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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA II

2 3 │ Humanismo │ Erasmo

📚 Erasmo Basado en el libro de Rafael Herrera, LA PRIMERA FILOSOFÍA MODERNA - EL RENACIMIENTO. Creado por Borja Brun, usando NoteBookLM. Erasmo (1466-1536), el "príncipe de los humanistas", representa la cumbre del humanismo cristiano del Norte. Su proyecto vital fue la reforma de la Iglesia y la sociedad a través de la cultura y el retorno a las fuentes (Ad fontes). Lista de reproducción del curso: https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGo4QrWAL_wgcbmWpJvvcsU

Transcripción

Imagina lo que es ser la única voz de la razón en un mundo que solo quiere gritar, pues esa fue ni más ni menos la vida de un auténtico gigante intelectual que se vio atrapado entre dos fuegos, Erasmo de Rotterdam. Y claro, esa pregunta es que nos persigue hoy, 500 años más tarde. ¿Qué pasa con la razón cuando todo, absolutamente todo a nuestro alrededor es pura furia? Pues la historia de Erasmo, vamos a ver, nos da una pista y es una pista tan brillante como la verdad desgarradora. Bueno, para entender bien su dilema, lo primero es lo primero. Hay que conocer al hombre, el famosísimo príncipe de los humanistas. Aquí lo tenemos. Erasmo de Rotterdam. A ver, su arma no era la espada, no. Lo suyo era la palabra. Su gran sueño era cambiar el mundo, pero ojo, no con barricadas ni revoluciones, sino con libros. quería devolver a la Iglesia y a la sociedad entera a sus raíces, a las fuentes originales de todo. Y su gran propuesta para lograrlo fue algo que él llamó la filosofía Cristi. Pero claro, ¿contra qué estaba luchando exactamente? ¿Cuál era ese gigante intelectual al que quería derribar? Pues miren, por un lado teníamos esto, la teología escolástica. Imaginen un laberinto, un lío de argumentos superclejos, dogmas, uf, muy arrogantes, que para Erasmo lo único que hacían era oscurecer la fe en vez de iluminarla. Y justo enfrente su propuesta, que era todo lo contrario, la filosofía Cristi. Esto no era un sistema filosófico enrevesado, qué va, era una invitación, una invitación simple a vivir como Cristo, con humildad, con caridad y volviendo al mismísimo corazón del evangelio. Y el método para conseguirlo era una idea, bueno, una idea revolucionaria que cabía en dos palabras latinas: adfontes, o sea, de vuelta a las fuentes. Su obsesión era, por así decirlo, limpiar el cristal, quitarle siglos de polvo teológico, de comentarios, de añadidos para poder ver por fin el mensaje original del evangelio sin filtros. Y ojo que esto no se quedó en la teoría, eh, para nada. Armado con lo que podríamos llamar su visturífilológico, se atrevió a hacer algo que en esa época era, vamos, impensable, retroducir el Nuevo Testamento, pero directamente del griego original. Con cada palabra que corregía era como si estuviera quitando capas y capas de teología acumulada para llegar al texto puro. Pero ya se sabe cómo es la vida. La ironía a veces es muy cruel. Justo cuando su gran reforma intelectual empezaba a despegar, pum, surge una amenaza. Y lo increíble es que no venía de sus viejos enemigos, los teólogos de siempre, no. Venía del lugar más inesperado, de sus propios aliados, los humanistas. Erasmo, con su agudeza, la diagnosticó casi como una enfermedad. La llamó la enfermedad ciceroniana. Para que nos hagamos una idea, era un grupo de intelectuales que estaban tan, pero tan obsesionados con la pureza del estilo de Cicerón, el orador romano, que se negaban en redondo a usar una sola palabra que él no hubiese usado. Vamos, el purismo llevado a un extremo de locura. Pero claro, el problema es que los síntomas de esta enfermedad iban mucho más allá del estilo. Erasmo vio el peligro de verdad. Estaban cambiando a Cristo por Cicerón como si fuera su nuevo ídolo. Llegaron a disfrazar ideas cristianas con palabras paganas hasta el punto de llamar Júpiter a Dios. Para Erasmo, esto no tenía nada que ver con la cultura. Esto era idolatría pura y dura, un purismo que en el fondo era un paganismo encubierto. Así que frente a este nuevo tipo de fundamentalismo, este purismo del estilo, la respuesta de Erasmo fue brillante. Fue una defensa apasionadísima de un lenguaje vivo, un lenguaje real. Y para que se entendiera bien, lo explicó con un diálogo entre dos personajes. Por un lado teníamos a Nosopono, el pedante, el purista, que básicamente ve el lenguaje como una reliquia, algo muerto e intocable en un museo. Y por otro lado Abuleforo, que no nos engañemos, es el propio Erasmo, que defiende justo lo contrario, que el lenguaje es una herramienta viva que tiene que adaptarse para comunicar, para conectar con el mundo. Al final, todo se reduce a esta idea tan potente. La palabra debe servir a la cosa y no al revés. Es que es así de simple. El lenguaje no es el protagonista, es solo el puente que nos conecta con la realidad. Y si lo encerramos en una burbuja de pureza, estamos traicionando su auténtica función. Dicho de otro modo, para Erasmo, ser un verdadero ciceroniano no era copiar las palabras de Cicerón como un loro, para nada, era imitar su espíritu. A ver, ¿por qué fue grande, Cicerón? pues porque supo adaptar el lenguaje a la realidad de su tiempo. Y eso es justo lo que pedía Erasmo. Usemos el maravilloso lenguaje clásico, pero para hablar de las nuevas verdades, de las realidades de la era cristiana. Pero mientras Erasmo estaba librando esta batalla en el frente de las ideas, el mundo real, el de la calle, estaba a punto de explotar y toda su defensa de la razón, del equilibrio se dio de bruces con una fuerza muchísimo más brutal que una simple pelea sobre el latín. se encontró con el fanatismo y de repente los muros empezaron a cerrarse sobre él. Al principio parecía que la reforma pacífica de Erasmo era el camino a seguir, pero entonces llega a 1517 y Lutero inicia una reforma que no quería saber nada de diálogo, solo quería la ruptura total. Y claro, la respuesta de la Iglesia Católica fue la contraria, atrincherarse en un dogmatismo igual de inflexible. Teníamos a dos trenes a punto de chocar. Y ahí en medio, ¿qué pasó con la vía tolerante y dialogante de Erasmo? pues que fue literalmente aplastada. Por un lado, el fuego de la reforma, por el otro, el muro de la contrarreforma y en ese choque de gigantes, sencillamente no quedó ni 1 milro de espacio para los matices. En una época que exigía lealtidad absoluta, o estabas conmigo o contra mí, blanco o negro, la voz de Erasmo, que pedía cosas tan sensatas como tolerancia, razón e incluso un poco de ironía, se convirtió en un susurro casi inaudible. fue ahogada por el estruendo de los dogmas y al final por el olor a pólvora. Y así volvemos al principio. La historia de Erasmo nos deja una pregunta, una pregunta bastante incómoda que yo creo que resuena hoy con más fuerza que nunca. En un mundo de absolutos acaba siendo el centro el lugar más peligroso de todos. Yeah.