores que hemos dado por sentados durante siglos. Esta es probablemente su frase más famosa y también la más mal interpretada. No, no es solo una declaración de ateísmo. Cuando Nietzsche dice, "Dios ha muerto", lo que está diciendo es que el fundamento que sostenía toda nuestra verdad, todo nuestro sentido del bien y del mal se ha derrumbado. El pilar que lo aguantaba todo se ha roto. Entonces, si todo se ha venido abajo, ¿qué hacemos? Pues Nietzsche nos plantea una transición radical. Por un lado, tenemos que superar al hombre viejo, a ese ser humano que necesita que le digan desde fuera que está bien y que está mal. Y por otro nos presenta la meta, el superhombre, un tipo de ser humano que se atreve a crear sus propios valores desde la nada, afirmando la vida con todas sus fuerzas. Vale, hasta ahora parece que solo hemos hablado de destrucción, de crítica, de sospecha, pero y esto es clave, su trabajo no es solo negativo. Vamos a ver ahora cómo todo este trabajo de demolición es en realidad un movimiento doble. Hay que cerrar una puerta para poder abrir otra. Lo primero que hacen, el primer movimiento, es cerrar. Y lo hacen, bueno, dándole una buena dosis de humildad al orgullo humano. Nos demuestran que esa imagen idealizada del hombre como un ser libre, racional, transparente, es un cuento. La cruda realidad, nos dicen, es que la consciencia está determinada, ya sea por la economía, el inconsciente o la historia de la moral. Pero aquí viene la magia. El segundo movimiento, el de abrir. Al cerrar esa puerta una idea falsa del ser humano, abren tres ventanas nuevas y fascinantes. Fijaos, Marx abre la posibilidad de pensar en una sociedad nueva, sin alienación. Freud nos da las herramientas para conocernos de una forma mucho más profunda y honesta. Y Nietzsche, bueno, Nietzsche nos lanza el mayor de los desafíos, atrevernos a crear nuestros propios valores. Así que si nos quedamos con una idea que sea esta. La sospecha no es para destruir por destruir, es una herramienta. Es como derribar un edificio que está en ruinas, no por el placer de verlo caer, sino para poder construir en ese solar algo nuevo, algo sólido, algo basado en la realidad y no en ideales que ya no se sostienen. Y todo este viaje nos deja con una pregunta final, una que sigue resonando con una fuerza increíble hoy en día. Si la vieja imagen del ser humano se ha roto en mil pedazos, si ya sabemos que no somos tan libres ni tan racionales como pensábamos, ¿qué tipo de ser humano queremos construir a partir de ahora? La pregunta, desde luego, queda abierta.