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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA II

2 5 │ Humanismo │ Montaigne

✨ Montaigne Basado en el libro de Rafael Herrera, LA PRIMERA FILOSOFÍA MODERNA - EL RENACIMIENTO. Creado por Borja Brun, usando NoteBookLM. Con Michel de Montaigne (1533-1592), el Humanismo entra en su fase final, marcada por el desencanto, la introspección radical y el escepticismo. Escribe en un contexto de terribles guerras de religión en Francia, lo que marca a fuego su pensamiento. Lista de reproducción del curso: https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGo4QrWAL_wgcbmWpJvvcsU

Transcripción

Hoy vamos a hablar de una de las mentes más brillantes y la verdad más actuales del Renacimiento, Michelle de Montén. Y aunque vivió hace más de 400 años, vamos a ver que su sabiduría es como una brújula increíblemente útil para nuestros tiempos, que también son bastante turbulentos. Y vamos a empezar con la pregunta que lo mueve todo. En una época como la nuestra, saturada de gente que parece tenerlo todo clarísimo, de opiniones rotundas por todas partes, Montain nos lanza una idea que es de entrada bastante radical, que a lo mejor la verdadera inteligencia empieza justo ahí en reconocer que no sabemos tanto como creemos. Para entender a Montein es que es fundamental. Hay que viajar a su mundo. Y su mundo no era precisamente tranquilo. Hablamos de la Francia del siglo XV, rota por unas guerras de religión salvajes. Católicos y protestantes se mataban en las calles y cada bando estaba absolutamente convencido de que tenía la verdad de su parte. Esa violencia, esa certeza mortal es lo que va a marcar todo su pensamiento. Y aquí vemos el giro tan bestia que él representa. El primer humanismo venía de una época de optimismo donde se ponía al ser humano en un pedestal, casi como un ser con un poder ilimitado. Pero claro, Montein mira a su alrededor y ve masacres, fanatismo y choca de frente con la realidad. Su conclusión es mucho más humilde y hasta sombría. El ser humano es en realidad bastante limitado, mediocre y a menudo muy irracional. Así que ante todo ese caos exterior, donde las supuestas grandes verdades solo traían muerte y destrucción, Montain toma una decisión que lo cambia todo. Piensa, "Si no puedo entender el mundo, ni a Dios ni a los demás, me voy a dedicar a estudiar el único asunto del que puedo tener algo de información directa yo mismo." Y claro, para este nuevo tipo de exploración necesitaba una herramienta nueva, una que no existía y básicamente se la inventó el ensayo. Es que la propia palabra en francés ese significa intentar o probar. No buscaba escribir un tratado con verdades absolutas. Para él un ensayo era eso, un intento, un paseo con las ideas para verlas desde distintos ángulos, sin la presión de tener que llegar a una conclusión final y cerrada. Y aquí está la clave, una de las frases más revolucionarias de la literatura. El gran tema de su obra, los ensayos, no va a ser la política, ni la moral en abstracto, ni Dios. No. El tema es él, Michelle de Monteñías, sus dudas, sus enfermedades, sus contradicciones. Por primera vez, el yo, la subjetividad de una persona normal y corriente se convierte en el centro de la filosofía. ¿Vale? Si el gran problema de su época era ese exceso de certeza que llevaba a la gente a matarse, ¿cuál fue la solución de Mountain? El escepticismo. Pero ojo, no entendido como una debilidad, como un no creer en nada. Para él era todo lo contrario, un antídoto potentísimo y muy activo contra el veneno del fanatismo que estaba destrozando su mundo. Este era su lema, su pregunta talismán. qué sé yo, se dice que la llevaba grabada en una medalla para no olvidarla nunca. Y no era para hacér, era su principal herramienta intelectual, una forma de recordarse a cada momento que la razón humana es frágil, es limitada y que muy probablemente no puede alcar esas verdades absolutas que otros defendían con la espada. La lógica de Montain, si se piensa, es aplastante y muy sencilla. El proceso es claro. Primero, uno reconoce que su propia capacidad de razonar es limitada y se equivoca. Segundo, si es así, se rechaza la idea de que se pueda poseer una verdad absoluta sobre nada. Y el tercer paso es una consecuencia moral directa. Si no puedes estar 100% seguro de tu verdad, ¿con qué derecho vas a matar a otra persona por defender una verdad distinta? La duda para Montain lleva directamente a la tolerancia. Y claro, esta forma de dudar de todo no se quedó solo en la religión o la política. Montain la aplicó a algo todavía más profundo, a la cultura, a las costumbres. Y al hacerlo se convirtió en uno de los primeros pensadores en cuestionar la idea de que su civilización, la europea, fuera superior a las demás. Hay un ensayo suyo famosísimo de los caníbales, donde habla de los pueblos indígenas de Brasil y lo que dice es una bomba para el ego europeo de la época. Viene a decir que en el fondo llamamos bárbaros simplemente a lo que es diferente a lo nuestro, que lo que para nosotros son leyes, religión y civilización, para ellos son otras leyes, otra religión y otra civilización. Todo depende del cristal con que se mira, porque para él la costumbre es una maestra violenta y traidora. ¿Por qué? Porque nos mete las ideas en la cabeza sin que nos demos cuenta, no porque sean racionales, sino por puro hábito. La mayoría de nuestras creencias más profundas, dice él, no las hemos elegido. Nos han venido dadas por nacer en un sitio concreto. Vamos, que uno es cristiano en Francia por la misma razón que sería musulmán si hubiera nacido en Persia, por un simple accidente geográfico. Bien. Si el mundo de fuera es un manicomio de fanáticos y las costumbras son una especie de jaula invisible, ¿cómo puede una persona conservar su libertad y su juicio? Pues aquí Monteños regala su idea más práctica y quizás más necesaria. Hay que separar radicalmente la vida pública de la vida privada. Él no era un ermitaño, eh, todo lo contrario. Fue alcarde de Burdeos, un cargo político de primera línea. Tuvo que negociar, jugar al juego del poder, mediar entre bandos. Cumplió con su deber. se puso la máscara que el cargo exigía, pero por dentro sabía perfectamente que era eso, una máscara, un papel en un teatro que no debía contaminar su verdadero yo. Y aquí llegamos a su concepto de la ag boutique, la trascienda, la libertad de verdad, la vida auténtica no estaba ahí fuera en la plaza pública, estaba en ese rincón privado que cada uno tiene que construir para sí mismo. Para él era su biblioteca, su torre, su mente, era su fortaleza interior, un refugio donde podía ser el mismo, dudar de todo y pensar con calma, lejos del ruido y la furia del mundo. Y así, al final de este recorrido, vemos como todas las piezas se encajan. Al abandonar los grandes planes para cambiar el mundo y centrarse en el proyecto aparentemente modesto de entenderse a sí mismo, Monteñe, casi sin querer, nos dejó un manual para construir al individuo moderno. Su gran legado no es un sistema filosófico cerrado, es más bien una actitud ante la vida, una sabiduría nueva que se basa en aceptar que somos limitados, que promueve una tolerancia que nace precisamente de la duda, que encuentra la libertad de verdad en ese espacio interior privado y sobre todo que defiende el derecho a ser uno mismo con todas las rarezas y particularidades. Montei nos enseña que la autenticidad es el único proyecto que de verdad merece la pena. Y terminamos con una pregunta que trae todo su pensamiento de vuelta a nuestro presente. En un mundo de notificaciones, de redes sociales que exigen una opinión constante de polarización, esta idea de Montaining, de tener una trascienda, una fortaleza interior para proteger lo que de verdad somos es más necesaria que nunca y nos deja pensando dónde encontramos hoy ese espagio de libertad y reflexión.