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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN

18 | Adorno | Crítica desde la filosofía de la historia

Adorno | Crítica desde la filosofía de la historia: Sobre la crítica de la Escuela de Frankfurt a la razón ilustrada y cómo esta deviene en barbarie y dominio, negando la verdadera emancipación humana.

Transcripción

Muy buenas. Hoy nos metemos de lleno en una de esas ideas que damos por sentadas, ¿no? La de que existe una naturaleza humana fija y universal. Pues bien, vamos a ver por qué para el filósofo Adorno intentar definirla no es solo que sea un error, es que es algo de verdad peligroso. Y vamos a empezar con la pregunta del millón, la que lo mueve todo. ¿Qué tiene de malo, de peligroso intentar ponerle una etiqueta, una definición al ser humano? Porque para adorno, detrás de esta búsqueda, que parece muy inocente, se esconde una trampa con consecuencias muy reales. Aquí está la clave, la sospecha principal de adorno. Para él, esto de buscar una esencia humana no es un ejercicio intelectual sin más. En el fondo, es un acto de escape. Es una manera de buscar un terreno seguro, un refugio, para no tener que mirar de frente al caos, a la contradicción y a la violencia de nuestra propia historia. Vamos a profundizar en esto del refugio. A ver, cuando la historia se pone fea, cuando se vuelve violenta o simplemente no la entendemos, la filosofía a menudo busca un ancla, algo firme a lo que agarrarse fuera de todo ese lío. Y ese ancla muchas veces ha sido la idea de naturaleza humana, un concepto de un ser humano que no cambia, que está por encima de los baivenes del mundo. Y este es básicamente el proyecto de la antropología filosófica más clásica. Se trata de encontrar esos rasgos que supuestamente son esenciales, ¿no? Como que el ser humano es agresivo por naturaleza o que siempre le falta algo para así tener una constante que nos sirva para explicar todo lo demás. Es como decir, "Mira, da igual lo que pase ahí fuera. En el fondo, el ser humano es así y punto." Y es justo aquí donde Adorno llega ahí, pam, le da la vuelta a la tortilla de una forma genial. Lo que nos dice es que hemos estado mirando el problema justo al revés. La pregunta no es cómo una supuesta naturaleza humana explica la historia. La pregunta de verdad es cómo la historia ha ido fabricando poco a poco lo que hoy llamamos naturaleza humana. Para explicar esto, Adorno utiliza un concepto que es fundamental, la segunda naturaleza. ¿A qué se refiere? pues a todo aquello que es histórico y social, costumbres, como nos organizamos, jerarquías, pero que de tanto repetirlo, de verlo todos los días, se ha endurecido tanto que nos parece tan natural como respirar, como si fuera biología, algo inevitable, cuando en realidad es una construcción. Este esquema lo deja clarísimo. La visión de siempre nos dice que hay una esencia humana que es el origen de la historia. Adorno nos dice, "No, no, no. El ser humano es un producto, es el gran río de la historia el que nos va moldeando, el que deja un sedimento, un pozo. Y a ese pozo, a esa marca que nos deja la historia, es a lo que luego por error llamamos esencia inmutable. Y con esto llegamos al núcleo ético de su crítica, que es potentísimo. Pensemos que Adorno escribe después de la experiencia de Auswitz, del holocausto. Para él, cualquier definición limpia, ordenada y positiva de lo humano es una bofetada a la historia. ¿Por qué? porque ignora, borra de un plumazo la capacidad que hemos demostrado tener como sociedad para organizar la inhumanidad más absoluta. Esta crítica tan potente nos lleva a la objeción más radical de adorno, a la idea de que hay una especie de violencia que es inherente al propio acto de definir, de crear un concepto universal de ser humano. Esta cita es es tremenda. Lo que nos dice es que cuando creamos un concepto universal, una definición única, forzamos a que toda la diversidad de vidas, de experiencias humanas, quepa en esa cajita. Y claro, lo que no encaja, lo particular, se queda fuera como una nota al pie. Y el problema es que es justo ahí, en la experiencia particular, en la vida concreta de la gente, donde se encuentra el sufrimiento, el daño. Y las consecuencias de esto son muy concretas. Un concepto abstracto y universal de hombre puede hacer invisible la experiencia real del trabajo, la historia del colonialismo, las diferencias de clase, las experiencias de género. Convierte todas estas realidades que son centrales para millones de personas en simples desviaciones o anécdotas en lugar de reconocerlas por lo que son. Bueno, entonces, si la crítica es tan demoledora, ¿qué hacemos? ¿Nos quedamos de brazos cruzados? Ya no podemos pensar sobre el humano? Pues Adorno nos sugiere que sí, que es posible, pero no buscando una definición mejor y más bonita, sino cambiando de arriba a abajo la tarea que le pedimos a la antropología. Esta nueva antropología que podríamos imaginar se basaría en tres principios. El primero, ser mínima. O sea, no partir de grandes atributos positivos, sino de algo mucho más básico que compartimos, nuestra vulnerabilidad. El segundo, ser histórica, describir cómo cada sociedad en cada momento fabrica su propia versión de lo humano. Y el tercero, ser crítica. Preguntarse siempre qué es lo que nos impide vivir una vida mejor, una vida con menos sufrimiento. Por lo tanto, el giro fundamental, el cambio de chip es este. Para entender lo humano, no hay que buscar una definición en un libro de filosofía, sino que hay que bajar al barro. Hay que mirar cómo se fabrica esa humanidad en las prácticas del día a día de una sociedad. Y esto es genial porque baja la filosofía a la vida real. Si quieres saber qué significa ser humano hoy, no busques en un gran tratado. Mira cómo come la gente, cómo ama, cómo trabaja, cómo se la castiga, cómo se divierte o cómo envejece. Es en lo más cotidiano, en lo más concreto, donde se revela la verdad más profunda. Así que, ¿cuál es la gran conclusión? Pues quizá la lección de adorno es que tenemos que dejar de ver el concepto de hombre como una respuesta cómoda que lo soluciona todo y empezar a verlo como lo que de verdad es una pregunta. Una pregunta abierta que nunca, nunca deberíamos dejar de hacernos. Para dejarlo todo bien atado, este resumen es perfecto. Por un lado, la crítica de adorno. Definir al hombre congela la historia, la convierte en naturaleza y eso puede servir para justificar la dominación. Y por otro la respuesta posible, construir una antropología que sea histórica, que sea mínima y que sea crítica, que use la idea de hombre como una herramienta para pensar, no como un dogma incuestionable. Y esto nos deja con una pregunta final, que es casi como una herramienta para llevarnos a casa. A partir de ahora, cada vez que oigamos a alguien hablar de la naturaleza humana, podemos preguntarnos, ¿esta persona está intentando describir una realidad o está intentando justificar un orden social concreto? La respuesta a esa pregunta, como diría Adorno, lo cambia absolutamente todo. Muchas gracias por la atención.